Opinion | Dictadura

Nadie niega que hizo todo por lo que fue condenado, pero se acerca a la libertad

La verdad, no se entiende nada de lo que está pasando sobre la condena penal a (nada menos) un ex Vicepresidente de la Nación. Hablo de Amado Boudou, claro. Un sujeto impresentable, que ha cometido hechos claramente ilícitos, no solamente de corrupción sino también delitos comunes.

Julio Majul

Opinión

Ya parecía increíble que hubiera gente decente que lo defendiera invocando bolazos. Pero la reciente resolución judicial disponiendo achicarle la pena a cumplir casi un año, por los cursos realizados estando preso (detenido, al menos, que nadie sabe cómo estaba).

¿Se recibió de abogado, ingeniero o algo así?

No. Hizo cursos de ¡electricista!, de filosofía, y algún otro, y así consiguió beneficios que en definitiva van a hacer que en cualquier momento ande caminando por la calle. Dentro de un tiempo pide que se lo habilite para ocupar cargos públicos, y en un tiempito más es diputado, tiene fueros (que no son para lo que los usan estos politiquitos), vuelve a manotear lo que pueda ajeno, si es del Estado mejor. Y aquí no ha pasado nada.

Lo más increíble de todo esto no es que gente decente justifique a corruptos condenados seis o siete veces, por distintos jueces (como es el caso de Boudou); algo ha afectado a gran parte de la dirigencia nacional; algo que empezó con la dictadura, se agravó con el menemismo y llegó al clímax con el kirchnerismo.

La tolerancia con los ladrones es tal, que ninguno de los pedidos de liberación del Amado menciona, siquiera, que no haya hecho todos los delitos por los que se lo condenó.

Increíblemente, piden la liberación de alguien que fue condenado repetidamente, y por distintos jueces; pero no invocan que fue condenado sin haber cometido hechos como inventar un domicilio en una playa para no pagarle unos pesos a una exesposa; o el intento (afortunadamente, fallido) de afanarse la máquina de hacer dinero. Nada de eso importa, sino que parece ser un militante de alta sensibilidad social. Se trata de quien militó fervorosamente en la Ucedé (el partido más desvergonzadamente oligarca de estos años). Un problema que parece omitirse, olvidarse, borrarse, en nombre de haber sido ungido con la bendición kristinista, que lo eligió su Vice.

Racionalmente, parece poco para explicar por qué no repone lo que sustrajo, y cumple lo que tenga que cumplir.

Ya lo decía hace décadas Mario Batistella: “Es la hora del asalto/ sírvanse que son pasteles / y así queman los laureles / que supimos conseguir”. En nuestro desdichado país, 50 años no es nada. Este poema es de los últimos años ´60. Se aplica de maravillas hoy.

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