Más allá de un objeto para hacer llamadas
El lugar que ocupan los celulares en la vida de las personas los ha vuelto casi imprescindibles. El miedo irracional a salir de casa sin ellos ya tiene un nombre científico: nomofobia.En Argentina hay más aparatos habilitados que personas. Unos 46 millones de líneas contra unos 44 millones de habitantes. Se trata de una proporción que se repite en otros lugares del planeta.El punto es que esta tecnología se ha vuelto tan omnipresente, está tan metida en la vida cotidiana, que se está revelando como indispensable, tanto como cualquier función orgánica.Hay estudios empíricos que avalan que estos aparatos ya son más importantes que el documento de identidad, las llaves del auto, el registro de conductor o la tarjeta de crédito.Las conductas que acompañan su uso delatan dependencia. Por ejemplo, mirar varias veces al día si el móvil está encendido, si hay mensajes de texto o llamadas perdidas.Llevar el celular a todas partes, incluso al baño, es lo más común. Por eso hay gente que se paraliza con solo pensar que podría perder el celular. O tiene miedo de olvidárselo o de que se lo roben.Quienes sufren esta angustia han superado el límite. Esa frontera que marca que ya el individuo no domina el artefacto, sino que éste tomó el control. Nomofobia es el nombre que describe el trastorno caracterizado por la angustia y el miedo a no poder comunicarse por teléfono.El término es una abreviatura de la expresión no-mobile-phone phobia que apareció en Gran Bretaña en 2008, con motivo de la publicación de los resultados de una encuesta sobre la relación de los usuarios con sus teléfonos. En esa medición, el 53% de los británicos dijo que estaba ansioso cuando no tenía su teléfono.Para los nomofóbicos tener el teléfono móvil a la mano es tan importante como beber agua o poder comer. De lo contrario se sienten inseguros, nerviosos y con palpitaciones aceleradas.Hay especialistas que se niegan a considerar esta conducta como patológica. Eso cree la socióloga Catherine Lejealle, especialista en los usos de las nuevas tecnologías."El término adicción o fobia -sostiene- está mal utilizado. No podemos considerar la nomofobia como una patología, ya que no causa sufrimiento físico en caso de abstinencia. Es más correcto hablar de angustia", señala.Como sea en Estados Unidos los celulares se han sumado a la lista de las tecnologías que producen adicción, como los videojuegos. Y se han puesto a la par de otros comportamientos compulsivos, que involucran el alcohol, las drogas, el juego, el trabajo o la compras.De hecho en ese país ya funciona una clínica dedicada exclusivamente a estos nuevos casos tecnológicos que afectan particularmente la vida afectiva de las personas.En tanto hay trabajos que indican que el uso adictivo de los celulares afecta la productividad, la eficiencia y la dedicación en el trabajo, como ha reconocido en un reciente artículo Julián de Diego, especialista de Recursos Humanos de la UCA."Es frecuente observar a muchos dependientes de las organizaciones más variadas distraídos o concentrados en su celular", refiere.Todo esto demuestra que el teléfono se ha convertido en mucho más que un aparato para hacer llamadas. El hecho de que contenga agendas, fotos, direcciones, música, mensajes, hace que muchas funciones emocionales de las personas se hayan injertado en los aparatos.Esto lo saben sobre todo los fabricantes, que invierten sumas fabulosas para modernizar el teléfono móvil, convirtiéndolo en el nuevo fetiche de la actual sociedad tecnológica.
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