Mafia, esa palabra que connota lo peor
Habitualmente el término "mafia" se emplea para nombrar a grandes grupos dedicados al crimen organizado. Pero también podría describir al poder político que no se rige por criterios de justicia. "Organización secreta de criminales originaria de Sicilia, que se caracteriza por emplear la violencia, la intimidación y el chantaje". Esa es la definición que da de la mafia el diccionario de la Real Academia Española (RAE).Por extensión, cualquier sociedad clandestina que emplea métodos ilícitos entra dentro de la definición. Y de hecho se diría que hay tantas mafias como negocios sucios existen y no hay país que no sufra su flagelo.La mafia nació en la región de Sicilia, en Italia, en donde se autodenominó Cosa Nostra. Organizados en clanes o familias, sus miembros se llamaron "mafiosos", es decir, "hombres de honor".Esto hace alusión a la ley del silencio (omertá) que prohíbe bajo pena de muerte ventilar los delitos que lleva a cabo la organización mafiosa. De esta manera, los que están sujetos a este código no suelen ver, oír y menos aún decir nada.Así, se habla de "omertá" para referirse a los pactos de silencio, explícitos o tácitos, que existen en muchas organizaciones, y que a veces sirven para encubrir delitos y delincuentes.La temática mafiosa se ha convertido en uno de los grandes géneros del cine norteamericano, con sus típicas situaciones de grandes "capos", policías corruptos, tiroteos en plena calle y ajustes de cuentas, de lucha interna entre los clanes, y demás.Un ícono del género es "El padrino", la película de 1972 dirigida por Francis Ford Coppola, que narra la historia de la familia Corleone.Allí aparece algo inquietante: la mafia pude ser popular. Porque una vez que ella controla un territorio, ofrece beneficios sociales y protección a sus habitantes, éstos prefieren el "orden" mafioso a cualquier otro.Hace poco el Papa Francisco recibió a familiares de víctimas de la mafia italiana. Oportunidad en la que envió un mensaje a los criminales: "Siento que no puedo acabar el discurso sin dirigir una palabra al gran protagonista de hoy: los hombres y mujeres mafiosos. Por favor, cambien la vida. ¡Conviértanse! ¡Dejen de hacer el mal! Esta vida no les dará alegría ni felicidad".Y señaló el pontífice: "El poder y el dinero que ahora muchos tienen por negocio sucio son poder y dinero ensangrentado. Ese poder ensangrentado no se puede tomar para la otra vida".¿Pero el término mafia sólo es aplicable a organizaciones privadas que se dedican a los negocios sucios? La pregunta es pertinente porque el fraude, la estafa, el robo, la violencia, y la ley del más fuerte es una constante en las sociedades de ayer y de hoy.Inspirado en las atrocidades del Imperio Romano, San Agustín (354-430 dC.) decía que si se remueve la justicia, los reinos no son más que bandas de criminales a gran escala, mientras que las mafias serían pequeños reinados."Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de criminales a gran escala? Y esas bandas ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada", escribió.Y añadió: "Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos. Abiertamente se autodenominan entonces reino, título que a todas luces les confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda".
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