Menos mal que lo tenemos a Francisco
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Ha concluido un semestre complicado. Nos espera otro medio año nada sencillo. Los problemas vigentes más las elecciones legislativas enturbian el clima. Mario Alarcón MuñizUn ligero repaso del primer semestre presenta escasas variantes respecto del último tramo del año anterior. Hablamos de lo mismo. No hemos cambiado los motivos de debate, salvo alguna aislada excepción. Inflación, inseguridad, inestabilidad laboral y pobreza, siguen ocupando el mayor espacio de la preocupación pública.Sin embargo, no se observan planes a futuro. Casi todas las medidas oficiales tienden a solucionar cuestiones del momento que por lo general son efectos, no causas. A veces aciertan, pero como se trata de disposiciones temporarias, tarde o temprano el problema reaparece porque sus causas no se tocan. El caso más ilustrativo es el de los precios.Pintado ese panorama con la intolerancia que ha caracterizado al semestre, le queda al optimismo un margen muy estrecho. Si fuera posible superar el estado de crispación que afecta a la sociedad argentina, estaríamos algo mejor. Aunque los problemas subsistieran, sería posible encararlos a través del diálogo y las soluciones consensuadas. Suena utópico en la Argentina actual. Pero es más sano. Por lo menos es más liviano tirar todos para el mismo lado. Desde gurises lo sabemos.Entre la Corte y el panAflojó en el semestre la campaña para destruir a Clarín. El año pasado ese objetivo era primordial para el Gobierno, pero se interpuso la Corte Suprema. Entonces, el blanco pasó a ser la Justicia. Apareció la reforma judicial en el mensaje presidencial del 1° de marzo al Congreso, confirmada al mes siguiente a través de los proyectos respectivos que resultaron aprobados. Y de nuevo la Corte, ahora declarando inconstitucional la ley de elección del Consejo de la Magistratura. Apunten, fuego. La Corte debe ser destruida. Después vendrá el incendio de Clarín y se terminarán los problemas.Mientras tanto, el control de precios tuvo efecto efímero. El 1° de febrero se dispuso un congelamiento por 60 días que funcionó de manera aceptable, extendido a su vencimiento por igual período. El 1° de junio comenzó otra etapa limitándose la medida a 500 productos que ya tenían mayores precios. Esta vez el congelamiento no dio resultados, pese a la campaña "Mirar para cuidar" que lanzó la Presidenta, consistente en vigilar los precios mediante brigadas voluntarias habilitadas para actuar junto a funcionarios.Los precios de los combustibles fueron congelados el 10 de abril. No había pasado una semana cuando todas las proveedoras aumentaron sus valores de venta, inclusive la estatal YPF.Al precio de la harina (y del pan, por supuesto) no lo detiene nadie. El secretario de Comercio, Guillermo Moreno, puede insultar, tirarse al suelo, patalear y amenazar con facón y degüello, pero nada de eso es suficiente para producir harina y bajar el precio. El granero del mundoNo hay trigo en el "granero del mundo". La última cosecha fue la más baja de los últimos 110 años. Es cierto que hubo problemas climáticos en algunas zonas, pero también es verdad que el agricultor sembró mucho menos, desalentado por las retenciones, los impuestos y la ausencia de política agraria.En la carne se refleja con parecida claridad este problema del abandono del campo a su suerte. Entre 2005 y 2012 las exportaciones de carne cayeron 76%. La Argentina, otrora líder del rubro, ocupó el año pasado el último lugar entre los países exportadores de carne del Mercosur. Nos superaron, en ese orden, Brasil, Uruguay y Paraguay. (De paso vale el dato: hace 22 años Brasil importaba carne; hoy es el segundo exportador del mundo detrás de Australia).Esta caída de la producción primaria ha sido acompañada por otros rubros igualmente importantes. En los últimos diez años la producción de YPF se redujo en 40%. Sólo en el gas la producción es 38% menor en la década. De seguir así -comentan los expertos- la importación argentina de combustibles demandará este año 15.000 millones de dólares. La seña la dio el primer semestre. Panorama complejoLas inundaciones de Buenos Aires y La Plata el 2 de abril, principalmente esta última con 60 muertos (o más, según de quien sea el cálculo), las protestas populares del 18 de abril sin respuesta alguna del Gobierno nacional, las violentas represiones a los manifestantes antimineros de Famatina el 12 de mayo y a los aborígenes qom de Chaco el 23 del mismo mes y la nueva tragedia ferroviaria de Castelar el 13 de junio (la segunda en 16 meses) conforman -entre otros preocupantes episodios- que este año estamos lejos de transitar el mejor camino.El dólar sigue a los tumbos y descontrolado desde que el Gobierno decidió controlarlo, hace más de un año y medio. Se inventaron el blanqueo para los evasores y el Cedín con inciertas esperanzas de buenos resultados. Por separado las denuncias de corrupción golpean los umbrales de la Casa Rosada.Ese es el panorama al iniciarse el segundo semestre. Comienza con un paro de camioneros contra el impuesto a las ganancias (o al salario, mejor dicho) y seguirá con el clima de campaña electoral y sus habituales turbulencias.En Entre Ríos las cosas no son muy distintas. Lo veremos la próxima semana.Menos mal que lo tenemos al papa Francisco, cuya elección el 13 de marzo fue la gran noticia del semestre y seguramente del año. Habló de paz, de fraternidad, de diálogo, de serenidad, de reflexión, de entendimiento. Es decir de todo lo que nos falta. Además atendió a los qom. Buena señal.
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