Los que deciden ayudar a los otros
Cabría preguntarse qué pasaría si se detuviera la acción solidaria de tantas personas que entregan dinero, alimento y sobre todo tiempo, en favor de gente que más lo necesita. Si se frenase la rueda de la solidaridad seguramente el mundo sería más cruel e intolerable. La inconsistencia de la humanidad se revela en que al lado de la miseria más espantosa, florece la caridad más sublime que la mitiga.Al lado del explotador más indolente, de las formas de esclavitud más aberrantes, existe una Madre Teresa de Calcuta, la monja que pese a la extensión de la injusticia no se detenía en su labor."A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota", decía la fundadora de la Congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta (India) y que dedicó toda su vida al cuidado de pobres, enfermos, huérfanos y moribundos.Hay una imposibilidad material de medir el impacto intangible de tantos gestos a favor del prójimo, hechos desde la gratuidad. No obstante el aporte social de la actividad voluntaria es una realidad en todo el mundo.Las asociaciones y fundaciones voluntarias son muchas y difíciles de clasificar, aunque se las ha englobado dentro del Tercer Sector, una configuración perteneciente a la sociedad civil, que se desarrolla fuera del mercado y del Estado.Por ejemplo existen los Médicos sin Fronteras, dedicados a velar por la salud, al tiempo que hay organizaciones que promueven el arte y la cultura, y otras el ecologismo.La Real Academia Española define la solidaridad como como adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros. El espíritu solidario es lo que está detrás de infinidad de acciones, individuales y colectivas.Según una reciente encuesta de IPSO Mora y Araujo, el 96% de los argentinos dice que hace al menos una acción solidaria por año. De ellos el 66% lo hace de una manera espontánea y el 26% en organizaciones.Según la encuesta, el 95% declara haber hecho al menos una donación monetaria por año, mientras que el 96% dice hacer al menos una donación no monetaria, como ropa o alimentos, y el 65% asegura realizar al menos una donación de tiempo, en actividades como apoyo escolar o cuidado de enfermos.Si bien es menos frecuente que la donación de cosas, la entrega de tiempo parece ser vital para el funcionamiento de las organizaciones y para su permanencia. Las ONG sociales dependen justamente del tiempo, conocimientos y compromisos de los voluntarios.Se calcula que dos de cada diez argentinos hacen posible, con una gran dedicación, el engranaje solidario de distintas organizaciones. Aquí se no está hablando de colaboración esporádica, sino de personas que dedican un promedio de 8 horas diarias.Se trata, en realidad, de una gran fuerza de recursos humanos puestos al servicio de proyectos colectivos de distinta naturaleza. Calificar el trabajo voluntario como algo "gratis" en términos monetarios, es un reduccionismo.Eso piensa Cristina Calvo, investigadora de la UBA y voluntaria en Cáritas, para quien la gratuidad nace del amor y es donarse por lo que tiene valor pero no tiene precio."En el voluntariado lo fundamental es la relación, un bien escaso en las sociedades consumistas -señaló-. La relación se basa en la solidaridad compartida que no es unidireccional porque todos somos carentes de algo -en el sentido también espiritual no sólo material- y todos podemos dar algo"
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