Los peligros del exceso de datos
Desde hace un tiempo se ha instalado el tópico cultural de que el hombre contemporáneo, inmerso en la revolución de la comunicación, no puede digerir la cantidad impresionante de información a la que tiene acceso. El diagnóstico es que, a partir de la revolución digital, vivimos tiempos de excepción. Las tecnologías contemporáneas -Internet de por medio- han aumentado extraordinariamente la circulación de datos.Es tan copiosa y abundante esta provisión y está servida a una velocidad de vértigo, que se verificaría un inédito problema cultural: la imposibilidad de asimilación humana.Este desequilibrio entre la producción y el consumo en el plano intelectual plantea un dilema a la humanidad: cómo gestionar el exceso de información. Porque como ya dijo Michel de Montaigne: "Una cabeza bien formada será siempre mejor y preferible a una cabeza muy llena".La metáfora de la alimentación puede servir para explicar el problema. El cuerpo que no puede absorber los excesos, se indigesta y se enferma. Friedrich Nietzsche, curiosamente, decía que toda profunda cultura es obra de un rumiante.Es decir, de lo que se trata es de concentrarse en algunos alimentos, los imprescindibles, para extraer su jugo, por una paciente meditación, de suerte que la clave está en la asimilación.Los nutricionistas, en tanto, advierten que la sobrealimentación debilita tanto como el ayuno. Ceder a la glotonería más que al hambre, picotear sin discernimiento de cualquier cosa en cualquier situación, daña el cuerpo.Las personas deben subordinar la cantidad de los alimentos a la calidad de la digestión. Para ello deben ser lo suficientemente clarividentes para descubrir el régimen alimenticio que más les conviene.En el plano intelectual es lo mismo: la glotonería informativa produce efectos dañinos al espíritu. De hecho la sobrecarga de datos ha sido catalogada, por los teóricos de la sociedad del conocimiento, como "infoxicación" o "infobesidad".El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco viene insistiendo sobre el tema desde hace tiempo, señalando el hecho de que Internet, al no ser un dispositivo que filtra el conocimiento, puede ser contraproducente.En su opinión, aquí los medios (la disponibilidad extraordinaria de datos) comprometen el fin (el conocimiento). Y coincide con Montaigne: la cabeza repleta se parece mucho a la cabeza vacía.Eco sostiene que la memoria sobrecargada reacciona con el olvido, de suerte que el sistema de almacenamiento de los usuarios de Internet, por ejemplo, puede llegar a atascarse.En una reciente entrevista, el autor de "El nombre de la rosa" y el "Péndulo de Foucault" diagnosticó: "En Internet todo llega sin jerarquía. La inmensa cantidad de cosas que circula es peor que la falta de información. El exceso de información provoca amnesia. El exceso de información es malo".Según Eco, sabio es el que sabe discernir y tiene la noción de lo necesario e importante. Para éste Internet es un medio útil. Pero no así para el "ignorante", es decir para el que no posee ese discernimiento."En este sentido -dijo- la televisión era útil para el ignorante, ya estaba seleccionada la información que pudiera necesitar, aunque información idiota. Internet es peligroso para el ignorante porque no filtran nada".Jorge Franganillo, profesor de Información y Documentación de la Universidad de Barcelona, sostiene por su lado que hoy asistimos a una nueva forma de censura que "no consiste en suprimir información, sino en sobreinformar, para disimular, para esconder".Al contrario de lo que se piensa, aclara, más información puede significar menos libertad.
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