Más urbanos y más lejos de la naturaleza
Varios estudiosos de la civilización sostienen que a la par que las ciudades crecen en tamaño y población aumenta un sentimiento de nostalgia hacia las raíces ecológicas.Se cree que hoy la mitad de la población mundial reside en entornos urbanos. Y dado que la migración rural a las ciudades es algo irrefrenable, se estima que la urbanización casi completa será la marca distintiva del siglo XXI.Se trata de un fenómeno que describe una excepcionalidad antropológica. Porque por primera vez en la historia humana la población rural está dejando de ser la más numerosa.Mientras el proceso es visto como un éxito civilizatorio -porque se parte del supuesto de que la urbanización lleva aparejada una mejora de las condiciones de existencia material de las personas- los desbordes encienden las alarmas de los organismos internacionales."En los próximos 40 años los niveles de urbanización se habrán incrementado dramáticamente, con un 70% de la población del planeta viviendo en áreas urbanas en 2050", refiere la ONU.A través de sus trabajos, ese organismo viene llamando la atención sobre dos aspectos de esta tendencia: la igualdad y la sostenibilidad. Vivir con las comodidades de la ciudad tiene, al parecer, un alto costo.Por lo pronto, supone exprimir todavía más las energías y recursos disponibles en la naturaleza. Y esto cuando el actual ordenamiento humano ya está dejando desequilibrios preocupantes.La tala de los bosques tropicales, el uso indiscriminado del agua dulce, la eliminación de dióxido de carbono en la atmósfera a un ritmo mucho más acelerado del que la tierra y los océanos pueden absorber están trasformando peligrosamente los sistemas vitales del planeta.¿Cuántas más alteraciones sufrirá la Tierra, entonces, en un contexto de máxima urbanización? Esta tendencia imparable, según la ONU, agudizará también la desigualdad social, fuente de inconformidad y de inseguridad. Todo lo cual preanuncia un "efecto desestabilizador en las sociedades".Al margen de estos tópicos, mientras más gente desea vivir en las ciudades más siente la enorme nostalgia por la naturaleza perdida. La experiencia de un espectáculo natural en estado puro se está convirtiendo en una rareza.De ahí se explica, por ejemplo, la expansión de un negocio mundial como el ecoturismo. Ir a un paraje alejado o agreste se ha convertido en un atractivo para aquella gente protegida por los espejismos artificiales de la ciudad.Tener una experiencia ecológica puede significar conectarnos con recuerdos remotísimos o despertar en nosotros nostalgias que conectan con nuestra condición de seres terrestres.En esos contactos se toma dimensión de cuánto nos hace falta la naturaleza, y de lo gravoso que significa su alejamiento en términos de salud física y mental. La palabra "nostalgia" resume bien este fenómeno psicológico.Según el diccionario, es la "tristeza melancólica por el recuerdo de un bien perdido". En este caso, estaríamos en presencia de una melancolía por el recuerdo de ese bien ausente que es la naturaleza.Resulta que los seres civilizados modernos, adictos a las comodidades que ofrece la vida urbana, padecemos una enfermedad mental extraña, asociada al hecho de haber salido de la naturaleza.La civilización actual -construida por una generación materialista dedicada al comercio y la industria- está alejada del entorno vital en donde fue puesto originariamente el hombre.
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