EL PRECIO DE MIRAR PARA OTRO LADO
Los venezolanos y el derecho a ponerse contentos por la caída de un dictador
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/venezuela_opinion.png)
La captura de Nicolás Maduro expuso el fracaso de la comunidad internacional, el regreso de la lógica de las potencias y un mundo donde el derecho vuelve a quedar subordinado al poder.
Es difícil plantarse ante alguien que ha sufrido las peores vejaciones y hablarle de derechos. De la soberanía de las naciones, la autodeterminación de los pueblos o la injerencia en países extranjeros. Es difícil hacerle entender que cualquier operación militar de un país sobre otro, es inaceptable para el derecho internacional. Y que deja a todos expuestos a sufrir lo mismo, o peor.
Pero Venezuela era desde años un grito destemplado que la comunidad internacional no escuchaba. Muchos miraban para otro lado, a sabiendas de lo que pasaba. Otros fueron aliados por intereses comerciales y el resto condenaba con impotencia y sin herramientas para cambiar el rumbo de lo que pasaba. El día que el dictador Maduro desconoció el resultado de las elecciones, en el 2024, se terminó de cavar la fosa. El resquicio que le quedaba para seguir en el poder terminó de diluirse y era cuestión de tiempo. Claro, del otro lado tuvo que estar un Presidente de derecha, que llegó para reivindicar el imperio y hacerle entender al mundo que Estados Unidos quiere ser el de antes. Aunque todo indique que tiene pocas chances de conseguirlo.
Lo que volvió sí es un mundo partido con dos superpotencias militares y económicas y una tercera que basa su poder en las armas. Estados unidos, China y Rusia son los dueños del mundo, con porcentajes de acciones diferentes. Esa es la realidad y tratar de disimular sirve de poco. En ese contexto: ¿para qué están los organismos multilaterales? Es difícil saberlo. Están dominados por el derecho de veto que tienen las superpotencias, suelen mirar inermes los acontecimientos, con escasa capacidad de intervención, más allá de declaraciones de circunstancia. Así iba Venezuela, con una diáspora de ocho millones de personas y una bomba de tiempo entre las manos. En algún momento algo tenía que pasar.
Trump, con la decisión de llevarse de arrebato a Maduro, buscó un doble efecto. Avisarle al mundo (a los chinos, sobre todo) que el armamento militar norteamericano le permite hacer lo quiere y que está dispuesto a ir por más. Todo lo que está de este lado, desde Alaska hasta la Patagonia es área de su incumbencia. El patio trasero que era Latinoamérica para el departamento de estado, se ha vuelto una zona estratégica por los recursos que tiene y para evitar que, el otro gigante, siga avanzando.
Lo sorprendente es que Trump no esconde sus intenciones: las grita, como hizo en la conferencia posterior a la captura de Maduro. Dijo que les interesaba el petróleo, no usó una sola vez la palabra democracia, y advirtió a otros países, como Colombia, Cuba o México sobre eventuales acciones futuras. No lo mandó a decir, lo dijo él mismo.
Estos gestos disruptivos son los que desconciertan al resto y ponen al mundo patas para arriba. El planeta se asoma a una nueva era (con el fin de la anterior) en la que el derecho estará subordinado a otros intereses, dependiendo del actor.
El significado profundo de lo que pasó en Venezuela, no debería tapar todo lo anterior y el fracaso para parar a un dictador como Maduro. Más en Latinoamérica, con la experiencia previa de regímenes sangrientos en otros países. En el 2022, una comisión encabezada por la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet denunció sin hesitar el infierno que vivían millones de venezolanos. El informe, abrumador y ejecutado por alguien que ideológicamente podría ser afín al régimen, fue un cachetazo para los defensores del dictador, que aun así lo siguieron defendiendo. Es cierto, en el caso argentino, que el gobierno de Fernández tuvo una postura diferente a la de Cristina Kirchner, que heredó todos los negocios de Néstor con Chávez. Aunque, como en casi todo, fue tibio para ejecutar. Con Milei y su alineamiento con Estados Unidos la historia fue diferente. El oficialismo se ilusiona porque afirman que fueron los primeros. Que todos los que ahora se quieren congraciar con Trump, van a la cola y tendrán que esforzarse mucho más para hacerlo. Son las reglas nuevas de la política internacional. Ahí Milei apostó fuerte y, por ahora, le está dando resultado.
Patria, colonia, entrega, recursos naturales, intromisión, dictador, loco, chupamedias, petróleo, derecho. Cuántas palabras con su significado que se topan con la alegría de millones que tuvieron que dejar su familia y sus casas porque su propio país se les había vuelto invivible. Para la mayoría el daño es irreparable y seguramente nunca más volverán a su tierra. Lo harán para sus hijos lo conozcan o ver a la familia que dejaron, porque ya encontraron otro hogar donde vivir. ¿Quién tiene derecho a privarlos de la alegría que les provocó la caída de un dictador sangriento después de tanto sufrimiento?

