Los tiburones del peronismo buscan sangre y Cristina intenta detener la hemorragia
Once días después del mazazo del 28 de junio el gobierno empezó a dar señales de vida. Acuciado por las circunstancias y contra el reloj inexorable de la pérdida de poder, el kirchnerismo arrancó con sus intentos para recomponer la línea y parar la sangría que las urnas le asestaron a su proyecto.
Por Jorge Barroetaveña"Néstor Kirchner está herido y el peronismo está lleno de tiburones...", deslizó un viejo conocedor de los vericuetos del partido que fundó Juan Domingo Perón. Es que la situación que afronta el oficialismo peronista desde el retorno a la democracia, es inédita. Sólo en la última parte del período de Carlos Menem como presidente podría buscarse algún punto de contacto, pero la situación política y económica a finales de los '90 era diferente a la actual. Aquella dura derrota del año '97 a manos del Frepaso, que después devendría en Alianza, no puso en jaque al gobierno, aunque fue el preanuncio de la derrota que sufriría Duhalde en el '99. Pero en ese momento, nadie se atrevía a cuestionar el liderazgo de Menem, y Duhalde era un candidato cantado. Esos dos años hasta el '99 fueron de espinas para el PJ pero la gobernabilidad nunca estuvo en juego.Hoy, una década después, el PJ enfrenta una situación diferente. Viene de perder una elección de medio mandato, con fuertes cuestionamientos al liderazgo de Kirchner y no se vislumbra aún un candidato cantado para las presidenciales del 2.011. El conflicto con un sector de la economía además, lo desgastó inútilmente y la imagen presidencial se vio innecesariamente expuesta por el protagonismo de Néstor Kirchner. Los Kirchner en realidad llevan ya 6 años en el poder y esa es la percepción general. No importa que Cristina sea diferente a Néstor o haya intentado serlo y este no la dejó, esa imagen de doble comando está instalada y perjudica la autoridad presidencial.En el peronismo se perdonan muchas cosas, menos la derrota. Y el oficialismo kirchnerista fue dejando demasiados heridos en el camino. El estilo de conducción cerrado, desembocó en la diáspora que explotó con el conflicto del campo en marzo del 2.008. Esa sangría no se detuvo, al punto que un antiguo aliado como Felipe Solá, terminó derrotando a sus ex jefes en el territorio donde la localía se hacía sentir y nada parecía resistirse a la billetera. Claro, los eternos caciques del conurbano, que ayer traicionaron a Duhalde, tampoco dudaron en entregar a Kirchner y ahora coquetear con De Nárvaez. Al cabo los resultados demostraron que ya no son vitales para conseguir una victoria y que desde el Conurbano Bonaerense ya no se puede manejar la Argentina.Con todos los tiburones dando vueltas buscando sangre, Cristina hizo lo que tendría que haber hecho el día después de la elección, en lugar de buscarle justificaciones a una derrota evidente. El escenario elegido fue la Provincia de Tucumán en el Día de la Independencia, pocas horas después que puso en el cargo a sus nuevos-viejos ministros. El mensaje no dejó de tener registros contradictorios.La unción de Aníbal Fernández en la Jefatura de Gabinete y de Amado Boudou en el Ministerio de Economía no implica grandes cambios. Fernández es el ministro más antiguo del gobierno y ha pasado por varios cargos. Es el único espadachín verbal que salió en defensa del kirchnerismo y es un soldado fiel de Néstor. Boudou, que llegó al Anses de la mano de Sergio Massa pero rápidamente construyó juego propio, también reporta a Néstor, al punto de ofrecerse para ser candidato en Capital en las elecciones del pasado 28 de junio. Estaba dispuesto a inmolarse, sabiendo que podían perder, por el kirchnerismo. Es extremadamente ambicioso y no le rehuye a los micrófonos como su antecesor Fernández. Habrá que ver hasta dónde se extiende su margen de maniobra. Desde que Lavagna se fue del cargo, ningún ministro pudo superar la sombra de Néstor Kirchner. Micceli terminó como terminó, Lousteau se fue corrido por la 125 y Fernández pasó sin pena ni gloria. En todos los casos el hilo conductor fue Guillermo Moreno, otro fiel soldado del ex presidente siempre dispuesto a hacer el trabajo sucio. Dicen sus colaboradores que Boudou tiene la promesa presidencial del alejamiento de Moreno. Que sin esto jamás hubiera aceptado asumir y que por estas horas, en El Calafate, el matrimonio estaría resolviendo el tema. Pero Moreno es como la cigarra: tantas veces lo mataron, pero otras tantas resucitó y siguió cantando. Esta vez, el clamor incluye el 90% del gobierno y hasta quien lo acercó al poder como el Ministro de Planificación Julio De Vido, ha pedido su cabeza. Con este debate a cuestas, la Presidenta resolvió lanzar su convocatoria al diálogo desde Tucumán. Con mensajes contradictorios sobre la profundización del rumbo, Cristina anunció que todos los sectores serán llamados, aunque no especificó qué temas estarán en debate.Ocupando el lugar de Boudou, el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray anticipó que las famosas retenciones, pilar para la política económica kirchnerista, también estarán en la mesa de discusión. La oposición claro, quiere sumar las reformas al Consejo de la Magistratura, una limpieza en los métodos del INDEC y los gobernadores ya han anticipado que quieren un replanteo de los niveles de coparticipación que reciben sus provincias. Por ley, los ingresos provinciales deben estar en el 34%. A gatas este año podría llegarse al 25%. Lejos, demasiado lejos para las exhaustas arcas provinciales, jaqueadas por la disminución de los ingresos y la caída de fondos extra-coparticipables que envía el gobierno nacional.Los Kirchner se enfrentan a una situación inédita en su vida política: deben compartir el poder. Esto implica negociar para después ceder. Si no lo hacen estarán hipotecando los dos años que les quedan de mandato, que se parecerán demasiado a una sucursal del infierno. Si lo hacen tienen posibilidades de reconstruir parte del poder que detentaron, aunque sólo el peronismo es el que tiene la última palabra.
Por Jorge Barroetaveña"Néstor Kirchner está herido y el peronismo está lleno de tiburones...", deslizó un viejo conocedor de los vericuetos del partido que fundó Juan Domingo Perón. Es que la situación que afronta el oficialismo peronista desde el retorno a la democracia, es inédita. Sólo en la última parte del período de Carlos Menem como presidente podría buscarse algún punto de contacto, pero la situación política y económica a finales de los '90 era diferente a la actual. Aquella dura derrota del año '97 a manos del Frepaso, que después devendría en Alianza, no puso en jaque al gobierno, aunque fue el preanuncio de la derrota que sufriría Duhalde en el '99. Pero en ese momento, nadie se atrevía a cuestionar el liderazgo de Menem, y Duhalde era un candidato cantado. Esos dos años hasta el '99 fueron de espinas para el PJ pero la gobernabilidad nunca estuvo en juego.Hoy, una década después, el PJ enfrenta una situación diferente. Viene de perder una elección de medio mandato, con fuertes cuestionamientos al liderazgo de Kirchner y no se vislumbra aún un candidato cantado para las presidenciales del 2.011. El conflicto con un sector de la economía además, lo desgastó inútilmente y la imagen presidencial se vio innecesariamente expuesta por el protagonismo de Néstor Kirchner. Los Kirchner en realidad llevan ya 6 años en el poder y esa es la percepción general. No importa que Cristina sea diferente a Néstor o haya intentado serlo y este no la dejó, esa imagen de doble comando está instalada y perjudica la autoridad presidencial.En el peronismo se perdonan muchas cosas, menos la derrota. Y el oficialismo kirchnerista fue dejando demasiados heridos en el camino. El estilo de conducción cerrado, desembocó en la diáspora que explotó con el conflicto del campo en marzo del 2.008. Esa sangría no se detuvo, al punto que un antiguo aliado como Felipe Solá, terminó derrotando a sus ex jefes en el territorio donde la localía se hacía sentir y nada parecía resistirse a la billetera. Claro, los eternos caciques del conurbano, que ayer traicionaron a Duhalde, tampoco dudaron en entregar a Kirchner y ahora coquetear con De Nárvaez. Al cabo los resultados demostraron que ya no son vitales para conseguir una victoria y que desde el Conurbano Bonaerense ya no se puede manejar la Argentina.Con todos los tiburones dando vueltas buscando sangre, Cristina hizo lo que tendría que haber hecho el día después de la elección, en lugar de buscarle justificaciones a una derrota evidente. El escenario elegido fue la Provincia de Tucumán en el Día de la Independencia, pocas horas después que puso en el cargo a sus nuevos-viejos ministros. El mensaje no dejó de tener registros contradictorios.La unción de Aníbal Fernández en la Jefatura de Gabinete y de Amado Boudou en el Ministerio de Economía no implica grandes cambios. Fernández es el ministro más antiguo del gobierno y ha pasado por varios cargos. Es el único espadachín verbal que salió en defensa del kirchnerismo y es un soldado fiel de Néstor. Boudou, que llegó al Anses de la mano de Sergio Massa pero rápidamente construyó juego propio, también reporta a Néstor, al punto de ofrecerse para ser candidato en Capital en las elecciones del pasado 28 de junio. Estaba dispuesto a inmolarse, sabiendo que podían perder, por el kirchnerismo. Es extremadamente ambicioso y no le rehuye a los micrófonos como su antecesor Fernández. Habrá que ver hasta dónde se extiende su margen de maniobra. Desde que Lavagna se fue del cargo, ningún ministro pudo superar la sombra de Néstor Kirchner. Micceli terminó como terminó, Lousteau se fue corrido por la 125 y Fernández pasó sin pena ni gloria. En todos los casos el hilo conductor fue Guillermo Moreno, otro fiel soldado del ex presidente siempre dispuesto a hacer el trabajo sucio. Dicen sus colaboradores que Boudou tiene la promesa presidencial del alejamiento de Moreno. Que sin esto jamás hubiera aceptado asumir y que por estas horas, en El Calafate, el matrimonio estaría resolviendo el tema. Pero Moreno es como la cigarra: tantas veces lo mataron, pero otras tantas resucitó y siguió cantando. Esta vez, el clamor incluye el 90% del gobierno y hasta quien lo acercó al poder como el Ministro de Planificación Julio De Vido, ha pedido su cabeza. Con este debate a cuestas, la Presidenta resolvió lanzar su convocatoria al diálogo desde Tucumán. Con mensajes contradictorios sobre la profundización del rumbo, Cristina anunció que todos los sectores serán llamados, aunque no especificó qué temas estarán en debate.Ocupando el lugar de Boudou, el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray anticipó que las famosas retenciones, pilar para la política económica kirchnerista, también estarán en la mesa de discusión. La oposición claro, quiere sumar las reformas al Consejo de la Magistratura, una limpieza en los métodos del INDEC y los gobernadores ya han anticipado que quieren un replanteo de los niveles de coparticipación que reciben sus provincias. Por ley, los ingresos provinciales deben estar en el 34%. A gatas este año podría llegarse al 25%. Lejos, demasiado lejos para las exhaustas arcas provinciales, jaqueadas por la disminución de los ingresos y la caída de fondos extra-coparticipables que envía el gobierno nacional.Los Kirchner se enfrentan a una situación inédita en su vida política: deben compartir el poder. Esto implica negociar para después ceder. Si no lo hacen estarán hipotecando los dos años que les quedan de mandato, que se parecerán demasiado a una sucursal del infierno. Si lo hacen tienen posibilidades de reconstruir parte del poder que detentaron, aunque sólo el peronismo es el que tiene la última palabra.
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