Los museos curan la mente de la amnesia
Hoy es el Día Internacional de los Museos. Una fecha que nos lleva a reflexionar acerca del deseo humano de conservar cosas, como un modo de vencer la desmemoria y la fragilidad que impone el paso del tiempo.En el plano individual, uno conserva cosas porque tienen un valor afectivo y recordatorio, porque representan emociones, situaciones y valoraciones personales.Más allá del recordatorio individual, existen otros objetos con los que se construye una historia social. Son los objetos de los personajes públicos, o aquellos que han sido usados en alguna situación determinada, y son testigos epocales excepcionales.Y por eso, justamente, se crearon los museos: para mantener viva la memoria de una colectividad particular. Los psicólogos, por otro lado, reconocen que sin memoria no hay Yo.Piénsese, por un momento, qué lo ocurre al que cae en amnesia total. El problema es que deja de ser el que fue. Su identidad desaparece. No tiene biografía, no tiene historia, su personalidad se licua. En suma, no sabe quién es.Lo mismo le pasa a las comunidades: pierden su identidad, su Yo, si caen en la desmemoria. Los museos, en este sentido, al recordarnos la huella de los que nos precedieron, son los aliados en el deseo colectivo de mantener la esencia de una cultura, más allá del paso del tiempo.También son un antídoto contra la tendencia posmoderna a exaltar el presente como valor absoluto, algo que tiende a debilitar cualquier conexión vital con el pasado, que suele ser visto como una rémora o pura antigualla.Gualeguaychú tiene varios de estos templetes desde donde es posible rastrear la historia de personajes, las situaciones de época o los acontecimientos significativos de la comunidad local.El Museo Agrícola Regional, por ejemplo, nos recuerda el destino original de un pueblo que vivió de las faenas tradicionales del campo. Tanto la Azotea de Lapalma como el Solar de los Haedo, son casas antiguas cargadas de reminiscencias y de símbolos del ayer.El Instituto Osvaldo Magnasco exhibe invaluables piezas y objetos del pasado de carácter ecuménico. Mientras el Museo Ferroviario nos conecta con el pasado ferroviario, el Museo Arqueológico Manuel Almeida nos transporta a las culturas aborígenes que habitaron nuestra tierra. El escritor peruano Mario Vargas Llosa ha exaltado del rol de los museos para el desarrollo social, señalando que son tan necesarios para los países como las escuelas y los hospitales."Ellos educan tanto y a veces más que las aulas y sobre todo de una manera más sutil, privada y permanente que como lo hacen los maestros. Ellos también curan, no los cuerpos, pero sí las mentes, de la tiniebla que es la ignorancia, el prejuicio, la superstición y todas las taras que incomunican a los seres humanos entre sí y los enconan y empujan a matarse", ha escrito."Los museos -añade- reemplazan la visión pequeñita, provinciana, mezquina, unilateral, de campanario, de la vida y las cosas por una visión ancha, generosa, plural. Afinan la sensibilidad, estimulan la imaginación, refinan los sentimientos y despiertan en las personas un espíritu crítico y autocrítico".Es un error identificar exclusivamente al progreso con los colegios, hospitales y carreteras. Progreso significa "también, y acaso, sobre todo, esa sabiduría que nos hace capaces de diferenciar lo feo de lo bello, lo inteligente de lo estúpido, lo bueno de lo malo y lo tolerable de lo intolerable, que llamamos la cultura".Según Vargas Llosas, en los países donde hay muchos museos no es tan frecuente que quienes gobiernan "digan o hagan tonterías".
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