Los impuestos y el dilema de la equidad
Uno de cada tres pesos generados en la producción y en los servicios fueron el año pasado, por la vía de los impuestos, al Estado. Sin embargo, ese esfuerzo contributivo tiene rasgos de inequidad.¿Cómo se justifica la existencia de los impuestos? Hay distintas respuestas al interrogante. Una de ellas dice que es el precio que hay que pagar por vivir en una sociedad organizada.Y uno de los elementos esenciales de esa sociedad es el Estado, al cual inevitablemente hay que financiar. Así, los propietarios de un bien (el dinero lo es), por el hecho de vivir en sociedad, se obligan a aportar una parte de su renta para ser aplicada socialmente.La distribución de la recaudación de los impuestos le permite al gobierno "humanizar" en mayor o menor medida el dinero por medio de beneficios sociales, educación, salud, justicia y seguridad, entre muchos destinos posibles.Todo esto en teoría, obviamente. Porque así como puede haber propietarios que falten a este contrato, eludiendo sus obligaciones fiscales, un gobierno o Estado puede convertirse en un ladrón o saqueador de la renta de la población.El lector comprenderá exactamente a qué aludimos con estas dos anomalías. Sectores importantes del la sociedad argentina, sobre todo los más encumbrados por su fortuna, no han sido muy afectos a pagar impuestos.Por otro lado, la experiencia histórica revela la existencia de un Estado que gasta mucho más de lo que gana, y como no puede o no quiere modificar sus estructuras para gastar menos, necesita, de tanto en tanto, apropiarse de lo ajeno para volver a equilibrar su economía.Los mecanismos para esa expropiación son diversos. La presión fiscal abusiva es uno de ellos, el llamado "impuesto inflacionario" es otro, y ni hablar de las devaluaciones compulsivas e imprevistas.Días pasados, en base a datos oficiales, el periodista económico Ismael Bermúdez, informó que los ingresos impositivos vienen creciendo en forma sostenida desde 2001: subieron del 20,94% al 32,05% del PBI en 2009.Esto sin contar los aportes de Salud (obras sociales y PAMI) y ART, que no son administrados por el Estado. Es decir, se está frente a una presión impositiva que es récord para la economía argentina.Según Bermúdez, esta performance fue posible por: mejora en la fiscalización, nuevos impuestos creados en la crisis (retenciones a la exportación y el impuesto al cheque), aumento de la alícuota del IVA, repunte económico, y cambio en los aportes y contribuciones provisionales.Un modo de abordar esta presión impositiva es diciendo que 1 de cada 3 pesos que se ganan van al Estado. Ahora bien, eso no significa que todos pongan 1 de cada 3 pesos, aclara Bermúdez.Ocurre que el sistema impositivo argentino tiene un sesgo anti-equidad. Y esto porque está basado en impuestos indirectos, que son independientes de la capacidad contributiva.El 41% de los ingresos públicos totales proviene de impuestos al consumo, cuya estrella es el IVA, y otro 21,5% de los aportes y contribuciones a la Seguridad Social.Los ingresos basados en impuestos a la propiedad o a las Ganancias son reducidos en relación a los que se tributan en los países más desarrollados. El Estado argentino busca así la forma de hacerse más fácilmente de dinero.Espera al contribuyente en la caja del supermercado y le cobra el mismo IVA al multimillonario que al villero. Espera al contribuyente en la ventanilla del banco y en proporción a las transacciones le cobra el mismo impuesto al cheque a la multinacional que a un tallercito.Espera al exportador en el puerto y le cobra la misma retención al pool de siembra que al pequeño chacarero.
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