Macri friza su relación con Massa y busca el calor de las provincias
Lo que pasó la madrugada del jueves es probable que marque el cierre de la primera etapa del gobierno de Macri. La jugada de abstenerse y permitir que el proyecto kirchnerista viera la luz, obligando a Massa a apoyar la iniciativa bien podría ser un quiebre. Un antes y un después.Jorge BarroetaveñaEl corolario de lo que pasó el jueves llegó apenas un día después. Desde Cresta Roja, una fábrica recuperada que cerró en crisis violenta el año pasado, Macri optó por hacer el anuncio y explicar las razones de su primer veto. Al cabo, es coherente con lo que piensa: se trata de una ley que va en contra del empleo, y no a favor, y es lo que necesita para seguir enviando señales que las reglas del juego, en la Argentina no se van a cambiar.Claro que estas decisiones implican costos, aunque más que la inflación o el mismo desempleo seguro que no. Igual, el gobierno, ha comenzado a tejer una red de protección que le haga prescindir de Sergio Massa como límite en el Congreso. El peronismo tradicional, no kirchnerista, es una madeja que el Ministro del Interior Rogelio Frigerio se ha propuesta desenredar. No para darle una mano sino para ver hasta dónde puede volverse un sujeto previsible a la hora de negociar. Y los gobernadores vuelven a ser la piedra fundamental. El miércoles, mientras en el Congreso despuntaba la nueva estrategia oficial, Frigerio en Córdoba rubricaba el acuerdo con los gobernadores por el 15% de coparticipación y les arrancaba además, algunos otros compromisos, entre ellos el blanqueo que se viene, que necesita de una ley del Congreso. Ese peronismo en tránsito es, por ahora, mucho más permeable para negociar que el siempre inquietante Sergio Massa. El tigrense recibió además esta semana otra desagradable noticia: el desembarco de Carrió en la Provincia de Buenos Aires, alguien que siempre lo ha molestado y podría ser una rival muy incómoda el año que viene, si es que Massa decide ir finalmente por la senaduría.Claro que, en ese juego de idas y vueltas, Massa tiene entre manos cartas poderosas, sobre todo su relación con María Eugenia Vidal en la Provincia. El voto del Frente Renovador permitió avanzar en una controvertida Ley de Emergencia Administrativa, en medio de la protesta de los gremios. ¿Hasta dónde llegará su apoyo a una mandataria jaqueada por la herencia que le dejó Scioli y sin mayoría en el Parlamento? La disputa electoral del año que viene, empieza a marcar las primeras puntas y tendrá su correlato político.En el gobierno, sitúan el otro frente en los sindicatos. Con un proceso inflacionario que todavía no pueden controlar, las paritarias se han vuelto fundamentales para contener la escalada y atemperar el impacto de los precios en el poder adquisitivo de los asalariados. Aunque también los gremios y algunas figuras gremiales se juegan mucho por estos tiempos. Ahí aparece otra vez la figura de Hugo Moyano. El camionero, tiene, pese a lo que se diga, buena relación con Macri. La cultivan desde hace años, con la Ciudad de Buenos Aires como marco y la prosiguieron desde la Rosada. Moyano es un especialista en esta historia del juego del tira y afloje. Conoce como pocos hasta dónde tensar de la cuerda y dónde está su juego de alianzas. Piensa, a esta altura, en dejar la CGT en manos más o menos amigas, y dedicarse un poco más al fútbol. En el medio persiste el conflicto en la AFA que alumbró un principio de solución con el clásico reparto del poder: Tinelli en la nueva Superliga y Moyano en la AFA residual con el manejo de la Selección y las categorías menores. También esta solución, de concretarse, deberá contar con el visto bueno del gobierno, principal sponsor del Fútbol para Todos. Los intereses, son tantos y tan cruzados, que una cosa tiene que ver con la otra. La frutilla del postre para los sindicatos son las obras sociales. El Presidente ya prometió que no hará mucha bulla con el tema y se pondrá al día con los fondos. ¿Sólo promesas de amor? No, amor explícito. Cambiemos dejará de reclamar que los sindicalistas también deban exhibir su patrimonio, algo siempre inquietante para ellos.Con la proa puesta en el segundo semestre, el gobierno va consumiendo su crédito inicial. Si bien, el impacto de los tarifazos y el ajuste se sienten fuerte, todavía sigue gozando de niveles de expectativas aceptables. ¿Será porque todavía la oposición está desestructurada o porque la magnitud de las dificultades ya era grande en diciembre del año pasado? Un poco de ambas. El peronismo está en proceso de decantación, buscando un nuevo liderazgo. Massa amaga quedarse con todo pero no la tiene fácil. Tiene que pelear con su propio equilibrio y con la certeza que el gobierno se dio cuenta que puede prescindir de él, para esta segunda etapa. El último aspecto es clave y tiene una respuesta obvia: si la percepción social hubiera sido distinta Macri jamás podría haber ganado las elecciones el año pasado. Evaluar y juzgar esta gestión con los parámetros tradicionales es un error. Asistimos, y somos copartícipes de grandes cambios en la política argentina, algo nuevo se está pariendo y no nos dimos cuenta. Después de noviembre del año pasado el peronismo ya no será el mismo. Y Macri, el emergente de la nueva demanda, todavía busca su propio perfil. En ese camino estamos.
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