RAÍCES DE LA VIEJA EUSKADI
Los vascos: un linaje protagonista de la historia de Gualeguaychú
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Desde los orígenes de la ciudad, muchos inmigrantes provenientes del País Vasco (Euskadi) se asentaron en ella y ocuparon un papel destacado en el comercio, la producción y la política local. Con el tiempo, sus familias y apellidos pasarían a formar parte constitutiva del tejido social gualeguaychuense, trayendo consigo sus costumbres e idiosincrasia.
A lo largo de la historia, un mosaico de pueblos y culturas contribuyeron al progreso de la ciudad y a formar la identidad gualeguaychuense como la conocemos. Entre ellos, estaban los vascos. Asentados desde tiempos inmemoriales en un territorio que hoy abarca el norte de España y el suroeste de Francia, el pueblo vasco es uno de los más antiguos del Viejo Continente, con una continuidad poblacional desde por lo menos el Neolítico. Su rasgo más distintivo es el euskera, una lengua no indoeuropea y sin parentesco demostrado con otros idiomas conocidos.
Durante siglos, este grupo étnico ha mantenido sus tradiciones, sus instituciones comunitarias y una fuerte conciencia de su identidad a pesar de las invasiones de otros pueblos y los procesos de romanización, primero, y de modernización después. Pero las diversas crisis, guerras y transformaciones sociales que se sucedieron en Europa llevaron a los vascos a buscar nuevos horizontes, y Argentina fue uno de ellos.
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Según la historiadora local Delia Reynoso, la presencia de los vascos en América también responde “a su vocación de navegar y a sus cualidades”, motivos por los cuales participaron “desde el primer momento de la aventura castellana”. “De hábitos sencillos y austeros; como rasgos distintivos de su modo de ser, se le reconocen la franqueza y la tenacidad. Esta última característica es símbolo de tesón y sacrificio, pero al mismo tiempo se aplica para caracterizarlos como porfiados y testarudos”, describió la historiadora en sus escritos.
Reynoso ha identificado tres grandes etapas en el arribo de los vascos a nuestro país. La primera coincide con los procesos de exploración, conquista y colonización, que van desde principios del siglo XVI hasta las luchas por la Independencia. Entre aquellos funcionarios, soldados y sacerdotes pasaron a la historia nombres como el de Pedro de Mendoza, Juan de Garay, Ortíz de Zárate, Juan de Ayolas, Domingo Martínez de Irala, los virreyes Vértiz y Nicolás de Arredondo, o el Fray Martín Ignacio de Loyola. Durante la segunda etapa se produjo la mayor afluencia de vascos, y esta coincide con el período de organización nacional, a lo largo del siglo XIX. Y la tercera, que fue de escasa incidencia en Entre Ríos, se dio en el siglo XX, motivada por la Guerra Civil Española.
Siguiendo este relato, cabe mencionar que los vascos estuvieron en Gualeguaychú desde las épocas previas a su fundación en 1783. El primer bautismo documentado en la capilla que erigieron los pobladores primigenios data de 1764 y es el de María Josefa de la Cruz, la hija de un matrimonio vasco. A su vez, en las actas capitulares de la naciente Villa aparecen apellidos vascos entre sus habitantes.
Un dato no menor es que al día de hoy muchísimos apellidos presentes en Gualeguaychú tienen un origen vasco: Orué, Echazarreta, Navarro, Urtazún, Aramburu, Echegoyen, Echeverría, Elizalde, Etchepare, Irigoyen, Mendizábal, Olazábal, Arrate, Salaberry, Murúa, Unzué, Izaguirre, Irigoitía, Ochoa. La lista sigue.
Volviendo al protagonismo de los vascos en la temprana organización territorial y productiva de la zona, se pueden mencionar a algunos de los primeros terratenientes como José Antonio de Ormaechea y Miguel de Arburúa, quienes establecieron estancias y hornos de cal en la denominada Calera de los Vascos, en la zona de Ñancay. Yendo a la ciudad ya constituida como tal, cabe señalar que José Antonio Haedo, figura importante de la Gualeguaychú de principios del siglo XIX, provenía del Reino de Vizcaya, en el País Vasco. Hoy su propiedad es la reconocida Casa Museo de Haedo y el edificio más antiguo que sigue en pie en la ciudad.
Otros datos curiosos de la época reseñados por Reynoso indican que durante la segunda Invasión Inglesa de 1807, las milicias de Entre Ríos estuvieron bajo el mando de un vasco y contaron con una importante participación de vecinos de Gualeguaychú de ese mismo origen. También está el hecho de que, en 1810, la adhesión de la Villa a la Junta de Mayo fue firmada, entre otros, por tres vecinos de origen vasco, dos de los cuales fueron firmes partidarios de la Revolución.
Hacia 1837, el primer saladero de la zona perteneció a un vasco, Juan Iriarte. Años después, en ese mismo lugar se estableció el Frigorífico Gualeguaychú, del cual algunos de sus fundadores también tenían sangre vasca, Ignacio Olaechea y Julián Irazusta. Este último fue el apellido del primer intendente de Gualeguaychú, Don Cándido Irazusta, quien también era vasco, de Gipuzkoa.
Tanto en nuestra ciudad como en otras partes de Entre Ríos, los vascos tuvieron un papel destacado en la ganadería, la lechería y la explotación agropecuaria. En las ciudades se dedicaron al comercio, la hotelería, la industria y los oficios, ganando fama por su espíritu emprendedor y su fuerte ética de trabajo. Muchas estancias, tambos y casas comerciales importantes tuvieron origen vasco. Una de ellas fue Casa Goldaracena, el histórico almacén de ramos generales de Gualeguaychú fundado en 1864 por el inmigrante vasco-navarro Eusebio Goldaracena.
Un ejemplo de este vínculo con la hotelería es el emblemático Hotel del Vapor, que estaba ubicado en el centro de la ciudad y pertenecía a un inmigrante vasco. Lo mismo sucedía con la posada de Isabel Ardans de Harispe, una familia vasco-francesa. Junto a esta posada, propiedad de los Harispe, se creó la “Cancha de los Vascos”, emblema de dicha colectividad en Gualeguaychú que sigue en pie hasta nuestros días. Algunas fuentes apuntan que se construyó hacia 1869 y otras ubican la fecha en torno a 1890. Lo cierto es que los miembros de la Asociación Civil Cancha de los Vascos (instituida como tal en 2011) celebran el nacimiento de una nueva época de la Cancha cada 20 de septiembre.
Se trata de la fecha que lleva una foto de 1916 en la que posan jugadores de "Xare" (o "Share"), una de las especialidades de la Pelota Vasca, que constituye el registro documental datado más antiguo de la Cancha. Ese año, un grupo de amantes del juego de “Pelota Mano” (otra modalidad del tradicional juego) arrendó la cancha a la familia Harispe y creó el “Club Pelotaris Unidos”, nombre con el que fue reinaugurada en 1918. Luego, en los años 30, se la empezó a llamar “Cancha de los Vascos”, y es así como se la conoce al día de hoy.
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Desde 2009, la “Cancha de los Vascos” forma parte por Ordenanza Municipal del Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Urbanístico de Gualeguaychú. Un reconocimiento a una de las tantas huellas profundas que este pueblo de raíces singulares y milenarias dejó a través de sus inmigrantes en nuestra ciudad.
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