Más pendientes de los eventos climáticos
La ola de intenso calor vivida en Argentina, con su amarga secuela en la vida (muchas personas padecieron la falta de luz y agua), no sólo hizo desear como nunca el bálsamo de la lluvia, sino que reveló la dependencia humana de los entornos medioambientales.Los fenómenos naturales extremos, que nos dejan en gran medida inermes ante el destino, suelen tener la virtud de recordarnos que somos parte del cosmos, y que lo que ocurre en el cielo puede afectar dramáticamente nuestras vidas.La persistencia de las altísimas temperaturas en el verano argentino -un evento que según los meteorólogos tiene pocos antecedentes- acaso haya hecho dudar a algunos del misterioso equilibrio del cosmos."¿Cómo, es que no volverá la lluvia a traer el alivio?", habrán pensados quienes, resignados al suplicio del calor africano, pusieron en duda la doble faz del clima, sugiriendo que ya nada aplacaría los calientes días.Pero el agua finalmente vino y con ella el descenso de la temperatura. La regularidad de la naturaleza garantizó, una vez más, el bienestar de nuestros cuerpos. Es decir, así como "siempre que llovió, paró", a las altas temperaturas le sigue inexorablemente el bálsamo del fresco.Mientras en el sur del continente americano fuimos virtualmente metidos en un horno, una inédita ola polar azotó a Estados Unidos y Canadá, llevando las temperaturas a mínimos que en algunos casos superaros los 40°C bajo cero.Los norteamericanos, en suma, padecieron un fenómeno natural extremo, pero de signo contrario al sufrido por los sudamericanos. ¿Una advertencia a los incrédulos de que el hombre, a través de la economía, ha producido tamaño desquicio ambiental?La cuestión peliaguda del cambio climático, como es lógico, ha saltado a la palestra en este contexto donde la vida humana es sometida a severas condiciones medioambientales.El patrón climático es otro, refieren los científicos. Y lo que estamos viviendo, en el sur y en el norte, es una mutación que impacta en las personas. Y puede provocar un aumento de la frecuencia de eventos extremos, como las olas de calor, o las olas de frío.Los acontecimientos climatológicos no acaban allí: a la ola de calor se sumó en Argentina estos días una tormenta eléctrica que se desencadenó en Villa Gesell, y que causó 4 muertos y 22 heridos.Las estadísticas muestran que en el país unas 50 personas mueren cada año por la caída de un rayo, y los expertos nos anotician de que las tormentas eléctricas, producto también del cambio climático, se intensificarán en el futuro.El hombre contemporáneo, que vive en entornos artificiales, a resguardo de las penurias que sufrían sus ancestros, siempre lidiando con la escasez y los desafíos de la naturaleza, se halla paradójicamente amenazado por las inclemencias del cielo.Quizá es hora de que reconozca que, a despecho de su orgullo urbano y técnico, todavía es parte del cosmos, y como tal está a merced de los acontecimientos celestes, una creencia bastante olvidada.El hombre de la antigüedad, por ejemplo, postulaba la existencia de una relación de todas las cosas, incluido el fenómeno humano, con el Cosmos. Para él ese universo entero estaba contenido en un grano de arena. Y todo cuanto ocurría en las estrellas repercutía aquí abajo."Este universo es un animal único que contiene dentro de sí a todos los animales (...) Sin estar en contacto, las cosas actúan y tienen necesariamente una acción a distancia", escribió el filósofo Plotino (siglo III).
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