Los “televivientes”
Vivimos en un tiempo de conflicto cultural que nos obliga a todos a replantearnos el concepto de identidad. Decir hoy qué es la identidad, es necesariamente pensar en "lo nuestro" como algo dinámico y que en realidad, tiene mucho de "los otros", sin que nos enteremos siquiera quienes son ellos.Por José María BlancoOpiniónAsí con a mediados del siglo pasado, la simple irrupción del televisor generó un aumento en la demanda de automóviles por parte de los segmentos más jóvenes (necesitaban recuperar los espacios íntimos), dando lugar a la aparición de los autocines y posteriormente a la reconversión de los "moteles" de ruta, donde hasta ese entonces solo pernoctaban los viajantes de comercio, hoy el mundo de las imágenes ha producido un cambio tan brutal en nuestra forma de vivir la vida, que nos ha convertido -como dice García Canclini- en "consumidores del siglo XXI y ciudadanos del XVIII", ya que consumimos bienes que no tenemos idea cierta sobre donde se producen ni de las condiciones (de explotación, algunas veces) en que son hechos. Todos queremos "esa" prenda de vestir (podría ser cualquier otro producto) que quizás está confeccionada con algodón argentino, diseño italiano, tecnología alemana y mano de obra asiática que percibe poco más de un dólar como salario diario. Todo en nombre del rating"Los anunciantes venden productos a la gente y nosotros los medios, vendemos gente a los anunciantes" dijo Ignacio Ramonet (director de Le Monde y uno de los mayores críticos al funcionamiento de los grandes medios de comunicación) y por más duro e impactante que resulte ese concepto, no puede negarse que contiene mucho de verdadero y entonces surge el gran interrogante sobre cómo se consigue la mayor cantidad de gente los anunciantes, es decir ¿cómo se logra el mayor rating posible?. Como respuesta vaya un concepto expresado por Adriana Zambrini en Un águila de tres cabezas: miedo, estupidez y humillación. "El miedo paraliza la acción, la estupidez enceguece el pensamiento y la humillación desintegra la subjetividad colectiva e individual".Para reflexionar ¿no?, y para hacerlo sabiendo que cualquier semejanza a la realidad no es pura casualidad.¿Dónde vivimos nuestra vida?En nuestra ciudad por ejemplo, estamos expuestos a más de 500 mil horas/año de televisión y el 99 % con contenidos producidos en otros lugares y sólo el 1 % local, corriendo el riesgo de vivir nuestra vida a través de la pantalla del televisor, que por lo general es la que viven otros, en otros lugares y en otras circunstancias.Necesitamos recuperar una matriz capaz de analizar la ética (el fondo) de los mensajes antes que la estética (la forma) de los discursos y eso se logra leyendo y pensando, para que al informarnos podamos discernir con criterios de lo que en realidad somos: sujetos de opinión y no solo de consumo, que es en lo que nos han convertido.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

