Los políticos y su vida privada
El anuncio del senador Ernesto Sanz de que no formará parte del gabinete del nuevo gobierno nacional, alegando que quiere recuperar su vida personal y familiar, da pie para preguntarse si la política puede ser una adicción peligrosa. El también presidente de la Unión Cívica Radical (UCR), que integra la coalición Cambiemos, ganadora de los últimos comicios presidenciales, sonaba para ser Ministro de Justicia de la Nación.Pero Sanz sorprendió a la opinión pública el lunes, después del triunfo en las urnas, con el anuncio de que no ocupará ningún cargo ni en el gobierno nacional ni en su propio partido.La determinación de uno de los principales arquitectos de la coalición que gobernará la Argentina por cuatro años a partir del 10 de diciembre próximo, dejó perplejos a propios y extraños.Una lectura política que se hizo fue que Sanz se retiró disconforme porque quería ocupar otro rol en el gabinete nacional. Se habló de "crisis" de la coalición antes de asumir.Sin embargo, Sanz ya les había anticipado su decisión al presidente electo, Mauricio Macri, y a los dirigentes de la UCR, y se encargó de aclararlo a la opinión pública a través de una carta.Allí se expresan las razones de alguien que decide retirarse de la política activa porque desea recuperar su vida personal y familiar, introduciendo la perspectiva de la felicidad como variable de la decisión.La idea que transmite Sanz es que ya le ha dado mucho a la política -"Soy, sin duda, el político argentino que acumula más días y noches fuera de su hogar en los últimos años"- pero para él la vida no se reduce sólo a eso.Aunque manifiesta que la política es parte de su ser, y que está dispuesto a seguir ayudando de otra forma, plantea que esa actividad no la puede realizar si antes no se siente realizado en otros planos vitales."De lo que se trata, en definitiva, es que para poder ayudar a otros a ser felices, uno mismo debe encontrar su propia felicidad", sostiene Sanz, para quien la vida tiene cosas más importantes."Soy un hombre que actúa en política y no un político que en sus ratos libres se acuerda que hay 'algo más' fuera de la política. Pasa que eso, tan obvio, queda distorsionado por la realidad durante muchos años. Tantos que ya me cuesta recordar el comienzo", refiere.Y añade: "Exceso de responsabilidad, adrenalina, desafíos permanentes, ego, vanidades... Un cóctel impresionante que formó un torbellino de enorme intensidad sobre todo en los últimos 10 años".La carta es significativa desde muchos puntos de vista. Sugiere, por caso, que una cosa es la política, y otra muy distinta la politización, como idolatría de esta actividad.Sanz parece plantear que puede haber un amor desordenado a la política, una adicción que puede enfermar. Es decir, la vida al servicio de la política, no la política al servicio de la vida.Un individuo politizado le de prioridad absoluta a esta actividad, haciendo de ella su centro, la base y cúspide de la existencia. En su alma no hay sitio más que para lo político, de suerte que todo lo demás pasa a un segundo plano.La vida real y cotidiana, tanto la social como la personal, queda así fagocitada por lo político. La politización cosecha víctimas entre quienes no conciben que exista otra cosa por encima del poder.Se trataría de una suerte de deformación profesional que en muchas personas provoca, por ejemplo, que una abstinencia obligada de praxis política conduzca a la depresión o al suicidio.
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