Los trenes en su laberinto: ¿barajar y dar de nuevo?
Las recurrentes noticias sobre muertos y heridos por colisiones ferroviarias en Argentina son un síntoma de que el sistema no funciona y entonces acaso haya que pensar en otra cosa.El jueves pasado (30 de agosto), se cumplieron 155 años del día en que se inauguró la primera línea de ferrocarril en el país. Argentina llegó a contar con un sistema modelo en Latinoamérica. Pero desde hace un tiempo los trenes son un símbolo de decadencia.Reflejo de ello es la insignificancia de los trenes de carga a favor del sistema automotor, pese a que el transporte ferroviario sería una alternativa más económica en una geografía extensa y llana.Aunque la consecuencia más dramática del sistema fue el choque del tren de la línea Sarmiento en la estación Once, ocurrido el 22 de febrero de este año. Se trató del peor accidente de la historia ferroviaria argentina, donde 51 personas perdieron la vida y más de 600 resultaron heridas.El Sarmiento volvió a ser noticia por estas horas: una formación arrolló a una camioneta y dejó un herido en un paso a nivel, donde no funcionaba bien la barrera y no había banderillero.El 6 de agosto pasado, en tanto, un tren de la línea Mitre descarrilló cuando llegaba a la estación Retiro desde Tigre y provocó heridas a 33 pasajeros. Estos trenes unen los poblados suburbios con el centro de la Ciudad de Buenos Aires.La postal que se observa es la de gente viajando apiñada como ganado en locomotoras y convoyes desvencijados y obsoletos. Los gremios ferroviarios y las asociaciones de usuarios responsabilizan a los sucesivos gobiernos nacionales por la falta de inversión en el sistema de transporte.Tan pésimo es el servicio que los pasajeros han protestado incendiando varias veces estaciones y convoyes. A todo esto, semanas atrás la gran metrópoli argentina se vio conmovida por un feroz paro en el servicio de subte.Alrededor de 1,5 millón de porteños-bonaerenses utilizan este transporte para ir a trabajar. La huelga de los subterráneos -atravesada por una pulseada entre el gobierno nacional y el porteño- dejó al desnudo los mismos problemas de falta de inversión.¿Qué pasa con los trenes argentinos? El dato es que la insignificancia del ferrocarril de carga y el mal estado del servicio de pasajeros no se condice con el crecimiento económico de estos años.¿Por qué en una década de fuertes ingresos hacia el Estado, el sistema ferroviario no se ha convertido en un transporte adecuado, ni confiable ni seguro? Lo llamativo, además, es que el fisco deriva ingentes recursos monetarios a un sistema metropolitano que está concesionado a empresas privadas.Según los datos de la Secretaría de Transporte, el lo que va del año el servicio ferroviario recibió subsidios por $ 2.545,2 millones. De ese dinero, el 58% se destina a salarios, un 11,1% a materiales y el 16,5% a contratistas, entre los que se encuentran los talleres.Sin embargo, desde distintos sectores se vienen denunciando falta de inversión necesaria, irregularidades y deficiencias en el servicio, lo que atenta contra la seguridad de los trabadores y los pasajeros.Tras el último accidente en la línea Sarmiento, el referente gremial Rubén Sobrero aseguró: "La gente no sabe dónde viaja, si lo supiera no lo haría. Estamos muchísimo peor que el día de la tragedia de Once".Este esquema de concesiones fue pergeñado en la época de Carlos Menem, durante cuya presidencia los trenes se privatizaron, lo que produjo el cierre sistemático de ramales en todo el país.¿No será el momento de pensar y acometer en un nuevo sistema de transporte ferroviario?
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