Los jueces se despiertan porque ven la guillotina revolotear sus cabezas
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Los jueces federales se extinguen y parecen haber tomado conciencia. Varios son los mismos de la famosa servilleta de Corach cuando el poder de Carlos Menem no tenía parangón. Hoy, los Oyarbide, los Servini de Cubría o los Bonadío siguen plenamente vigentes. Mal que le pese a los gobernantes de turno. Jorge BarroetaveñaOpinión La infinidad de procesos judiciales que se han abiertos en los últimos meses y han encontrado su curso acelerado contra funcionarios kirchneristas es difícil de calcular. Los problemas judiciales de Amado Boudou o de Guillermo Moreno hace rato son habitués de las páginas de los diarios, pero de a poco empiezan a sumarse hechos insólitos como que un Fiscal denuncie a su propia jefa por 'apretadas', como diría la calle. O por espiar las resoluciones de sus subordinados y controlar cada uno de sus pasos. No leyó mal, leyó bien: un fiscal contra la propia jefa de todos los fiscales del fuero federal.Si el Vicepresidente de la Nación está procesado por querer quedarse con la máquina de hacer billetes y haber truchado los papeles de un auto para no tener que darle la mitad a su ex mujer, de ahí para abajo, ¿qué nos puede sorprender? Hace varios años que Oyarbide hizo escuela y en tiempo récord archivó la causa por presunto enriquecimiento ilícito de la pareja presidencial. Ni siquiera tuvo la delicadeza de ser cuidadoso con los tiempos y con las formas. Quedó tan expuesto que su accionar patentizó el de los '90, cuando la Casa Rosada manejaba la justicia como un títere. El kirchnerismo heredó esa metodología y jamás hizo nada por cambiarla, es más, la acentuó.Bonadío es otro típico personaje judicial acostumbrado a otros modos de la política. Y venía avisando, porque puso en la picota a Moreno, a Boudou y ahora parece dispuesto a avanzar sobre la misma Presidenta de la Nación. ¿Venganza? ¿Independencia real? ¿Temor por lo que vendrá ante la reforma del Código Procesal Penal? Es probable que sea una mezcla de todo eso. Cuando la reforma entre en vigencia, los fiscales tendrán un poder casi ilimitado, y la figura de los jueces federales se verá reducida a la rúbrica apenas de los procesos, quedando pocas decisiones reales en sus manos. La famosa conexión Kirchner-Báez, con epicentro en los hoteles de la Patagonia es tan vieja como conocida. Si algo cambió es la voluntad de llegar a la verdad y, con descorrer el velo definitivamente. O dejar bien sentado que todo se ha tratado de una campaña difamatoria de la derecha y los poderes concentrados. Con los buitres a la cabeza por supuesto. A juzgar por la calidad ética y moral de los actores es para dudarlo.Pero esta realidad, tiene mucha prensa en la prensa y poca entre el común de la gente. Las telenovelas en relación a la corrupción de los funcionarios del gobierno tampoco son nuevas. Tienen picos de repercusión como fue lo de Lázaro Báez con el inefable Fariña encima (el único preso al final) o lo de Amado Boudou y sus tribulaciones por Ciccone o profundas depresiones que la borran de la agenda pública.Por eso los candidatos evitan hablar sobre los grandes temas de corrupción. Salvo UNEN y especialmente Carrió que ha hecho una bandera de esta cuestión, el resto lo ignora sistemáticamente. ¿Cuántos párrafos de sus discursos le dedica Mauricio Macri a los escándalos de corrupción? ¿Cuántos le dedica Massa y mucho menos Daniel Scioli? Poquito, poquito y son los que, al menos por ahora, las encuestas adjudican las principales chances de acceder a la Casa Rosada. Hablar de corrupción sirve para aparecer en los medios, pero tiene pocos votos atrás. Quizás en momentos de crisis la tendencia se revierta pero no alcanza: ser honesto, para vastos sectores sociales de la Argentina, no garpa como diría la calle. Triste y lamentable pero cierto.Por eso, suponer que estos temas serán determinantes en los comicios del año que viene huele a error. La economía, como siempre, será lo que marque el pulso. Y la imagen del candidato pesará más de lo que se cree. Diluída la influencia de los partidos políticos tal como la conocimos y con el peso que significa detentar el manejo del aparato del estado, la ecuación para ganar cambió abruptamente en los últimos años. Si algo de razón tiene Elisa Carrió en lo que dice es que el 2015 no se trata de cuestiones ideológicas. Para ella es la república, para otros es la economía, pero seguro que ni la izquierda ni la derecha tienen arte ni parte. La zaranda de cualquiera de los candidatos con posibilidades no se diferencia mucho una de otra. Ni en el fondo ni en la forma.En las últimas semanas parece haber crecido la sensación que la Presidenta terminará inclinándose por Daniel Scioli, pero esperará hasta último momento. Si los ruidos de la economía descienden, esto favorecerá su estrategia. Si se incrementan la tendrá complicada. Hace muchos años, un político de derecha llamado Alvaro Alsogaray inmortalizó desde un gobierno de facto que 'había que pasar el invierno'. Hoy no se trata del invierno sino del verano. Con más paros en ciernes fruto de una creciente conflictividad social, y la negativa de modificar el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, otra vez diciembre será un mes clave. Sin contar el arreglo con los buitres que deberá llegar lo antes posible para zurcir el frente externo y conseguir dólares.El gobierno se apresta a pasar su último verano en el poder. ¿Será tan caliente como el último?
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