Los problemas de la vida no son patologías
Empiezan a escucharse voces críticas, dentro de la misma psiquiatría, contra la tendencia a considerar como una enfermedad mental cualquier malestar, algo que lleva a la medicalización de las personas. Es el caso del doctor Allen Frances, catedrático emérito de la Universidad de Duke, que dirigió durante años la considerada "biblia" de los psiquiatras, y quien ahora hace autocrítica.En su libro "¿Somos todos enfermos mentales?", el especialista cuestiona el contenido del Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), en el que se definen y describen las diferentes patologías mentales, señalando que se ha "creado un sistema de diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales".La voz de Frances es autorizada no sólo porque se trata de un referente de la psiquiatría mundial, sino porque él mismo encabezó durante años el equipo de actualización del DSM, que es el libro de cabecera de los médicos dedicados a las enfermedades mentales.En una interesante entrevista en el diario 'El País' de España, el catedrático señaló que se ha venido ampliando tanto la lista de patologías que ya la vida misma, con sus contratiempos y lógicos malestares, ha sido objeto de una "inflación diagnóstica".Relató que en la última revisión del DSM, les comentó con ironía a sus colegas psiquiatras que él mismo se reconocía en algunos trastornos y síndromes descriptos allí."Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo", indicó.El problema es que con esta ampliación de síndromes y patologías mentales la psiquiatría, según Frances, ha colaborado con la creciente medicalización de la vida, y en este sentido ha sido funcional al "empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas".Según dijo, la profesión no ha sabido anticiparse así "al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo común y de fácil solución"."El resultado ha sido -comentó- una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil".La creación de nuevas enfermedades mentales acicateó a la industria para producir nuevos fármacos psiquiátricos. "Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así", enfatizó Frances.El catedrático de la Universidad de Duke razonó: "Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico para el malestar".De esta manera, el especialista niega que fenómenos como el fastidio o la molestia que acompañan a la actividad diaria, el tedio o el aburrimiento, la tristeza o el sentir dolor por la muerte de alguien, o temblar cuando se habla en público, sean trastornos mentales.Todos esos múltiples rasgos que hacen al hecho de vivir, y que acompañan a las personas a lo largo de su trayectoria, no entran dentro del diagnóstico psiquiátrico, y mucho menos son pasibles de solucionarse mediante una pastilla mágica.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

