Mauricio Macri consolida su liderazgo y Sergio Massa va por la resurección
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Entre la victoria y la resurrección, Macri y Massa vivieron semanas fuertes, marcadas por las victorias y las derrotas. El primero acelera y busca quedar solo, el segundo intenta recuperarse parándose en la 'ancha avenida' del medio. Final abierto. Jorge Barroetaveña Mirando al cielo e implorando que no lloviera salió Sergio Massa a escena. Acuciado por los números de las encuestas y la falta de apoyo económico para su campaña, hizo su apuesta final, bien peronista aunque con algunos toques de modernidad. El ex intendente de Tigre, fiel a su estilo, se jugó el resto.En los corrillos del acto del sábado en Vélez los massistas no se cansaron de criticar a los medios. Los acusan de ser funcionales a la estrategia del gobierno de fomentar la polarización con Macri, generando un efecto catarata que deriva en el crecimiento de Daniel Scioli en las encuestas. Algo de eso hay evidentemente, porque fue Néstor Kirchner quién pergeñó antes de su muerte el enfrentamiento con la derecha. Siempre fue lo que más cómodo le quedó, incluso para autodefinirse ideológicamente y contener el debate en los sectores del peronismo disidente. Pasaron los años, el ex presidente ya no está, pero su estrategia se mantuvo a lo largo del tiempo. Claro, habrá que decir que el crecimiento de Macri y de PRO también se debió a algún mérito propio, igual que la instalación de Sergio Massa que fue el primero que se atrevió a dar el portazo y a plantarse frente al kirchnerismo.¿Qué pasó desde el triunfo del 2013 y los 4 millones de votos en la Provincia de Buenos Aires? Massa flirteó con un dilema que nunca pudo resolver: acentuar su perfil opositor o navegar decididamente por la 'ancha avenida' del medio, tratando de atraer a un electorado crítico del gobierno. Quizás su paso por el gobierno lo colocó en ese punto que el sábado dio el primer paso para empezar a resolver, aunque para algunos ya sea demasiado tarde.Massa apeló el sábado a la liturgia peronista, esa de llenar estadios con multitudes variopintas y metió mano en un discurso duro y concreto. Machacó a sus competidores con consignas claras: a Scioli lo pegó con la corrupción y la impunidad y a Macri con el ajuste y el helicóptero de De la Rúa. Le dedicó un par de párrafos bien tituleros a La Cámpora, anunciando que barrerá todos los ñoquis de estado y varios tramos más al tema de la inseguridad, cuestión que sigue figurando al tope de cualquier encuesta que se haga en la Provincia y en la Ciudad de Buenos Aires.Le juntó la cabeza a todos los intendentes que lo apoyan, aventando las suspicacias de los últimos días y no se privó de tener algún radical como 'Nito' Artaza que ya ha hecho profesión de fe massista. Contra lo que se esperaba, especuló con el anuncio de su vice, pero no quiso que nada empañara la convocatoria ni ensombreciera el impacto que se buscaba. Un puñado de días antes, el acuerdo con José Manuel De la Sota formó parte de la misma cadena. Con el cordobés suma votos a nivel nacional y se instala en una provincia en la que no tenía ninguna chance de hacer una buena performance. Al mismo tiempo potencia la interna del Frente Renovador y no le deja margen a Adolfo Rodríguez Saá que seguramente se sumará en los próximos días. Massa profundiza así su acercamiento con el peronismo disidente, estrategia eclipsada por sus flirteos constantes con un sector del radicalismo.Hay un efecto deseado y buscado que nunca se hará público: volver a conseguir fondos frescos para la campaña. Fruto de su debilidad de los últimos meses, los aportes al partido empezaron a escasear, y eso se sintió en el ritmo de la campaña. En la Argentina como en ningún país del mundo se puede hacer política sin plata. Menos si el objetivo es ser Presidente de la Nación.En la semana que Massa busca su resurrección, Macri se dedicó a cosechar los resultados del domingo. Con una gran ventaja sobre sus competidores, PRO ratificó su liderazgo en la Ciudad de Buenos Aires y dejó a Rodríguez Larreta, el elegido, cerca de suceder a su jefe.La apuesta le salió bien al cabo, al líder de PRO, que corría muchos riesgos si Michetti se imponía a Rodríguez Larreta. Pero el electorado porteño apoyó su decisión y le dio otra bandera más para enarbolar en la lucha desesperada por plantarse como único rival del kirchnerismo. EL acuerdo con los radicales en Córdoba y la ratificación de la victoria de Del Sel en Santa Fe también fueron buenas noticias. Tanto que se dio el lujo de empezar a coquetear con el vice y con una danza de nombres bastante variada. Pero Macri tiene otro desafío por delante, que va más allá de lo que pase en los distritos centrales: la Provincia de Buenos Aires. Sin una buena elección en el vasto territorio bonaerense, las posibilidades de victoria se reducen. Emilio Monzó, operador macrista por excelencia, mostró la punta que les hace tener confianza: la imagen del candidato. Suponen que la ola de la Capital abarcará el primer cordón del Conurbano y, sostienen, en el interior profundo la figura de Macri sigue creciendo, incluso independientemente del acuerdo con los radicales. Especulan que la figura de Macri traccionará para María Eugenia Vidal y eso la hará subir en las encuestas en los próximos meses. Y traen a colación la pírrica victoria de Graciela Fernández Meijide contra las manzaneras de 'Chiche' Duhalde en el '97. ¿Expresión de deseos? Seguro. ¿Exceso de optimismo? Quizás. ¿Antecedentes sobre los que apoyarse? Ciertos.En esta carrera desenfrenada por terminar con los días del kirchnerismo en el poder, Massa y Macri han elegido dividir energías y buscar la cima sin deberse nada. Si no lo consiguen buena parte de la Argentina se los reprochará eternamente. La otra, suspirará aliviada.
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