María Eugenia Vidal se corta sola pero Buenos Aires queda en capilla
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Cambiemos ha tenido una extraña habilidad para autogenerarse los conflictos. Las diferencias con Carrió no son nuevas, aunque no parece el mejor momento para exponerlas. Con el dólar en aguas calmas desde hace días pero una recesión económica galopante, la pelea no llega en el mejor momento. ¿Será Macri finalmente el candidato a Presidente del oficialismo en el 2019?
Jorge Barroetaveña
La pregunta corroe los pensamientos oficiales. Merced a la crisis desatada a principios de año y que todavía no alumbra final, el interrogante azota las mentes de las usinas generadoras de Cambiemos. Y las encuestas, esos oráculos sacrosantos que en política muchos leen como la verdad rebelada, suman a las dudas. ¿Por qué? Desde hace días los equipos de Durán Barba tienen datos de los principales distritos del país. En rigor, los tienen casi a diario, pero los últimos fueron particularmente inquietantes. Desde hace tiempo que María Eugenia Vidal encabeza todas las encuestas de imagen positiva. Pese a la crisis, y al costo que paga por estar al frente de la Provincia de Buenos Aires, su imagen se mantiene y alta y es, por amplio margen, la dirigente mejor considerada de Cambiemos. Ese fenómeno, sazonado en Buenos Aires, ha comenzado a extenderse al resto del país. Vidal tiene números altos en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos y goza de amplios niveles de conocimiento en todos los distritos. Otro dato inquietante es que la brecha entre ella y el propio Presidente se ha ensanchado notablemente en las últimas semanas. Los que hace un año era probable, la reelección de Macri, hoy está bajo sospecha profunda.
Claro que la jugada de subir a Vidal a la Nación podría abrir la puerta de una derrota en la estratégica Buenos Aires. Nadie le asegura a Cambiemos que con su sola presencia en la boleta Vidal arrastrará a un eventual candidato bonaerense. El riesgo es que pase lo que pasó siempre: que el peronismo vuelva a hacer pata ancha en el distrito más grande del país, allanando su regreso a la Casa Rosada. Algo que no sería extraño en el marco de una crisis cuyo final todavía está en la bruma.
En este contexto de dudas, no parece haber sido el mejor momento elegido por Carrió para sacudir el árbol. También es cierto que, aún estamos lejos de la campaña y es el momento de explicitar las diferencias. La fundadora de Cambiemos, en cada turno electoral, ha sido consecuente con la estrategia trazada, alambrando sus diferencias y reconociendo que el liderazgo es el del Presidente.
Carrió se ve a sí misma como la garante del pacto que una parte muy importante del electorado selló en 2015 con Cambiemos. Sabe que la motivación de aquel voto fue de reclamo de calidad institucional y promoción de transparencia en la política. "Y que los ladrones vayan presos", no se cansa de sostener cuando le preguntan.
En la política argentina existen dos mitos: que Carrió es 'loca' y que Macri no ejerce su autoridad. El primero es casi folklórico a esta altura sobre alguien que ha sido clave en la política argentina de los últimos 25 años. Suele ser además un latiguillo para descalificar a cualquier mujer. Con Macri pasa algo similar, y es un mito que estimulan desde el peronismo con afán de descalificarlo. Al cabo es inquietante que alguien con tan escaso poder de decisión haya podido desbancar al peronismo, que lo ha ejercido como nadie, con sus múltiples caras en los últimos 60 años, sobre desde 1983 a esta parte.
Con el Presidente, en un país presidencialista como este, el tema de la autoridad es algo delicado. Más en momentos de crisis. Por eso, los planteos de Carrió quedaron fuera de foco y colocaron en el centro de la escena el liderazgo presidencial y la forma de ejercerlo. Macri no responde a los cánones tradicionales de un político formado al calor de la militancia o un cargo en el Estado. Algunos lo juzgan a partir de los viejos formatos y se equivocan. Si su liderazgo es efectivo, sólo lo dirá el tiempo, y los resultados, claves para cualquier gestión de gobierno.
Carrió no va a romper Cambiemos. Macri no va a romper con Carrió porque es la garantía que lo une a una parte del electorado que siempre lo miró de reojo. Es, al final, una cuestión de supervivencia mutua.
Por supuesto que todas las especulaciones se acaban cuando la economía se presenta. Es difícil imaginarse un tránsito calmo de Macri hacia su segundo mandato si los números del INDEC no muestran algo. Los optimistas se aferran a los números actuales que, pese a todo, lo sostienen como el candidato más votado. En primera vuelta, porque en segunda los escenarios son cambiantes. Se ilusionan con un albur apenas y con que lo que haya del otro lado sea más de lo mismo.
Pero más errores no forzados llevarán a Cambiemos a una situación de escaso retorno. Será como Cristóbal López le gritó a Germán Garavano: "el año que viene, ganamos y son ustedes los que van a estar acá...". El grito retumbó fuerte en el Penal de Ezeiza. Garavano dijo que no lo escuchó. Habrá que ver qué piensa la gente.
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