Los pobres esperan
Entre la preocupación frente a las denuncias penales y civiles del gobierno nacional contra los asambleístas de Gualeguaychú (esto es "causa nacional" pero marche preso) y el ruido mundial del fútbol, este fin de semana los medios y la opinión pública han ubicado en un modesto segundo plano a la colecta anual de Cáritas Argentina que hoy finaliza en todo el país.Por Mario Alarcón Muñiz Especial El DíaEn realidad, más que la colecta -ya tradicional y de por si importante- trasciende el concepto de pobreza, un flagelo instalado en la Argentina de los últimos años con perfiles dramáticos.La campaña de Cáritas no solucionará el problema, porque éste demanda la adopción de medidas integradas, planificadas y de fondo, superadoras de recaudaciones de buena voluntad. Sin embargo, contribuirá a aliviar la situación angustiosa de muchas familias, además de revelar que no se han borrado entre nosotros las señales de solidaridad tan vapuleadas por el individualismo del "sálvese quien pueda" impuesto en los '90 y aún vigente.El consenso"Construyamos juntos una Patria sin excluidos", es la consigna de Cáritas este año para celebrar con dignidad el Bicentenario. El director de la organización, monseñor Fernando Bargalló, sentenció que "de la exclusión se sale con políticas consensuadas y a largo plazo", instando a deponer actitudes confrontativas o disolventes para coincidir en soluciones comunes, a partir del reconocimiento de límites y falencias y de "aprender a valorarnos unos a otros".Esto, precisamente, es lo que no entiende nuestra clase dirigente. Cabe suponer que todos los protagonistas de la actualidad política desean terminar con la pobreza. Cada uno ha de tener sus propuestas. En consecuencia, plantearlas, debatirlas y lograr consensos es una obligación ineludible. Aquello de "cada maestrito con su librito" no sirve en circunstancias tan comprometedoras como esta. O consensuamos o naufragamos. Los del poder y los del llano. Los de arriba y los de abajo. No hay alternativa. Los pobres esperan.Números más, números menosA todo esto ¿cuánto gravita la pobreza en nuestro país? ¿A cuantos argentinos envuelve? Es difícil saberlo con exactitud, porque las estimaciones difieren.Un reciente informe del gobierno argentino ante el Comité de Defensa de los Derechos del Niño, organismo dependiente de la ONU, pinta una rosada actualidad. Dice que desde 2003 al presente hay tres millones de chicos que ya no son pobres gracias a la política oficial y 1,7 millones de niños que han dejado de ser indigentes. Cierto es que en noviembre pasado el gobierno acertó con la Asignación Universal por Hijo que beneficia a 3,7 millones de niños y adolescentes mediante un aporte de 180 pesos por cada uno, además de obligar a la educación y la atención de la salud de esa franja de la población. No es poco. Más aún, es un aporte interesante, al que se suma la sanción de la ley 26.061 de protección integral de la niñez que después de noventa años reemplazó a la antigua ley de patronato.Otros índices difieren de los oficiales. Para la CTA hay seis millones de chicos en la pobreza y la mitad de ellos pasa hambre. Según la misma central sindical por día mueren en nuestro país 25 recién nacidos, 14 de ellos por causas evitables si hubiera un adecuado sistema de salud.La consultora Ecolatina calcula la pobreza en general, sin diferencias de edad, al finalizar 2009, en un 31,2 por ciento, en tanto que los indigentes llegan al 11,2 por ciento de la población. Según esos índices, poco menos de la mitad de los argentinos tiene problemas de carencias: 12,5 millones de pobres y 4,5 millones de indigentes, incluyendo en esta última categoría a quienes no llegan a cubrir la canasta básica alimentaria.Para el Cedlas, organismo de la Universidad de La Plata, al cerrar 2009 en la Argentina el 23 por ciento de los pobladores son pobres. La consultora Idesa ha calculado que la pobreza es del 41 por ciento hasta los 18 años, 22 por ciento entre 19 y 60 años y 12 por ciento de 61 años en adelante.Tal como sucede con la inflación los índices del Indec son otros. Para el organismo oficial la pobreza es del 13,9 por ciento afectando sólo al 9,4 por ciento de nuestros hogares.Cifras más, cifras menos, los pobres no son números. Son personas. Hermanos nuestros que viven precariamente, marginados del trabajo normal y de las obras sociales, alejados de una eficiente atención de la salud, con una educación precaria o nula, sin viviendas dignas ni futuro para sus hijos. No importan los números. Están. Los vemos. Esperan. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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