Macri, el principal financista de la campaña de Cristina Kirchner
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"Corrupto", "gorila", "Basura", "Macri, vos sos la dictadura", "esclavizador", "puto", "hijo de puta", "mal parido". Son algunos de los elogios que le dedicaron un grupo de kirchneristas a Macri, poco antes de terminar su último viaje a New York. Entre ellos estaba el hijo de Víctor Hugo Morales. Macri, agradecido. Jorge Barroetaveña A esta altura más que suponer, parece existir la casi certeza que debe existir un acuerdo entre Cambiemos y el cristinismo. Es que la que la supervivencia, al menos languideciente de esos sectores más furibundos, es pura ganancia para el gobierno. "Massa no es nuestro enemigo; no es el candidato del establishment, Massa es uno de nosotros que se fue", dicen que dijo en los últimos días la ex presidenta, en lo que se podría interpretar como un guiño a su antiguo Jefe de Gabinete y titular del Anses.Es que para Massa se trata de un debate que lo incomoda por donde se lo mire. A ver, el líder de Tigre ha peleado durante todos estos años por despegar la imagen de su pasado kirchnerista. Es cierto que fue el primero que pegó el portazo y se animó a pelear en la calle en las elecciones del 2013. Que su victoria en la Provincia de Buenos Aires le puso la tapa al "Cristina eterna" y los sueños de reelección y demostró que, pese al aparato, el Frente para la Victoria no era invencible en ese inmenso territorio.Pero los errores que cometió en los meses sucesivos, desembocaron en el desenfoque de su estrategia original. En la puja personal con Mauricio Macri sobre quién era más opositor, o el verdadero en todo caso, perdió la pulseada. Y el candidato de Cambiemos se terminó llevando ese núcleo del electorado que resiste todo lo que huela a kirchnerismo.Su discurso, aquel de la campaña, fue políticamente correcto, pero buena parte de la sociedad desconfió de su pasado. Por eso la postura incómoda que persigue a Massa cada vez que tiene que hablar de Cristina. Quizás lo hace porque lo han asesorado, pero jamás nombra a la ex presidenta. El nombre de Cristina no le sale de la boca y suele utilizar eufemismos para referirse a ella.Desde Misiones, y consultado por el guiño K, volvió a apelar a la frase de la mochila que de tan gastada ya parece agujereada. "Los que, de alguna manera, son parte del pasado traen en la mochila causas judiciales y nosotros queremos dirigentes que traigan en la mochila sueños y proyectos para el futuro de la argentina", lanzó cual equilibrista del Circo Rodas. El 'osho' suena elegante pero falto de contundencia. Hace pocas horas, en este operativo seducción lanzado para que Massa vuelva al redil, el legislador entrerriano Guillermo Guastavino aportó lo suyo. Sin nadie que desconfíe de su pasado K, "Pemo", más que insinuó que el peronismo en su conjunto no se puede dar el lujo de dejar afuera a dirigentes como Massa o Jorge Busti, por ejemplo. La cuestión es si estos dirigentes están dispuestos a volver y si lo hacen, qué condiciones imponen.En este baile, que a veces se parece más al reggaetón que a la bachata, nadie quiere pagar costos. Con poco esfuerzo todos se olvidan que el año pasado hubo elecciones y el peronismo perdió la Nación y los distritos más grandes de la Argentina. El proceso que llevó a esa debacle aún no parece haber sido discutido lo suficiente por amplios sectores internos y externos, aunque nadie quiere quedar pegado a esa derrota. Incluso los mismos sectores que no quieren saber más nada con el kirchnerismo, rehúyen la responsabilidad de no haber abierto nunca la boca cuando veían que el barco se conducía al desastre. Que lo niegue la ex presidenta vaya y pase. Al cabo fue ella la que ungió a Aníbal Fernández o a Carlos Zanini para marcarle la cancha a Scioli. Pero que lo nieguen todos los que callaron, consintieron y muchos que no se atrevieron a abrir la boca, es pura conveniencia.El gran interrogante es si el peronismo dividido le puede ganar a Cambiemos en los grandes distritos del país, léase obviamente la Provincia. En la hipótesis probable de Massa, Cristina y un referente importante de Cambiemos, por ejemplo Carrió, aparte de ser una elección apasionante, es una obviedad decir que la oposición dividida siempre tiende a favorecer al oficialismo de turno.Es cierto también que una oposición dividida fue la que enfrentó a Cristina el año pasado. Y le ganó. Pero es cierto también que se trató de una elección ejecutiva, que tuvo las PASO y la general y finalmente un mano a mano entre dos candidatos.Los antecedentes recientes de elecciones de medio término son difusos. Alfonsín le gano a un peronismo en recomposición en el '85. A Menem no le costó mucho ganar también en 1.991 con Erman González la Ciudad de Buenos Aires. En el 2001, las legislativas fueron el preludio de la caída de Fernando De la Rúa. Néstor Kirchner en el 2005 ganó, pero perdió en el 2009 con De Narváez. Y la misma Cristina la tuvo complicada en el 2013, con el joven Sergio Massa. En algunos casos fue el principio del fin, en otros, les permitió a los gobiernos de turno hacer replanteos de sus estrategias.Sin poder predecir el resultado sólo hay una certeza en este mar de incertezas: la dispersión opositora favorece a cualquier oficialismo. Hoy se llama Cristina, pero podría ser otra. Su omnipresencia y virulencia a la hora de calificar al gobierno macrista, acaban por correrlo a Massa con la vaina, que no sabe muy bien adónde pararse. Ya no hay dudas: Macri es el principal financista de la campaña de Cristina.
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