Massa busca su propio techo y quedarse con todo el peronismo
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La ley antidespidos ha servido para empezar a recrear los anticuerpos del peronismo. Pasados los primeros meses de impacto de la derrota electoral, todo vuelve a reacomodarse, para preocupación oficial y beneplácito sindical, algo que hace unos cuantos años no sucedía.Jorge Barroetaveña¿Hasta dónde llegará el amor? Difícil saberlo con certeza, aunque hay unos cuantos indicios.La profundidad y extensión del ajuste que tuvo que encarar la nueva gestión nacional, ya deja entrever los primeros síntomas de fatiga en el cuerpo político. No en el oficialismo, donde la UCR todavía pelea por no desdibujarse definitivamente ante el poder de su aliado, el PRO, sino en la oposición peronista que, a los tumbos, avanza hacia una reunificación. El primer indicio que actuó como disparador es la polémica ley antidespidos, pedida por los sindicatos, resistida por el gobierno, pymes y empresas y ahora impulsada por todo el amplio espectro peronista. El fin de semana pasado, por primera vez, los contactos entre el kirchnerismo y Sergio Massa transitaron caminos serios. Massa, considerado un traidor entre los cristinistas, sigue coqueteando con su rol de garante de la gobernabilidad y parece dispuesto a extender sus fronteras. Con la base del acuerdo con el espíritu de la ley, se juntó con Miguel Pichetto en el Senado y espetó su primera definición: si no pueden incluir en Diputados los cambios que proponen a la iniciativa, la terminará votando tal como fue aprobada en la Cámara Alta. Primer golpe para su desconfiada relación con Mauricio Macri.Massa y Macri fueron alguna vez aliados. Hace un par de turnos electorales celebraron un acuerdo en la Provincia de Buenos Aires. Massa, gran ganador, desconoció luego ese acuerdo y Macri todavía no se lo perdona. Desde aquel episodio, los recelos y la desconfianza es mutua, pese a los intentos, públicos y privados, que han hecho por acercar posiciones. Elisa Carrió también ha tenido una influencia clave en la relación. Cada vez que puede sacude a Massa y lo vincula con el narcotráfico. El tigrense siempre desconfió sobre una venia presidencial y tampoco entiende, que Macri no pueda controlar a Carrió. ¿No son aliados acaso?. Pero Lilita, con el paso de los meses, va acentuando su rol: hace y dice lo que el Presidente no puede. Es algo así como su otro yo, por eso la incomodidad de Massa que lo percibe igual.Lo cierto es que los coqueteos del Frente Renovador con el resto del peronismo tradicional, incluyendo a los camporistas, el último refugio del kirchnerismo podría alumbrar definitivamente esta semana. La intención del kirchnerismo es convocar a una sesión especial pero para eso necesitan al menos 5 votos del Frente Renovador. Si lo consiguen se quedarán con la doble victoria política de haberle torcido el brazo a la voluntad del gobierno y sumar a un Massa que hace equilibrio para no caer de uno u otro lado. Esta carrera del massismo tiene claro está, fecha de vencimiento. A medida que los días del calendario se van cayendo, el desfiladero se vuelve más angosto y en algún momento deberá tomar una decisión. ¿De qué lado está? No es tan lineal, la cuestión es conseguir un lado propio, que le permita pelear el turno electoral del 2017, disputando el mismo electorado que, el año pasado, lo terminó eligiendo a Macri. La relación con la oposiciónSi la ley antidespidos puede marcar un límite en la relación del oficialismo con todo el conglomerado opositor, la mera posibilidad que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner vaya presa volvió a agitar las aguas de la política. El análisis no es, obviamente, judicial, sino político, por el inmenso impacto que podría tener una medida de esa naturaleza. Es que el Juez Federal Bonadío parece estar cumpliendo todos los requisitos de ese camino. Esta semana dio un paso más y mandó allanar las oficinas de administración de Madero Center, buscando saber quién pagaba las expensas de los tres departamentos que la ex presidenta tiene en ese ya histórico complejo. "Los Sauces", causa prima hermana de Hotesur, también compromete a la familia presidencial y es Bonadío quien la regentea. ¿Hasta dónde se atreverá a llegar? Es la duda que desvela a todo el arco político. Bonadío es de los jueces considerados imprevisibles y ni a unos ni a otros les ofrece garantías. ¿Será capaz de medir el impacto de una decisión judicial de alto impacto sobre un ex presidente? Para algunos Brasil es buen espejo donde la Argentina debería mirarse, sopesando la situación de Dilma Rousseff, a punto de ser suspendida en el cargo por el comienzo formal de su enjuiciamiento político. Pero en Brasil, a diferencia de la Argentina, las investigaciones judiciales ya develaron un entramado corrupto de políticos y empresarios. De hecho varios de los más importantes empresarios brasileños hoy están presos. Es el turno de la política, dicen.En Argentina, nadie se atreve a confiar demasiado, simplemente porque los antecedentes de los investigadores tampoco son los mejores. Son los mismos jueces que antes hicieron la vista gorda y, repentinamente, después del 10 de diciembre se despertaron. Nadie sabe bien si todo no se trata de una puesta en escena destinada a satisfacer a las fieras que piden sangre y a una sociedad cansada de tanto robo y tanta impunidad. Es el mismo proceso que sirve para mitigar y disimular otras demandas, que están más cerca de la calle que de tribunales. Por ahora, todos los caminos conducen a Roma, como dice el dicho, o a los tribunales. Habrá que ver si en el medio, no aparece algún atajo. Como ya pasó otras veces.
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