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Macri, Cristina, Massa y lo que viene: Disfruten el silencio

El acuerdo de Massa con el kirchnerismo termina de definir el escenario electoral. El instante previo a la batalla.

Por Ignacio Fidanza*

Cuando la política apaga los celulares, ajústense los cinturones, algo importante se está definiendo. Y como dicen los jugadores de Poker, si no sabes quién pierde, el que pierde sos vos.

Algo de eso le pasa a la Casa Rosada, que perdió el pulso de la negociación con Sergio Massa en el momento más crítico de este proceso. Ahora les queda el recurso de confirmar que al final los peronistas terminan todos juntos, porque son todos lo mismo. Consuelo para trolls en épocas de necesidad electoral.

Frente a la blitzkrieg mediática y de redes, Cristina eligió volver a las bases. Política de Primero A: Sumar aliados para ganar votos. Aritmética del poder, frente al algortimo líquido de los "Defensores del Cambio", que navegan a la velocidad de la luz por los chats de Whatsapp. Un dirigente por un compartido.

El dominó provincial parece darle la razón a The Old School: Allí donde el peronismo unificó su representación electoral la distancia con Cambiemos se contó de a diez puntos. Pero la Presidencia es un juego demasiado grande como para confiar a ciegas en la previsible extrapolación de lo local a lo nacional.

La Dama de Hierro lo sabe y por eso trabaja para construir un triunfo en primera vuelta, que quiere apoyar en una diferencia apabullante en las primarias, que se imponga a Cambiemos en la provincia de Buenos Aires y detone una carga de profundidad en la coalición oficialista. Bajarle los brazos antes que arranque la pelea.

Se entiende. El ballotage es un mundo incierto en el que Macri tiene su escenario más favorable. Sun Tzu básico, la batalla se gana antes de empezar y la gana el que elige la geografía y el tiempo más favorable para sus fuerzas.

Y si algo se le puede reprochar a Cambiemos hasta ahora es que parece haber perdido ese timming que manejaba con eficacia. Le ofreció a Massa lo que Massa pedía para no irse con Cristina, en el preciso momento que ya era demasiado tarde. Llegar tarde es como no llegar.

Pero a no confundirse, el partido está abierto. Macri todavía tiene tiempo para juntar las piezas que le quedan a mano y aprovechar esa masa que repele al peronismo con la misma intensidad de quienes lo abrazan. Ahora las cosas están claras, podrá decir con alguna razón.

Estabilidad cambiaria y destrucción de empleo. Ajuste macro, recuperación del autoabastecimiento energético, mejora de la gran agroindustria y Chernobyl de pymes y comercios. Caída del consumo y obra pública que empieza y termina. Corrupción de bolsos y de guante blanco. Y una pobreza que lastima en serio. Es un mundo complejo, con actores gastados y campañas sin vuelo. Un mundo que propone resistencia abnegada y deja poco margen para soñar. En cualquiera de sus márgenes.

De ese tamaño es el fracaso, que no empezó con este gobierno. Y por eso mismo puede ser el punto de partida de una experiencia más sensata o no. Por eso, para que alimentar -otra vez- falsas ilusiones. Disfrutemos el silencio de estas horas, el regalo de una pausa, ese instante previo en el que las tropas se observan a la distancia.

*Publicado en La Política On Line

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