México, entre los retos sociales y el asedio narco
El país de Pancho Villa, que acaba de elegir nuevo presidente, debe resolver cómo una economía en crecimiento se convierte en desarrollo social, mientras sufre una verdadera guerra interna con el terrorismo narco.Al igual que el resto de las economías latinoamericanas, México ha saboreado en la última década las bondades del llamado "viento de cola" de la globalización capitalista.México es la décima economía mundial, en cuanto a su magnitud, y el onceavo país exportador. Tiene un sistema económico global, extranjerizado, integrado comercialmente al NAFTA.Cerca del 83% del total de las exportaciones mexicanas van a Estados Unidos y Canadá, 5% a Sudamérica, 5% a la Unión Europea, 3% a Asia, y1% a Centroamérica, según cifras oficiales.Los números macroeconómicos asombran: una balanza comercial de 700.000 millones de dólares, un crecimiento acumulado de 15% en apenas 36 meses, considerado el ciclo de mayor auge desde los años '70 tras la recesión de 2009.El déficit fiscal es de sólo 2,4% mientras que la inflación es menor al 4%. Sin embargo, el punto oscuro de la economía mexicana es la mala distribución de la riqueza, según coinciden los analistas internacionales.El desarrollo económico ha sido notable, aunque no así el desarrollo social: México exhibe escandalosas desigualdades, con 52 millones de pobres sobre 112 millones de habitantes.Es un país muy desigual según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE): el ingreso del 10% de los hogares más ricos es 26 veces el del 10% de los más pobres.En el mismo territorio coexisten Carlos Slim -el hombre más rico del mundo con una fortuna de 70.000 millones de dólares- y el cuentapropista que saca 10 dólares por día vendiendo jugos y tamales.Según la revista Forbes, los 11 mexicanos más millonarios atesoraban una fortuna de 112.300 millones de dólares el año pasado, lo que equivale al 10% del PBI del país.Paralelamente, la mitad de la población económicamente activa percibe ingresos mínimos, y aunque el desempleo oficial es de sólo 4,9%, la economía registra un 60% de trabajo informal.La característica fundamental de la situación, por tanto, es que existen dos Méxicos, uno moderno, vinculado a la dinámica de la globalización, y otro subdesarrollado, asociado en muchos casos a una economía de subsistencia.Los reportes internacionales que han hecho la cobertura de las últimas elecciones presidenciales dan cuenta que el candidato electo, Enrique Peña Nieto, debe lidiar con un frente social delicado.Asociado a esto, la relación con Estados Unidos ha estado signada por la emigración constante de mexicanos. Ha sido una relación nada fácil, dado que el país norteño ha intentado frenar la llegada de sus vecinos del sur. Los cortocircuitos por los indocumentados atraviesan las pujas entre ambos países.Pero el otro eje que deberá enfrentar el nuevo mandatario es la inusitada violencia desatada por los carteles de la droga en México, que ha dejado en los últimos seis años entre 50.000 y 80.000 muertos, según las fuentes que se consideren.La nación azteca ocupa las primeras planas por el recrudecimiento de la delincuencia organizada asociada a los barones de la droga. Las bandas de narcos controlan centenares de municipios mexicanos, multiplicando delitos como extorsión, secuestro, robo de automóviles, tráfico de indocumentados, trata de personas, y manufactura y control de la venta de piratería.Las organizaciones criminales operan con impunidad a partir de que se han arraigado en las estructuras del poder económico y político de las ciudades.
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