Mestizaje versus nacionalismo étnico
Tanto en Europa como en Estados Unidos la política refleja que las sociedades han mutado hacia la diversidad étnica, un proceso que no obstante genera reacción nacionalista de grupos nativistas.El Estado moderno es básicamente un invento del siglo XIX y su ideología fue la nacionalidad. Los alemanes, por ejemplo, decían que Alemania era ya Nación mucho antes de la unificación estatal de Bismarck.Eso pensaba el filósofo e historiador alemán Johann Gottfried Herder, que postuló que a cada pueblo (Volk), corresponden su lengua y su espíritu (Geist), y, así, a cada Volkgeist, su Estado.Aquí la devoción al Volk equivale a la de la raza aria, que es la que garantiza la homogeneidad del Estado. Así lo entendió el nazismo, para quien el fundamento del Estado era racial.Pero la emergente civilización mundial se construye sobre la base de la diversidad de grupos humanos, de suerte que el concepto de Nación, entendida como identidad étnica, según lo concibió Herder, entró en crisis.La composición étnica de los Estados ha sufrido una transformación profunda, de tal manera que las sociedades se han hecho plurinacionales, plurilingüísticas y multiculturales.Hoy las fronteras políticas y las étnicas (raza y cultura) no coinciden en la mayoría de los Estados. Esta realidad hace plantear al sociólogo español Emilio Lamo de Espinosa si todavía importa la "Nación"."Hasta el momento -sostiene-, en Occidente hemos construido democracias asentadas sobre poblaciones culturalmente homogéneas, pero los Estados modernos unen ciudadanos, no naciones, y tenemos que inventar nacionalismos posnacionalistas o quizás internacionalistas, en todo caso compuestos e híbridos".Lamo de Espinosa recuerda que José Ortega y Gasset postuló que la realidad estatal, justamente, surge como un proceso civilizatorio en orden a dejar atrás el tribalismo nacionalista.El autor de "La rebelión de las masas" escribe: "El Estado comienza cuando el hombre se afana por evadirse de la sociedad nativa dentro de la cual la sangre lo ha inscrito".Y añade: "Y quien dice la sangre dice también cualquier otro principio natural; por ejemplo, el idioma (....) el Estado consiste en la mezcla de sangres y lenguas. Es superación de toda sociedad natural. Es mestizo y plurilingüe".Una sociedad global signada por la mezcla de sangres y cultura supone que todo grupo étnico, aunque en el pasado fuera hegemónico, debe renunciar a confundirse con el Estado (como sugería el modelo alemán).El tópico es de máxima actualidad política en función del rebrote nacionalista y xenófobo que hoy existe en Europa, y también en Estados Unidos, donde algunos sostienen que el candidato republicano Donald Trump hace campaña explotando este factor étnico.Quienes siguen la campaña presidencial en Estados Unidos, sostienen que Trump, al hablar de "hacer que América sea grande de nuevo" encuentra eco en el grupo de población base, los estadounidenses blancos, quienes están preocupados por los cambios demográficos y culturales que han ocurrido a un ritmo rápido en EE.UU. en las últimas décadas.Pero la Norteamérica actual no refleja aquella en la que nacieron estos estadounidenses, sostiene Robert P. Jones, autor de "El fin de la América cristiana blanca".Según Jones, este grupo del electorado, que forma las bases del Partido Republicano, cree que todo tiempo pasado fue mejor, se considera víctima de la discriminación, y atribuye la decadencia del país al mestizaje producto de la inmigración.
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