Macri, entre lo que hizo y lo que quería la gente que lo voto
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Cuanto más se acerca la elección aumenta la demanda de definiciones. Y en la carrera por ser lo más fiel posible a las bases que lo hicieron Presidente, es inevitable que Macri empiece a transitar ese camino.Por Jorge BarroetaveñaRecogiendo el guante que le tiro Elisa Carrió por la cara, el jueves, en una entrevista publica en el Colegio de Abogados, arremetió abiertamente y por primera vez contra los jueces federales, esos que con Julio De Vido, 'no se meten'.Es que Macri, con su gradualismo a cuestas, arrastra una contradicción entre lo que ha hecho y lo que dijo durante la campaña. No solo de economía vive el hombre. Buena parte de la masa de votantes que lo llevaron a la Presidencia le dio un mandato, no explicitado pero si inconsciente. Y tan fuerte como improbable: que la ex presidenta vaya presa. Así como al núcleo duro del kirchnerismo le gustaría ver a Macri terminando como De la Rúa, arriba de un helicóptero, el núcleo duro de Cambiemos también desea fervientemente ver tras las rejas a Cristina. No se trata de una cuestión de estricta justicia, en la mayoría de los casos tiene olor a venganza.A esta altura no son pocos los que le reprochan al Presidente su escasa decisión para 'limpiar' la justicia federal y no propugnar lisa y llanamente la cárcel para su antecesora. Hace pocos días el periodista Jorge Lanata puso blanco sobre negro cuando reveló que la actual administración resolvió no mandar presa a Cristina, como si eso, en un sistema republicano fuera lo normal, olvidando que existe, o debería existir, la independencia de poderes.Pero si algo ha demostrado Macri en su trayectoria política es olfato para percibir por dónde pasan las demandas, y la institucional sigue plenamente vigente. Por eso su empeño en mantener viva la grieta con Cristina de un lado y el del otro, revolviendo el cuchillo al recordarle a la gente los casos de corrupción del anterior gobierno y que la justicia remolona tarda en investigar, al menos al ritmo que él quisiera.Claro que los desafíos de ir con el cuchillo a fondo en estos temas, podría hacer caer a buena parte del famoso círculo rojo, en especial empresarios, que se prestaron a perverso juego de la coima durante tantos años. Hasta la propia fortuna presidencial se amaso en gran parte merced a la creación de la patria contratista, de la que se han servido los grandes empresarios de la Argentina.El Caso Odebrecht, el mayor escándalo de corrupción mundial de los últimos años, desnuda hasta donde los políticos y los empresarios han confluido para hacer negocios, borrando la línea entre lo público y lo privado. Para coimear, como en el amor, hacen falta dos dispuestos a hacerlo. A los tropezones, en la Argentina vamos conociendo de a poco la primera parte de la historia, la de los funcionarios y valijeros, pero de la segunda poco y nada se sabe. Salvo la deshonrosa excepción de Lázaro Báez, cuya visibilidad ha sido flagrante, hasta para sus defensores, el resto permanece oculto, en el anonimato, escudado en la complicidad del sistema. Quizás Julio De Vido sea el máximo exponente.Hacia allí le apunta el gobierno que busca disimular la palidez de la economía. Si le alcanzara para ganar las elecciones es una incógnita. Sin saber incluso quienes serán candidatos y cual será el destino de Cristina Kirchner, que pelea contra la resistencia de Florencio Randazzo, el hombre que la acompaño ocho años y ahora se le dio vuelta.Es sorprendente el recorrido político de la ex presidenta que se niega a hacer una mínima autocritica de la derrota del 2015. Es probable que el macrismo sea un desastre manejando la economía, pero si no hubiera sido por los desaguisados de Kicillof, Moreno y compañía, nunca hubiera sido gobierno. Ni de la Nación ni la de la vasta e inexpugnable Buenos Aires.Si con esa fórmula, perdieron la elección, ¿no habría que cambiarla? Insistir con lo mismo es una rara mezcla de tozudez e ignorancia, extraño para una mujer sabia como Cristina. Randazzo no luce como rival de peso, pero tiene una gran carga simbólica.¿Aceptara la ex presidenta bajarse al barro de la interna y exponerse a un papelón? Sería como jugar en la B, para alguien que siempre fue capo de la A. Pero así es la derrota. Todavía están pagando los errores políticos y económicos del 2015 y la escasa tolerancia que el peronismo tiene para los perdedores.El dilema del kirchnerismo tiene que ver con su propia existencia. ¿Quién sino la mismísima Cristina para asegurar su cuota de poder e influencia, traducida en presencia en los órganos legislativos? Otro escenario obligaría a una retirada fuerte que la debilidad del núcleo duro quizás no pueda soportar.Es una encrucijada que también deberá evaluar el futuro, con la mirada en 2019. Si no hay 2017, ¿puede haber 2019? Es la misma duda que atormenta a Sergio Massa que todo indica que será candidato pero todavía no lo quiere confirmar. ¿Cuántos de los que hoy están con él, tienen predisposición para sostenerle la vela dos años más sin que se juegue a quedarse con el peronismo? En política no siempre se puede hacer lo que uno quiere, sino lo que la circunstancia impone. Es un axioma que, más allá de la experiencia, Massa, Cristina y Macri están sintiendo en carne propia.
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