Macri espanta el “Niembro-Gate” y busca evitar que lo afecte
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Los barquinazos de la campaña esta vez le tocaron a Mauricio Macri. El "Niembro-Gate" se destapó y le sirvió en bandeja un buen motivo para la cadena nacional de los medios oficialistas. EL PRO tardó en reaccionar en medio de los cuestionamientos. ¿Afectará a Vidal en la Provincia de Buenos Aires? Jorge Barroetaveña Es que la principal especulación y objetivo del kirchnerismo es afectar la campaña de María Eugenia Vidal en la Provincia de Buenos Aires. Daniel Scioli tiene encuestas desde hace quince días que la dan arriba de Aníbal Fernández y no hay proyecto que cierre con una derrota en territorio bonaerense. No puede correr el riesgo de abrazarse a la tradición del escaso corte de boleta: no puede exponerse a semejante albur a esta altura.Pero la estocada afectó al PRO que no supo cómo reaccionar durante un par de días e incluso abrió grietas internas y acusaciones mutuas sobre quién filtró los documentos que sirvieron para exponer la relación carnal de Niembro con el gobierno de Macri en la Ciudad de Buenos Aires. Aunque el impacto definitivo se verá con el correr de los días, algo parece estar claro después de lo que pasó con Aníbal Fernández: al actual Jefe de Gabinete y candidato a gobernador lo acusaron de narcotraficante y de mandar a matar a tres personas. ¿No parece poco no? Sin embargo, semejante acusación no fue óbice para ganarle a Julián Domínguez la interna del Frente para la Victoria ni para dejar de tener chances ciertas de quedarse con el premio mayor en octubre. Sin contabilizar la pésima imagen que arrastra desde hace tiempo y amaga con ponerle techo a sus deseos.Por eso, el impacto que estas denuncias tienen en electorado es para ponerlo en signos de interrogación, aunque la respuesta política sí vale la pena analizar. Macri al final del recorrido optó por respaldar a Niembro, resaltar que se presentó en la justicia y avalar implícitamente los argumentos del periodista que acusó directamente al tándem Scioli-Fernández de una campaña sucia. Raros y extraños argumentos que el propio Scioli utilizó con las inundaciones en el norte bonaerense acusando a twiteros de PRO de escracharlo con fotos truchas por Internet.Después vino el escándalo en Tucumán (donde siguen contando votos), la declaración jurada extraña del propio Scioli y una denuncia sobre ella en los tribunales de La Plata, por la que ya declaró ante la justicia. ¿Todo es campaña sucia? Es probable, aunque también es cierto que los límites de la tolerancia social sobre hechos sospechados de corruptos se han corrido hace tiempo. ¿Hasta dónde llega esa tolerancia? Bastante lejos por cierto.Entre las motivaciones de la mayoría social a la hora de votar nunca está la corrupción. Basta con preguntarle a cualquier encuestador serio para que lo confirme. Seguridad, economía, trabajo, educación un poco relegada, pero siempre lejos las motivaciones que tiene que ver con la honestidad de los funcionarios públicos. A esto han contribuido claro años de oscurantismo judicial, cómplice en la mayoría de los casos de corrupción por acción u omisión. El periodista Hugo Alconada Mon, que acaba de editar un libro sobre la corrupción pública en las últimas décadas dio una cifra contundente: sólo el 3% de todas las denuncias que se han hecho llegaron a la condena judicial. Al final habrá que pensar que quizás somos demasiados honestos y no nos damos cuenta.En el lejano país del norte, con sus contrastes siempre tan severos, una candidata presidencial del volumen de Hillary Clinton tiene en jaque su campaña porque se atrevió a usar una cuenta personal de correo electrónico para cuestiones públicas. Agravó la situación negándolo, hasta que las encuestas se encargaron de decirle que los votantes condenaban su conducta. Terminó pidiendo perdón y admitiendo el error. ¿Se imagina a un político argentino pidiendo perdón y disculpas por un error que ha cometido? ¿Difícil no?Pero debe haber una sociedad que se lo exija, que sea comprometida con lo que piensa. Y actúe en consecuencia. Justo en medio de la campaña se produce la muerte del chico QUOM en Chaco. Nadie tiene la culpa, sólo la familia de la víctima que no le daba de comer o la cultura indígena que ha perdido la noción de lo que significa el trabajo. La Argentina es un país que produce alimentos para 8 veces su población: ¿no es un crimen acaso que alguien se muera de hambre? Si pasa, como pasa, es por desidia, corrupción y falta de sentido colectivo.Ahí anda el pobre Abel Albino con su tarea a cuestas, tratando de hacer entender lo que significa la desnutrición y cuántas cosas se pueden hacer. El gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey aprendió la lección. Levantó el teléfono, lo escuchó y hoy Conin trabaja en conjunto con el gobierno salteño sobre la problemática. Hay temas que deberían quedar protegidos en una campana de cristal, lejos de las miserias de los hombres. Que una sola criatura muera de hambre en la Argentina debería avergonzarnos a todos, antes, hoy y siempre. Y debería hacernos preguntar qué estamos haciendo para que eso no vuelva a ocurrir. Claro que los que nos dirigen son los primeros que deberían dar el ejemplo.
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