
FOTO ILUSTRATIVA
Hoy, como cada 2 de junio, se celebra el Día del Bombero Voluntario Argentino, en homenaje a los socorristas que trabajan ad honorem para combatir los incendios, para rescatar y para salvar vidas.El origen de la fecha data del año 1884 en que se creó la "Sociedad Italiana de Bomberos Voluntarios de La Boca", en Buenos Aires. El lema de aquella sociedad bajo el cual trabajaban era "Querer es poder" y su impulsor y primer presidente fue Tomas Liberti, un inmigrante italiano.Además de su actividad principal, que es combatir el fuego, estos ciudadanos se dedican a la atención de incidentes con materiales peligrosos, manejo y control de derrames y desastres químicos, salvamento de personas, rescate en montaña, trabajos de altura y rescate en accidentes de tránsito, entre otras.En la actualidad existen alrededor de 720 cuerpos de bomberos en Argentina, que en total cuentan con 40.000 efectivos, tanto hombres como mujeres.La Sociedad de Bomberos Voluntarios de Gualeguaychú nació el 15 de noviembre de 1966. Fue a instancia del Centro de Defensa Comercial, en cuyo seno se armó una comisión promotora.En el acta de fundación del cuerpo se deja constancia de que
"una ciudad del potencial económico y humano de Gualeguaychú, no puede seguir siendo presa de las llamas como ha ocurrido en diversas oportunidades sin que se arbitren los medios idóneos para ponerla a salvo de estas calamidades".El escrito aludía a siniestros que habían conmocionado a la ciudad. Al inicio de la década del '60 la confitería Apolo fue arrasada por las llamas. Y a mediados de esa década otro gran incendio consumió los escritorios de la firma Sauan y de la zapatería Tonsa.Al principio el equipamiento fue precario. Según el primer inventario, la entidad contaba con: 3 carritos de espuma química, 8 tramos de manguera de 2½ de 25 metros cada una (varias falladas), 2 extinguidores, 6 cascos de fibra, 2 columnas hidrantes y 1 conexión gemelo. Al poco tiempo, en junio de 1967, se incorporó la primera autobomba.Según la historia de la institución, el año 1978 marcó un hito. Un gigantesco incendio destruyó la tradicional tienda "Blanco y Negro", situada en 25 de Mayo y Chacabuco. Fue una prueba dramática que hizo tomar conciencia de la necesidad de tecnificar a los Bomberos.En los comienzos, la entidad tuvo el fin primario de sofocar incendios. Pero en su estatuto el concepto es más amplio. Se plantea como objetivos
"prestar concurso en cualquier catástrofe o calamidad", y
"hacer acto de presencia en cuanta actividad signifique un acto de solidaridad humana".De hecho con el correr de los años, empezaron a surgir problemas asociados a una ciudad y a una zona de influencia más complicada. Una siniestralidad variada que va desde incendio de campos, inundaciones, derrames de sustancias tóxicas, pasando por accidentes de tránsito de magnitud.Por otra parte, es común ver en el verano a las cisternas de Bomberos asistiendo con agua potable a barrios de la ciudad, frente al colapso del sistema de provisión de Obras Sanitarias.La entidad muestra hoy con orgullo un importante equipamiento -pese a la escasez de fondos-, pero sobre todo un recurso humano calificado. No sólo eso: posee una academia propia de formación.Se sabe que los bomberos -de aquí y otros lados- no tienen el reconocimiento oficial que merecen. Los subsidios estatales, dirigidos a mejorar la prestación del servicio, nunca alcanzan.No obstante tienen el apoyo de la comunidad en la cual han nacido, que contribuye materialmente a sostener su desinteresada actividad.