Mar de dudas: la oposición todavía no sabe cómo enfrentar al peronismo
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El cimbronazo de las declaraciones de Carrió apenas puso blanco sobre negro en una situación que existía de hecho. Es que el debate opositor sobre cómo enfrentar al gobierno el año que viene todavía no está zanjado, menos suponiendo la fortaleza de un adversario que tiene varias caras y muchas intenciones de seguir en el poder. O con el poder.Jorge Barroetaveña En el 2011, cuando la actual Presidenta se alzó con el 54% de los votos buena parte de la oposición la subestimó. Pensaron que, después de la derrota del 2009, el kirchnerismo era un fenómeno en retirada y alcanzaba con plantarse como alternativa para hacerle frente. Flaco favor le hicieron Binner, Alfonsín y compañía cuya estrategia sólo sirvió para dinamitar el voto opositor y hacer más grande aún la victoria electoral del oficialismo. El año que viene, habrá una vuelta de tuerca, fiel al estilo del peronismo: crear su propia oposición.Como la UCR y el Socialismo han sido incapaces en estos años de generar una alternativa opositora competitiva y crear un liderazgo fuerte y aglutinador, el peronismo acabó por hacer lo que su historia le manda: el año pasado, alguien que formó parte del gobierno ocupando cargos clave, se quedó con buena parte del mandado, tanto que sus chances ahora van por el premio mayor, que es la Presidencia de la Nación.Los dilemas radicales, que ahora también incluyen a los socialistas, tienen raíz profunda en la crisis de partidos políticos que vive la Argentina desde por lo menos 15 años. Antes incluso que la eclosión del 2001, cuando la crisis dinamitó el sistema política y dejó temblando las instituciones. El último registro claro de bipartidismo peronista -radical hay que buscarlo en 1.989 cuando Menem le ganó a Eduardo César Angeloz. En 1995, apareció el FREPASO que se terminaría comiendo la Alianza con los radicales y ya nada volvió a ser lo que fue. La referencia de Raúl Alfonsín mantuvo cierta formalidad, pero su pérdida de influencia fue sumiendo al radicalismo en la oscuridad. El fracaso de De la Rúa fue el golpe de gracia del que todavía no han podido recuperarse. En el medio claro debieron enfrentar las tribulaciones del peronismo que, cuando le conviene es de derecha, de izquierda o de centro. Agravado el paso del tiempo con el vaciamiento ideológico de la clase política y la farandulización de buena parte de ella. Y los radicales todavía luchan por adaptarse a eso. Buscan ganar con las viejas armas, sin darse cuenta que el adversario mutó y no es el de otrora. Como esos boxeadores que corretean arriba del ring. Cuando la oposición enarbola el mandoble, quiebra la cintura, hace una finta, y el golpe le hace vientito. Ese es el peronismo, aún inasible para la vieja concepción del radicalismo.Lo que plantea Elisa Carrió es tan simple como perverso: utilizar las mismas mañas que llevaron al peronismo al poder y le han permitido profundizar su estancia. A esta altura, no se trata de una cuestión ideológica, sino republicana. Para Carrió no se trata de izquierda o derecha, sino de república o autoritarismo. Medido, en esos términos, debería darse el debate que se resume en apenas tres palabras: vocación de poder.Esta vocación de poder es lo que ha sobrado en estos años en el oficialismo y sus distintas vertientes. Esa laxitud ideológica, le ha permitido ir de un lado a otro sin ponerse colorado, ni tampoco recibir condena social alguna, salvo cuando el cinturón de la economía empieza a ajustar.Es que el debate opositor bien podría darse en estos términos. ¿Cuáles son las motivaciones de la sociedad a la hora de elegir a sus representantes? ¿Qué es lo que se premia? En medio de estas dudas pernoctan las intenciones de la oposición y se tiran los platos por la cabeza. Indirectamente ayudan pues a consolidar las tres candidaturas que hoy parecen impuestas por el establishment, Scioli, Massa y Macri, aunque no se sabe bien en qué orden. Si a los tres se los pasa por la zaranda de la opinión pública no tienen grandes diferencias, ni en sus discursos ni en sus actos. Parecen copias un poco más prolijas del kirchnerismo, que todavía los condiciona con el poder que le queda.Radicales y socialistas miran absortos como muchas de sus banderas, las blandes partidos ajenos que estaban en las antípodas ideológicas. Aunque ellos mismos no quedan a salvo de las contradicciones. ¿Es lo mismo el Aguad conservador de Córdoba que el Alfonsín progresista de la Provincia de Buenos Aires? ¿Es lo mismo Morales de Jujuy, foto con Massa incluída, que el Cobos (ex vice de Cristina) de Mendoza? En esa confusión habitan las dudas de buena parte de la oposición que no es peronista.Carrió plantea una alianza grande para ganar, sin saber muy bien qué van a hacer si llegan a ser gobierno. El resto, la mayoría, todavía siente en carne propia el fracaso de la Alianza y no quieren reeditarlo. En el medio el peronismo y sus múltiples caras se mueve a sus anchas. Si no es por derecha, será por izquierda y si no es por izquierda será por el centro. Y si no hay que cargar de ideología el discurso, también. Lo que prima es la vocación de poder.Son tiempos de liderazgos light los que se vienen, al menos es lo que demuestran los que se plantan para ese desafío. En el truco, mal que nos pese, un juego que refleja bien nuestra idiosincrasia, suele ganar el que mejor miente. No es necesario tener siempre el as de aspadas para cantar victoria. Algunos todavía no se dieron cuenta de eso. Les falta esa determinación que se necesita para vencer a un adversario poderoso. Y cada vez queda menos tiempo.
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