Mediación, el arte de tejer acuerdos
Así como el conflicto es connatural al ser humano y a los grupos que integra, lo mismo la mediación, como gestión orientada a desactivarlo.Ya decía el filósofo griego Heráclito Éfeso, conocido como "el oscuro", que el devenir está animado por el conflicto. "La guerra de todos es padre, de todos es rey", decía.En su opinión la ley que rige al universo es la lucha de contrarios, una contienda que es un ajuste de fuerzas contrapuestas, como las que mantienen tensada la cuerda de un arco.Desde el punto de vista histórico, la génesis del conflicto es la de la vida en comunidad. Para que exista se necesitan dos seres, ya que se caracteriza por la dualidad entre adversarios.El hombre ha echado mano de la mediación como una alternativa válida para evitar una escalada de los conflictos, que en el caso de los grupos antagónicos acaban en guerras exterminadoras.El diccionario define la mediación como la "acción de quien interviene entre dos o más personas para ponerlas de acuerdo". Supone, por tanto, la constitución de un "tercero" que, a través de buenos oficios, busca acercar a las partes en desavenencia, las cuales no logran siquiera dialogar.Por tanto se está frente a un método que tiene raíces históricas y culturales antiquísimas. Y de hecho está muy vinculado a la diplomacia, entendida como arreglo pacífico de los conflictos.Rafael Calduch, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, define al conflicto "como una relación social por la que dos o más personas o colectividades aspiran a satisfacer intereses o demandas incompatibles (al menos en apariencias)... manteniendo actuaciones antagónicas o contrapuestas y recurriendo en último extremo a la violencia".Estos días los titulares de los medios mundiales han coincidido en la afirmación según la cual la diplomacia vaticana ha demostrado otra vez su eficacia, al mediar para conseguir el acuerdo que puso fin a 50 años de ruptura de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.Se trata, según los analistas, del éxito más notable como mediador global de Jorge Bergoglio, el primer pontífice latinoamericano y argentino, y el primero no europeo en más de 1.300 años.El Papa Francisco se revela así como un jefe de la Iglesia Católica que pretende incidir en el curso de los acontecimientos mundiales, como un promotor activo de la causa de la paz y la concordia entre los pueblos.En realidad continúa una tradición vaticana en este punto. Y al respecto se recuerda la gestión del Papa Juan Pablo II, que evitó un enfrentamiento entre Chile y Argentina por las islas del Canal de Beagle.El Papa Francisco viene dando gestos en el plano internacional, no decidiendo directamente en los conflictos (como pudiese hacer un juez o árbitro) sino como alguien que promueve el acercamiento de las partes.El viaje a Tierra Santa, donde tuvo lugar la histórica oración ecuménica con un rabino y un religioso islámico en el Muro de los Lamentos, demostró esta vocación mediadora.La mediación constituye una herramienta clave para dirimir las disensiones y enfrentamientos entre los individuos, grupos o sociedades que perciben sus diferencias como irreconciliables.En este sentido, como dice el filósofo español Javier Echeverría, "es preferible la forma de organización social que es capaz de conjugar e integrar las relaciones contradictorias sin recurrir al exterminio ni a la aniquilación física o moral de los individuos o grupos atípicos".
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