Los Kirchner recurrieron a una vieja amiga para contener a los traidores: la chequera
Por la plata baila el mono dice el dicho. En otro intento desesperado por seguir evitando las fugas y con el dato fresco de los 109 legisladores que se sentaron en sus bancas para sesionar en el Congreso de la Nación, el ‘Presidente’ y su esposa dieron otro golpe de efecto: plata para gobernadores e intendentes del polémico fondo sojero.o
Por Jorge Barroetaveña
El año pasado, cuando el fuego de la 125 amagaba con incendiar medio país, fue el primer intento. Aquella vez el argumento fue que ese dinero se volcaría en gastos sociales, léase escuelas, hospitales y viviendas y que alejado estaría de cualquier atisbo de clientelismo político. La furibunda oposición y el famoso voto no positivo de Cobos dejaron en la nada aquella idea. De hecho, pasó casi un año y el gobierno nacional jamás amagó siquiera con darle a ese fondo otro destino que no fuera rentas generales. El argumento siempre fue ‘las retenciones no son impuesto’ por lo tanto ‘no son coparticipables’. Pero pareciera que en el país que gobiernan los Kirchner todo es posible, hasta desdecirse de eso y cambiarlo con un decreto de necesidad y urgencia, los mismos que la Presidenta Cristina descalificaba con dureza en los tiempos del menemismo.
Urgidos ya por los tiempos electorales, que ellos mismos se encargaron de atizar con el adelantamiento de las elecciones, los kirchneristas se encaminan a tres meses de batalla feroz por retener el poder, poniendo en juego el modelo que han instaurado desde el 2.003 en la Argentina. Las alternativas no son muchas o, mejor dicho, para la lógica sureña es una sola: ellos o el abismo. Así, en estos términos, es que han puesto la elección del 28 de junio, como si de ella dependiera el futuro de la Argentina y de la propia Presidenta de la Nación.
Emilio Pérsico, un ex piquetero hoy devenido en funcionario K y de llegada directa a Néstor Kirchner, blanqueó el pensamiento oficial, aunque cometió el pecado de hacerlo público. “Si perdemos, Cristina debería renunciar y que se haga cargo Cobos…”, disparó sin medir la repercusión de sus palabras. Pérsico, en rigor, le puso letras y plazos, a lo que piensa Néstor Kirchner. Cuando escucharon y leyeron sus palabras, no pocos recordaron aquellas horas aciagas posteriores al voto de Cobos, cuando el ex Presidente intentó obligar a Cristina a renunciar y sólo un atribulado Alberto Fernández pudo evitarlo.
Por aquellos días, y el escenario parece volver a repetirse, la realidad oficial sólo se dividía entre buenos y malos, entre aquellos que estaban con el modelo o estaban en contra del modelo. Semejante caricaturización de la realidad suele ser peligrosa y conducir a diagnósticos errados que sólo terminan confundiendo al resto de la sociedad. Si las elecciones de junio eran un escollo que dificultaban gobernar, cuando se lanzó el adelantamiento, no deberían implicar ahora una prueba de fuego para el gobierno. Y mucho menos hacer sobrevolar el fantasma de la renuncia ante un eventual chirlo electoral. La Argentina tiene una triste historia con renuncias y mandatos incumplidos y es absolutamente innecesario agregarle incertidumbre a un proceso de por sí, tambaleante.
Cristina Kirchner fue votada en el 2.007 para cuatro años de mandato. Con una elección en el medio, como marca la Constitución Nacional. Una derrota o un triunfo son las dos alternativas lógicas que guarda el sistema. Ni una ni otra deberían implicar un zafarrancho institucional.
Que un conflicto se extienda por tanto tiempo sólo indica una cosa: una gran incapacidad para resolverlo. Por supuesto que cuando las partes son dos, las responsabilidades se diluyen y las acusaciones mutuas florecen. Pero también es cierto que, la principal responsabilidad es de quien fue elegido para eso, para buscar el equilibrio social entre el conflicto y el consenso. El matrimonio presidencial ha hecho gala, en sus años en el poder, de moverse mejor en las situaciones conflictivas y utilizarlas para debilitar a los eventuales adversarios.
Con el sector agropecuario el tiro le salió por la culata, y generó además la aparición de otras demandas, hasta ahora insatisfechas. El repentino brote federalista que patentó la Presidenta el jueves en Olivos, es una jugada más para evitar perder el apoyo de gobernadores e intendentes, cada vez más enojados con la Casa Rosada. Esos fondos, que ahora se distribuirán de acuerdo a la Ley de Coparticipación, no solucionan el conflicto ni le cambiarán la vida a ninguno de los distritos. A Entre Ríos le corresponderían 312 millones de pesos. De ese monto, el 70% quedará para el estado provincial y el 30% solamente goteará para los municipios. Aunque hay un detalle: Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Santiago del Estero y Chaco aportan el 92 por ciento de la recaudación, pero sólo recibirán el 52 por ciento, según el esquema dispuesto por el Poder Ejecutivo. Entre Ríos es la cuarta provincia que más aporta en concepto de retenciones a las exportaciones de soja con 1.463 millones de pesos, pero percibirá 312,9 millones porque su coeficiente es 4,8 por ciento. Todo esto sin contar, las obras anunciadas por la Nación en los últimos 2 años, que están fuera de presupuesto. Al fin, no se trata de nuevos fondos, sino de un cambio de manos de su administración. Todo sea por la lealtad de los que amagan con fugarse.
El campo y los productores tienen un gran desafío: no perder con los cortes de ruta y las protestas, la simpatía social que se ganaron en el último año. En marzo del 2.008, la sociedad empezó a conocer, por primera vez, la problemática de los chacareros y a entender el porqué de su enojo. Esto provocó cierta mirada tolerante sobre la protesta. Hoy, un año después, con el país sumergido en la recesión y un profundo pesimismo, el humor cambió. Si no se dan cuenta perderán el debate de la opinión pública y el ex presidente se habrá salido con la suya: los habrá puesto de rodillas.
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