Manuel Belgrano, más allá de la bandera
El creador de la bandera nacional y protagonista de las guerras de la independencia entre 1810 y 1820, fue un patriota ejemplar que no se sirvió de la función pública en provecho personal y trabajó para superar el atraso del país.Es menos conocida la actuación de Manuel Belgrano en los años previos a la Revolución de Mayo. Sobre todo en la etapa en la que se desempeño como secretario del Consulado de Buenos Aires, durante el Virreinato del Río de la Plata.Desde allí fue el difusor de las nuevas ideas económicas en boga hacia fines del siglo XVIII, orientadas al avance de la agricultura, la introducción de máquinas y el fomento del comercio.Mientras estudió abogacía en Salamanca y Valladolid, y en virtud de que dominaba los idiomas francés, inglés e italiano, Belgrano se familiarizó con la literatura económica de la época: los mercantilistas, los fisiócratas y "La riqueza de las naciones", de Adam Smith.Seguramente tuvo entre sus lecturas los escritos de Francois Quesnay (1694-1774), fundador de la escuela fisiocrática, cuyo lema era "campesinos pobres, reino pobre; reino pobre, rey pobre".Aunque supo ver la importancia del comercio y la manufactura, en tanto actividades creadoras de empleo, como parte de su formación económica el héroe de Mayo consideraba que la agricultura era un pilar fundamental del progreso económico.La agricultura era sinónimo de civilización, apego a la tierra, trabajo metódico, derechos de propiedad y progreso económico. Belgrano sobre todo enfatizó el papel que juegan la educación y la capacitación técnica, para el entrenamiento de los agricultores.La educación significaba, según su concepción, eficiencia, creatividad, desarrollo del potencial humano y libertad.Esta concepción empalmaba con otra de sus preocupaciones: combatir la haraganería. Belgrano tenía bien en claro la relación entre educación, trabajo y situación social. (Hubiera condenado el asistencialismo estatal).Sus biógrafos resaltan que mientras estuvo en el Consulado, nuestro personaje no se tentó ante la posibilidad de obtener cuantiosos beneficios económicos desde la comodidad de su cargo burocrático.Luego vendría la hora de la emancipación y Belgrano se destacaría también como funcionario del gobierno patrio, a veces desempeñando tareas para las que no se había preparado, como la de ser militar.Pero siempre con un claro sentido del deber público y del rol que le tocaba jugar en ese momento. De ahí que su figura fue mucho más allá de la creación de la enseña patria.Vista desde esta perspectiva, su figura cobra mayor relevancia, ya que cuando le tocó salir de atrás del escritorio y brindar sus servicios al país desde el campo de batalla, lo hizo con igual entrega y sacrificio.Nunca buscó sacar provecho de la función pública para mejorar su situación personal; es más, en muchas ocasiones necesitó pedir dinero a sus amigos para poder comer.Según el testimonio de su amigo José Celedonio Balbín, la casa que se mandó hacer en la Ciudadela en Tucumán, cuando comandaba el Ejército del Norte, tenía techo de paja y por todo mobiliario doce sillas de paja, dos bancos de madera, una mesa ordinaria y un catre de campaña con un colchón raquítico y siempre doblado."Se hallaba siempre en la mayor escasez, así es que muchas veces me mandó pedir cien o doscientos pesos para comer. Lo he visto en diferentes épocas con las botas remendadas", relató.
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