Mientras las aguas bajan turbias
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/452/0000452993.jpg)
Las elecciones del domingo pasado no eligieron nada, vale reiterarlo. Se trató de una encuesta, eso sí, válida. Detrás del ruido, las inundaciones replantean un viejo problema, revelador de la ineficiencia de ciertos gobiernos, cuando no de la distracción de fondos. Mario Alarcón Muñiz Iniciamos la semana votando. Un buen comienzo. La saludable costumbre de votar reafirma el sistema democrático y ayuda a fortalecer la patria.Eso fue al principio de la semana. La terminamos casi ahogados. No aquí por suerte -hasta ahora- sino en el norte bonaerense y el sur santafesino.Los entrerrianos bien sabemos de qué se trata. Mil inundaciones ha padecido nuestra gente a partir del capricho de los españoles de levantar ciudades al borde del agua. De ahí los gestos y acciones de solidaridad que desde Entre Ríos se han manifestado estos días.Claro que los motivos de la presente inundación son diferentes. Es común que en el territorio entrerriano se produzcan estos problemas a raíz de crecientes periódicas de los grandes ríos, previsibles con no menos de 45 días de antelación -a veces más- mediante la observación de los niveles de las altas cuencas.Lo que ha sucedido esta semana es muy distinto. Se trata -según los expertos- del efecto de precipitaciones continuadas que no pueden evacuar porque sus desagües naturales han sido interrumpidos por construcciones, caminos, terraplenes, arroyos sucios o taponados u otras modificaciones y no se han realizado obras complementarias -esto expresado en términos generales.No es la primera vez que sucede. En la provincia de Buenos Aires durante los últimos 15 años este desastre se ha reiterado con alarmante frecuencia. Las pérdidas privadas y públicas; los daños más diversos; la paralización agropecuaria, industrial, comercial y laboral; los problemas de salud; los padecimientos de la gente; los inconvenientes de la más diversa índole, si se los traduce a términos económicos, seguramente suman una cifra muy superior al monto requerido por obras siempre prometidas y ejecutadas a medias o nunca realizadas. Cabe añadir el incalculable daño moral a la persona sometida a una situación de esta índole, que no provocó.Lo peor es que todo esto tiene solución. Hay que trabajar, desde luego, pero es solucionable. Los egipcios controlaban y aprovechaban el Nilo hace 4.000 años. En el siglo XXI, con sondas en Plutón, nuestros gobernantes no pueden controlar el río Luján. Campanas de paloA partir de 1998 se estudió y comenzó a ejecutar un programa sobre la cuenca del río Salado en la provincia de Buenos Aires. Se lo interrumpió no hace mucho por falta de partidas presupuestarias. Acaba de conocerse una denuncia, publicada el viernes, asegurando que esos fondos fueron a parar a la provincia de Santa Cruz y a Tecnópolis.En 2001 se creó el Fondo Hídrico a fin de realizar obras, mediante un impuesto a las naftas y el gas para automotores. Hasta julio último el fondo recaudó 16.288 millones de pesos. La Auditoría General de la Nación investiga ahora cuál ha sido el destino de ese dinero. Las obras no se realizaron, según lo demuestra la presente inundación.Parecida situación afecta a nuestro Delta entrerriano, donde un área considerable está inundada desde hace un año. Esta situación ha sido motivada por obras públicas y privadas realizadas sin estudio previo ni consideración alguna de las exigencias de la naturaleza, según reiteradas denuncias de los afectados.Para atender este y otros asuntos similares, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires comparten desde hace más de una década la responsabilidad de cuidar el recurso Delta. Cada tanto se reúnen, vaya a saber para qué, pues el recurso se degrada de manera constante. La gente de la zona lo sabe porque lo sufre. Y lo reclama sin respuestas. Como si viviera en otro lado. Festejos de fantasíaVale subrayar que las lluvias de casi toda la semana, pese a los inconvenientes planteados, vinieron bien para atenuar algunos excesos electorales. El principal, la euforia por triunfos de fantasía. Festejaron casi todos. Pero no ganó nadie. Siguen las cosas como estaban.Ninguno de los seis candidatos a gobernador tenía adversario en su respectiva fuerza. Y precisamente ese era el motivo de la elección primaria: elegir candidatos para el 25 de octubre. En consecuencia, ganaron todos -cada uno en su cancha- por falta de adversario.No obstante, como estamos hablando de política, es entendible que los candidatos se midan entre sí, como ha ocurrido, para tratar de conocer las posibilidades de cada uno. El electorado se pronunció, pero no eligió a nadie. Fue una encuesta, nada más, claro que de carácter oficial y por supuesto confiable, no como las diarias encuestas dibujadas. Pero no pasó de ahí.Ya he expresado esta idea en notas anteriores. No obstante creo -con las disculpas consiguientes- que vale la reiteración. Es bueno realizar elecciones primarias abiertas para darle la posibilidad a toda la ciudadanía de intervenir en la selección de candidatos. De lo contrario, como era antes, el ciudadano que no está afiliado a ningún partido (la gran mayoría) el día de la elección general se ve obligado a optar por candidatos que le impusieron otros. La interna abierta hace a la salud de la democracia. Tiende a perfeccionarla. Gastos de plata y de tiempoSin embargo, la buena idea aparece lesionada por la obligatoriedad y el excesivo reglamentarismo. Si las internas abiertas fuesen de concurrencia voluntaria y más abiertas, sin demasiadas exigencias, el panorama sería mucho más genuino y desde luego lograrían mayor legitimidad los resultados. Los protagonistas principales -candidatos y dirigentes- tendrían con claridad el índice del interés de la gente por las cosas que proponen. Va de suyo que estarían entonces obligados a formular propuestas, al revés del presente proceso.La elección general tendrá que seguir siendo obligatoria, vaya a saber por cuánto tiempo, pues en ese caso la exigencia se vincula con cuestiones de cultura cívica. Vale aclararlo para evitar confusiones.Estas y otras cosas será necesario revisar para el futuro. De paso se impone la necesidad de arbitrar medidas para limitar los gastos. Ha sido formidable e incalculable el gasto de publicidad que demandó este comicio. Demasiado. Hace un año que andamos dando vueltas y postergando cosas esenciales. La cuestión de las aguas, sin ir más lejos, entre tantas otras que reclaman atención.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


