DEL ESCÁNDALO AL CÁLCULO
Milei, Davos y el arte de moverse en el nuevo tablero global
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Con un discurso más moderado, gestos cuidadosamente elegidos y alianzas explícitas, el Presidente consolida su lugar en la escena internacional mientras ordena el frente interno, entre economía estable, negociaciones políticas y tensiones latentes.
¿Cuánta agua ha pasado debajo del puente no? Algo lejos quedó aquel Milei que escandalizó a sus escuchas en la primera reunión de Davos. Ahora, sin dejar su discurso habitual, le bajó el tono, moderó sus embates contra la izquierda “woke” y hasta se permitió filosofar con la muerte ideológica de Nicolás Machiavello, concepto utilizado por sus detractores para hacerse un festín.
Por supuesto que retornó de Davos con la foto buscada. Ese cruce de manos con Trump fue suficiente. En la política donde los gestos se han vuelto más importantes que las palabras con eso le alcanzaron. Es que Milei, arrancando su tercer año de mandato, está donde quiso estar y con los aliados que quiso tener. ¿Si pagará algún costo por eso? Nadie lo sabe. Lo único real es que hace cuatro meses, una porción grande la sociedad argentina avaló (por susto, conveniencia o convicción) su estancia en el poder. A partir de ahí, todo fluyó de otra manera.
El dólar está planchado y el Banco Central compra divisas. Siguiendo el mandato del FMI, siempre insistente con la acumulación de divisas, el ente monetario lleva comprados casi 900 millones de dólares el último mes. El veranito cambiario también se traduciría en una baja de la inflación de enero, después de meses de subas consecutivas.
El verano y su convocatoria de turistas es dispar en la Argentina, pero no malo como el del 2025. La gente viaja, pocos días, aprovecha los eventos populares y descansa. Muchos se van a Brasil por el tipo de cambio. En Jesús María, una multitud recibió a Milei y lo escuchó cantar con el Chaqueño Palavecino. Escenario ideal para la polémica y la recordatoria de las diatribas presidenciales contra los festivales populares y los artistas que cobran del Estado. Jesús María es el más vívido ejemplo de eso porque provincia, municipio y hasta Nación ponen plata. ¿Está mal? No, porque como tantas otras fiestas en el país, el evento genera un movimiento económico que favorece a vastos sectores sociales. Aunque no lo diga es algo que debe haber aprendido el Presidente.
Al ministro del Interior Diego Santilli sólo le falta la mallita y el inflable. Empezó su segunda recorrida para asegurarse los votos de la reforma laboral que en febrero tratará el Parlamento. Estuvo en Salta, la Patagonia y hace pocas horas en Entre Ríos. A Paraná llegó justo antes de una denuncia de presunto espionaje que hizo el gobernador Frigerio. Si bien ahora se sabe que esas cámaras fueron instaladas en la época de las andanzas del exsenador Kueider, en ese momento mano derecha e izquierda de Bordet, no todo está claro. Sobre todo, si es cierto, como a los sabuesos de Néstor Roncaglia se les pudo escapar semejante cosa. En los más de dos años que Frigerio lleva en la Casa Gris, ¿nunca revisaron el despacho del mandatario y las oficinas contiguas? ¿Se les pudo haber pasado algo tan burdo? Por supuesto que el caso ya disparó la interna del gobierno provincial y varios aprovechan para pasarle facturas viejas a Roncaglia.
Santilli se llevó de Paraná la misma respuesta que hace un par de meses cuando vino a buscar el apoyo para el presupuesto: sí, pero mandame plata y obras. ¿Fue exactamente así? No, claro, habrá sido todo un poco más sutil, pero a las efectividades conducentes es lo mismo. Algo similar escuchó en Salta y la Patagonia. Por ahora todo está por verse, pero la metodología es la misma. Hay otros actores como los sindicatos y los empresarios, aunque todo indica que el gobierno se va a salir con la suya.
Ian Sielecki tiene 36 años y es embajador argentino en Francia. Esta semana tuvo un gesto para destacar. Se negó a hablar en una reunión en la Asamblea francesa hasta que no taparan un mapa a sus espaldas donde se asignaba las Islas Malvinas al Reino Unido. “Lamentablemente debo señalar que existe un pequeño problema, señor presidente, que, en realidad, es un gran problema para mi país. Acabo de notar que estoy sentado frente a un mapa que muestra a las Islas Malvinas y el Atlántico Sur como si formaran parte del territorio del Reino Unido. No puedo, en mi carácter de representante del Estado argentino, expresarme libremente frente a ese mapa, ya que hacerlo implicaría legitimar una situación que constituye un atentado contra la soberanía de mi país, contra la dignidad misma de la Argentina y, sobre todo, una violación flagrante del derecho internacional”. La actitud del diplomático, que fue nombrado por el actual gobierno, mereció el elogio hasta de dirigentes de la oposición. La bandera de Malvinas es y debe ser siempre una cuestión de Estado, más allá de quién esté en la Casa Rosada. Algo que nos une ante tanta división.
PD: Ya que Trump es el hombre de las causas perdidas, hoy aliado de la Argentina, ¿si le pedimos que nos dé una mano con las Malvinas? ¿Suena loco? El mundo está loco. Una locura más…

