Massa, Scioli y Macri le tienen miedo a Cristina
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El verano derrite las campañas y le permite al kirchnerismo velar sus armas para el año que viene. Sin paros a la vista, más allá del amague de camioneros, la situación policial aparentemente controlada, la Presidenta se prepara para encarar su último verano en el poder.Jorge BarroetaveñaDiciembre pintaba feo hace un par de meses, pero el gobierno, fiel a su estilo parece haber torcido ese destino de turbulencia que se asomaba. Y contó para eso con la complicidad de la oposición y de los gremios que, temerosos, no quieren empujar a nadie al abismo o quedar como que lo hacen. O algo parecido.Es paradójico pero en el mayor momento de debilidad política frente a los embates judiciales, y la fragilidad de la economía, el verano tórrido que presagiaba tormentas tiende a disiparse. ¿Por qué contribuye la oposición? Porque nadie quiere quedar pegado a hechos vandálicos y porque todos tienen presentes lo que pasó el verano pasado. También pesa esa sensación de incombustibilidad que tiene la Presidenta que hace un año se dio el lujo de bailar, mientras morían decenas de argentinos en medio de la huelga policial y los saqueos que le siguieron.Massa, Macri y ni hablar de Scioli le tienen miedo a Cristina. La Presidenta encarna quizás la última gran exponente de una generación de políticos que se forjó en la confrontación y el choque. Sin pelos en la lengua. Enfrente están aspirantes de administradores de la cosa pública, más bien grises y poco carismáticos. Por supuesto que cada uno con su perfil, pero muy parecidos en el fondo. Basta hacer un ejercicio para ver cuánto se diferencian sus discursos y se verá que muy poco. En un solo discurso, es posible arrancarle diez títulos de tapa a la Presidenta, a sus contrincantes hay que mirarlos con lupa para conseguir eso.Y Cristina lo sabe y lo aprovecha. Se hace fuerte desde sus debilidades y los corre con la vaina. Es inexplicable a esta altura la permanencia de Amado Boudou en la Vicepresidencia de la Nación. Más la cercanía física con la mandataria en el acto del fin de semana. Es insólito que la oposición, que hoy debería estar encarnada en los candidatos presidenciales, no haya podido arrancarle esa pieza al kirchnerismo. Falta convicción e imaginación para terminar de noquear a alguien que hace rato tambalea arriba del ring. Es que el divague opositor tiene varias aristas pero hay una que sobresale: tienen temor de quedar pegados a una debacle, esa con la que el kirchnerismo los corre. Tantas veces hablaron de golpe y conspiración que se la terminaron creyendo. Desde el retorno de la democracia, junto con los mejores años de Menem, no hubo gobierno con más poder que el actual, no sólo por imperio de las urnas sino por pericia propia.En esa disyuntiva el oficialismo se hace fuerte y marca la cancha. Pese también a la lluvia de procesos judiciales en que se ha convertido la guerra con otro poder. Falta de méritos revocadas, imputaciones nuevas y procesamientos confirmados forman parte del campo de batalla. Boudou a juicio oral y público, Berni imputado por enriquecimiento ilícito y el fiscal encargado de investigar a Lázaro Báez procesado justamente por no hacer y embarrar la pesquisa. "El problema no son los jueces, el problema es que robaron mucho", definió con su habitual acidez Jorge Asís. En el medio de este aquelarre se metió el zafarrancho de la SIDE y el movimiento de piezas al que se vio obligada la Presidenta. De un plumazo descabezó a dos históricos como Icazuriaga y Larcher, que venían de la época de su marido, porque las filtraciones se volvieron insoportables. No fue sólo la nota que un espía dio a una revista, sino la cantidad de información reservada que le ha llegado a varios jueces federales y una extraña filmación de Daniel Scioli en Miami. Ese video, que dura un par de minutos, apareció extrañamente en You Tube. Fue un claro mensaje de los servicios a quién sabe quién. Podemos hacer lo que queremos, pareció significar. Con los pelos de punta, la mandataria no tuvo muchas alternativas. Evidentemente los cientos de millones que Milani usa en inteligencia no sirvieron para evitar el escandalate. Y los favores presidenciales que le dispensan tampoco. Otra tarea pendiente para el próximo gobierno.Paralizados los principales candidatos opositores, los gremios tampoco quieren hacer barullo. Apenas terminó el anuncio de exención del pago de ganancias al medio aguinaldo, rápidamente anunciaron que desactivaban las protestas. Hoy lucen más interesados en arreglar las cuitas internas y ver cómo sigue la película, que en aferrarse a enfrentar un gobierno duro y difícil de poner de espaldas.Contra todos los pronósticos, Vanoli enfrió la fiebre por el dólar y eso ha tenido un efecto placebo sobre el resto de la economía. Los problemas de fondo siguen siendo los mismos: alta emisión para financiar el gasto público, inflación y falta de dólares. Pinta además que tampoco habrá acuerdo con los buitres en el corto plazo, una vez que deje de tener vigencia la famosa cláusula Ruffo. El tiempo pasa y el reloj avanza, lento pero inexorable. El 2015 estará teñido por la política y todo deberá pasarse por ese tamiz. Macri anunció que desdobla las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires para jugar con el impacto de su victoria a nivel nacional. Scioli empieza a sentir que está por ganar la batalla interna y Massa busca horizontes más allá del Frente Renovador tratando de retomar la iniciativa. En el 2015 cada uno atenderá su juego. El bolillero sigue girando y el azar jugará su papel. Más de lo esperable.
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