Editorial |

Los museos: el futuro de la tradición cultural

Actores activos de la comunidad, los museos son lugares donde se mantiene viva la tradición cultural, estableciendo así un puente con el pasado, pensando sobre todo en las nuevas generaciones.   “Los museos como ejes culturales: El futuro de la tradición”. Con este eslogan en todo el mundo se celebra hoy el día de estos enclaves, cuyo papel adquiere relevancia en un contexto de globalización, donde la identidad colectiva suele diluirse. La palabra “tradición” deriva del latín “tradere” y quiere decir “donación” o “legado”. Es decir, es la comunicación de generación en generación de aquellos rasgos que identifican a un grupo humano y lo diferencian de los demás. Los valores, las creencias, las costumbres, las formas en las cuales una comunidad se expresa artísticamente son considerados tradicionales y plausibles de ser comunicados a las generaciones posteriores como tradición. En el museo se recogen objetos vinculados a esta tradición, que reflejan el modo de ser de las gentes que los crearon y usaron. Actúan, así, como transmisores de la memoria colectiva, a través de distintas prácticas. El Consejo Internacional de Museos, dependiente de la UNESCO, define al museo como: “una institución permanente, sin finalidad lucrativa, al servicio de la sociedad y su desarrollo, abierta al público; que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe para fines de estudio, de educación y de deleite testimonios materiales del hombre y su entorno”. El escritor peruano Mario Vargas Llosa ha exaltado el rol de los museos para el desarrollo social, señalando que son tan necesarios para los países como las escuelas y los hospitales.“Ellos educan tanto y a veces más que las aulas y sobre todo de una manera más sutil, privada y permanente que como lo hacen los maestros. Ellos también curan, no los cuerpos, pero sí las mentes, de la tiniebla que es la ignorancia, el prejuicio, la superstición y todas las taras que incomunican a los seres humanos entre sí y los enconan y empujan a matarse”, ha escrito. “Los museos –añade- reemplazan la visión pequeñita, provinciana, mezquina, unilateral, de campanario, de la vida y las cosas por una visión ancha, generosa, plural. Afinan la sensibilidad, estimulan la imaginación, refinan los sentimientos y despiertan en las personas un espíritu crítico y autocrítico”. Es un error identificar exclusivamente al progreso con los colegios, hospitales y carreteras. Progreso significa “también, y acaso, sobre todo, esa sabiduría que nos hace capaces de diferenciar lo feo de lo bello, lo inteligente de lo estúpido, lo bueno de lo malo y lo tolerable de lo intolerable, que llamamos la cultura”. Según Vargas Llosa, en los países donde hay muchos museos no es tan frecuente que quienes gobiernan “digan o hagan tonterías”. Los museos pueden ser clasificados de acuerdo al patrimonio que exhiben, a la forma en que se conciben las colecciones y a las perspectivas según las cuales se exponen los testimonios. Puedes ser agrupados en museos de arte, de historia, de ciencia naturales, de ciencia y técnica, de antropología (arqueología, etnografía y folklore), pluridisciplinarios, especializados (biográficos), educacionales, regionales o ecomuseos. También pueden ser considerados museos los centros científicos, los planetarios, los jardines botánicos y los zoológicos, los acuarios, los vivarios, los sitios arqueológicos e históricos, los institutos de conservación, las bibliotecas y los archivos.

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