Los males que trae consigo la pobreza
La prensa, cada tanto, nos comunica episodios diversos que sin embargo están atravesados por el mismo contexto social.
Hace poco, una noticia escalofriante impactó en la opinión pública: burócratas de un programa social en El Impenetrable chaqueño, que asiste a comunidades wichis, obligaron a nenas y adolescentes a tener relaciones sexuales con ellos, a cambio de comida.
De esta manera, el clientelismo político –que es un canje de favores con fines políticos- alcanza su máxima cota de corrupción. El insensible burócrata ahora pide el cuerpo de sus víctimas menores por un pedazo de pan.
Otra información da cuenta que los maestros y los profesores de primaria y secundaria ya no quieren ir a dar clases a las zonas socialmente más vulnerables de la ciudad de Buenos Aires.
Uno de los factores de esta deserción es el miedo. “El guardapolvo dejó de ser un escudo frente a la inseguridad”, aducen los maestros, que temen por sus vidas ante la ola de violencia barrial.
Los especialistas alertan que está en juego el único igualador social que tienen los habitantes de esas zonas. ¿Qué otra cosa, salvo la escuela, puede ayudar y contener a los chicos de barrios marginales?
Hasta ahora los maestros, en estas escuelas, aceptaban el doble desafío de atender las necesidades de aprendizaje y contención social que presentan los jóvenes carenciados.
Pero ahora consideran que este trabajo es una aventura peligrosa en la que pueden perder su vida. Aunque aquí pueden acumular “puntaje”, prefieren su seguridad personal.
Paralelamente, otra noticia de estas horas nos recuerda también la degradación que trae aparejada la pobreza. En las villas de Buenos Aires prolifera el “negocio del peaje”.
Se trata de aduanas tácitas y violentas manejadas por chicos que así se inician en el delito. Los peajes que se cobran abarcan todos los rubros: un poco de dinero (de dos a cinco pesos), un pollo, paquetes de galletitas, cigarrillos y objetos menores como encendedores o una lapicera.
Lo que lleva a los chicos de la calle a explotar estas aduanas es la necesidad de procurarse recursos para financiar el consumo de “paco”, la famosa droga de los pobres.
“Todo les sirve. Los chicos no cobran, piden cualquier cosa. Eso lo negocian por dinero y con eso compran droga”, es el testimonio de uno de las tantos vecinos víctimas de la extorsión de los menores.
El otro rostro oscuro de la pobreza es la expansión de enfermedades sociales como el dengue. La epidemia que se ha desatado en el país ya cobró las primeras víctimas en el Chaco, donde recrudece el mal.
La existencia precaria de tantas familias pobres del país, sobre todo en el norte, la falta de infraestructura básica en materia de cloaca y agua potable, más la ausencia crónica del Estado en materia de salud pública, configuran las condiciones objetivas para el crecimiento de esta enfermedad.
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