¿Massa? ¿Alberto Fernández? ¡Teléfono! Cristina quiere que le den una manito
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Quiere llevarse puestos a todos. Así lo dejó explícito la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su último paso por tribunales, donde dio explicaciones ante la acusación de una maniobra orquestada para saquear las cuentas del estado. "¿Soy yo? Entonces somos todos...", pareció razonar la ex mandataria. Jorge Barroetaveña En rigor la modificación de la estrategia judicial de Cristina ya se venía insinuando desde hace tiempo. La recurrencia del pedido de investigar toda la obra pública y sobre todo a los empresarios que fueron protagonistas durante su gobierno no tenía un sentido ingenuo. Saben que, al abrir el abanico, más gente podría verse involucrada y empezar a conspirar al cabo, para que nunca se sepa nada. Aunque esta vez, le dieron una vuelta de tuerca a esa estrategia que se instaló más allá de Calcaterra, el primo de Macri. Todos los Jefes de Gabinete kirchneristas quedaron en la mira. El primero, Alberto Fernández, a quién Cristina aborrece. El segundo, Sergio Massa. Traidor para ella y uno de los que la quieren tirar por la ventana, aunque es justo reconocerlo, el tigrense siempre ha sido cuidadoso con las formas para dirigirse a su antigua jefa. En la lista siguen Aníbal Fernández, Juan Manuel Abal Medina y el inefable y recordado 'Coqui' Capitanich, hoy refugiado en la intendencia de Resistencia.La ex mandataria recordó con precisión suiza que fueron ellos, tal como marca la Constitución, los que ejecutaron el presupuesto y tomaron decisiones. Incluso habría que sumar a los legisladores nacionales y a los responsables provinciales, sobre todo a los gobernadores.El ovillo que Cristina dejó sobre el escritorio del Juez Ercolini es largo como esperanza de pobre pero, si empiezan a tirar de él es probable que no quede títere con cabeza. Massa y Alberto mandaron a decir que no les preoucupa lo que diga Cristina. Alberto guarda una vieja inquina con ella, a quién acusa de haber despilfarrado todo lo que Néstor construyó. Acusado en el entorno de la ex presidenta de ser el 'delegado' del Grupo Clarín, Fernández sólo emite incomodidad cada vez que se le plantea el tema. ¿Pudo ser Jefe de Gabinete e ignorar todo lo que estaba pasando en materia de corrupción, aún durante el primero gobierno de Néstor? Ese es el interrogante que queda flotando y la duda, como siempre, es la peor enemiga de la confianza.Sergio Massa, que tuvo una meteórica carrera desde el ANSES que lo depositó en la Jefatura de Gabinete, ya bajo el mandato de Cristina, tampoco nunca se dio cuenta de lo que pasaba? Los elefantes le desfilaban por las narices y jamás se atrevió a preguntar cómo venía la mano? Los puntillosos recuerdan un detalle no menor de aquellos años de gloria del kirchnerismo: Roberto Lavagna, el ministro de economía que Néstor ratificó pese a ser nombrado por Duhalde y fue el piloto de tormentas de los primeros años, se fue de la función denunciando la 'cartelización' de la obra pública. ¡Epa!. Lo supo y lo dijo Lavagna, ¿y todos los que estaban o vinieron después tampoco se dieron cuenta?Cristina y Zaffaroni tampoco desconocen que la figura de la asociación ilícita, aunque los fiscales hablan de 'plan siniestro' y no utilizan esos términos, es difícil de probar. Que sus límites son difusos y nunca ha habido una condena por eso. Abriendo el abanico pues, la red se debilita pero, aunque suene contradictorio, las complicidades se fortalecen.José López, el campeón olímpico de lanzamiento de bolsos con dólares, y en sus tiempos libres Secretario de Obras Públicas de la Nación, refrendó la estrategia de su jefa y habló directamente de todos los empresarios de la construcción. Es más, los invitó a un careo y a decirle en la cara si alguna vez les pidió plata. El 'cri-cri' del otro lado se siente desde hace rato y nadie quiere abrir la boca.En Brasil, Obredecht, la constructora más importante pena acusada de distintos delitos vinculados a la obra pública. Su dueño y toda la cúpula purgan una condena de varios años. Los negocios de Obredecht en la Argentina fueron grandes. Quizás se portaron mal en su país de origen y bien en la Argentina. Lopecito al menos no piensa lo mismo.Esta causa y las de los hoteles, son las más complicadas para le ex presidenta y las que podrían terminar con múltiples procesamientos. Como la aguja eletoral sigue corriendo todos especulan con los que resolverá la justicia y hasta dónde impactará en el proceso político. Lo cierto es que, si de enchastres se trata, y hay predisposición para hacerlo, no se salva nadie. Y son unos cuantos los que tendrían que ir poniendo las barbas en remojo.Mientras el show judicial campea, el gobierno de Macri avanza a los tropezones. Esta semana al menos consiguió media sanción para su primer presupuesto, después de haberse entregado de pies y manos al Frente Renovador. Massa baila bien con esa circunstancia. Tiene varias caras. Una, más dura y socarrona es la que le muestra a la Casa Rosada. Otra, más tierna y menos hostil, es la que le brinda a María Eugenia Vidal en Buenos Aires. Las dos tienen algo en común: no inspiran confianza. Pero, como esto es un juego de necesidades mutuas, donde todos se necesitan un poquito, por ahora marcha. A los tropiezos, pero marcha.En el medio los muchachos se mandan algunas guarradas como el aumento del 47% de los legisladores. La inoportunidad de la decisión dejò expuestos a todos, tanto que debieron dar marcha atrás, al menos es lo que se anunció públicamente, porque la composición del sueldo de estos muchachos permite muchas licencias.Neutralizada la CGT con el paro, la CTA también hizo lo suyo. La foto de D'Elía, Boudou, Esteche y Mariotto, mojándose las patas en la fuente de Plaza de Mayo, es la postal peronista más fiel que el kirchnerismo puede presentar. Poco después de esa escena, y en el medio del acto de protesta contra el gobierno, Pablo Micheli pidió que los bajaran del palco. Le daba vergüenza ajena. Después vino Hugo Yasky que se dedicó a echarle la culpa a los 11 meses de gestión macrista, ignorando puntualmente todo lo que pasó antes. De semejante confusión, es poco lo que se puede sacar en limpio. O sí. Lo ayudan a Macri a surfear la ola hasta que llegue a la tierra prometida. Aunque esa será otra historia.
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