Menos racionales de lo que creemos
La astucia es un atributo de la raza humana, que siempre se ha enorgullecido de su racionalidad (por ejemplo frente a los animales). ¿Pero siempre hacemos lo correcto, aquello que incluso nos conviene?En realidad la experiencia demostraría que las personas no somos en absoluto racionales todo el tiempo. Si eso fuese así, un fumador obeso dejaría el tabaco de inmediato y se pondría a régimen.La evidencia del daño que se está causando alcanzaría para que modifique su conducta. Sin embargo, no todas las personas en esa situación actúan de acuerdo al modelo racional esperado.En el campo de la salud en realidad abundan los casos en los que se adoptan conductas que a todas luces van en contra de lo recomendable, afectando directamente el propio bienestar de las personas.Además, si todos manejásemos nuestro presupuesto con criterios racionales, tampoco habría tanta gente sobreendeudada o gastando más de la cuenta.Las historias de personas y sociedades que terminan en la ruina material por intentar vivir por encima de sus posibilidades, nutren una lista tan larga que más bien dan motivos para creer en la irracionalidad humana.Sea apelando a ficciones monetarias o a rentas inexistentes, o mediante el simple expediente de no producir lo que se consume, los individuos y grupos humanos pueden montar una prosperidad artificial que durará lo que el autoengaño.Es decir hasta el momento que la realidad pase la "factura", y entonces adquiera sentido aquella frase del célebre economista británico, John Maynard Keynes, según la cual "en economía se puede hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias"La economía tradicional no tiene una explicación satisfactoria para estos hechos. Desde los primeros días de la disciplina, ha confiado en la idea de que los seres humanos se comportan de forma racional.Adam Smith, uno de sus padres, enseñó que siempre el hombre actúa buscando su propio beneficio y que el conjunto de esas acciones, en un mercado que funcione plenamente, hará a la sociedad más próspera.Una visión que está siendo corregida por nuevas disciplinas como la "economía del comportamiento", quienes han revelado que la mayor parte del tiempo las personas toman sus decisiones basándose no en lo que más los beneficiaría sino en los hábitos o imitando al entorno.Por ejemplo: porque "todo el mundo lo hace", o por una fuerte propaganda en esa dirección, una familia que no tenga una posición acomodada puede aceptar hipotecas sin darse cuenta de que, cuando terminen los años de interés bajos, sus amortizaciones mensuales se dispararán repentinamente a niveles que no estarían en condiciones de pagarlas.Es conocido la consecuencia de esta conducta: quienes tomaron esas hipotecas se verán forzadas a entregar sus casas, al tiempo de que quedarán severamente empeñados con el banco.Que la gente no se comporta de forma racional se ha planteado a propósito del cambio climático y la polución provocada por el hombre. El dato es que la conducta hacia el medio ambiente no cambia, pese al hecho de que la crisis ecológica terminará afectando al bienestar de todos.Es una respuesta extraña que sugiere que los humanos, que se jactan de ser racionales, prefieren "mirar para otro lado" y al mismo tiempo no hacerse cargo de lo que pasa.Por lo visto a veces es preferible no saber, no entender, lo cual nos evita padecer ("ojos que no ven, corazón que no siente") y, también, nos exime de la obligación moral de reaccionar.
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