Los que migran y el fantasma del rechazo
Los desplazamientos de personas han sido una constante de la historia humana. Aunque casi siempre los viajeros, peregrinos y migrantes, suelen ser hijos del infortunio a quienes mueve el deseo de hallar una tierra donde vivir en paz y prosperar.Los antropólogos sostienen que el homo sapiens es una especie migratoria. Desde la prehistoria se movilizó en el espacio geográfico, casi siempre movido por necesidades vitales, asociadas a la sobrevivencia.Nuestras actuales sociedades pluriétnicas y pluriculturales reflejan la mixtura provocada por los movimientos constantes y permanentes de personas.Los grupos humanos, más allá de la tendencia a replegarse sobre sí mismos, han interactuado con los "otros", produciendo otra realidad humana. Aunque muchas veces la pareja identidad-otredad ha estado signada por la intolerancia y la exclusión.En efecto, así como a nivel individual el descubrimiento que el "yo" hace del "otro" supone una representación no exenta de peligros, en el sentido de que puede ser visualizado como un enemigo, algo parecido ocurre con los grupos humanos.La mirada del "nosotros" sobre "ellos" puede ser etnocéntrica, es decir cargada de superioridad tribal, autosuficiente y discriminatoria. De esa manera, quien debe abandonar su tierra, casi siempre forzado por las circunstancias, y entrar en una sociedad extranjera, se expone a esta violencia cultural de los residentes.De ahí que el pasado18 de diciembre, fecha en que se celebra el Día Internacional del Migrante, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, hizo un llamamiento para que se respeten y protejan los derechos humanos de los 232 millones de migrantes de todo el mundo."Son demasiados los migrantes que viven y trabajan en condiciones precarias e injustas. Muchos arriesgan la vida en el mar en busca de refugio. Ellos y sus hijos son extremadamente vulnerables a la explotación y los abusos", declaró.Y agregó: "Muchos son privados de su libertad, en lugar de ser tratados con empatía y recibir la protección necesaria. La persistente discriminación contra los migrantes genera grandes desigualdades, pone en peligro la trama de la sociedad y lleva con demasiada frecuencia a ataques violentos y mortíferos".El funcionario instó a los Estados a que no excluyan a los migrantes en sus estrategias de desarrollo y les permitan contribuir con sus experiencias y conocimientos al progreso de sus sociedades.Sostuvo además que las políticas migratorias deben estar basadas en los derechos humanos y "no en la xenofobia y las percepciones erróneas" hacia los migrantes.La Argentina es un país forjado en las corrientes migratorias. Las últimas décadas del siglo XIX hasta 1914, se caracterizaron por la entrada de grandes contingentes de extranjeros, provenientes sobre todo de Europa.Esa gente, que venía en busca de paz y prosperidad, se incorporó rápidamente al país, y gracias a su trabajo de la tierra y en las industrias, con el bagaje de conocimientos y experiencias que trajeron, ayudaron a crear la Argentina moderna.En este sentido, el experimento argentino testimonia la contribución importante de la migración al desarrollo y es un ejemplo, más allá de las contradicciones que pudo tener el proceso histórico de asimilación del elemento extranjero, de integración racial y cultural.El rechazo al migrante no sólo lesiona el derecho que les asiste a la dignidad, la seguridad y un futuro mejor. Impugna también el modelo de sociedad diversa y abierta.
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