Nadie quiere perder contra la inflación
Las paritarias reflejan el intento de los trabajadores por evitar la pérdida del poder adquisitivo del salario frente al alza del costo de vida.Los sindicatos y la patronal, para esta época del año, se sientan a discutir el tema salarial, en el ámbito privado y estatal. En el fondo todo se reduce a determinar el porcentaje con el cual se ajustarán los sueldos contra el incremento en el costo de vida.Es decir, del lado de los empleados se trata de establecer un mecanismo indexatorio (o tabla de actualización) que preserve su poder de compra. Quien vende su fuerza de trabajo a cambio de una remuneración, no quiere aceptar una caída del salario real.Cuando los sindicalistas hablan de que hay que ajustar el salario por los precios del supermercado, en vez de hacerlo por el índice del Indec, no sólo aceptan que los indicadores de este organismo oficial son mentirosos.Comprenden que en la negociación la clase trabajadora no debe caer víctima de la ilusión monetaria de confundir la evolución "nominal" de una cantidad de dinero con su cambio "real".Por ejemplo, un aumento salarial del 25% nominal con una inflación del 30%, es, en la práctica una reducción salarial. Si la inflación fuese cero, un aumento del 5%, aunque suene poco frente al 25%, equivaldría a un aumento real de su salario.Al parecer los senadores y diputados nacionales, que se aumentaron un 100% las dietas días atrás, pasando a cobrar cada uno por mes alrededor de 35.000 pesos, han comprendido perfectamente bien la necesidad de que su remuneración no se vea afectada por la pertinaz inflación.Este incremento ha suscitado una polémica de proporciones, y ha dado cabida a la ironía, incluso entre las filas de sindicalistas cercanos al gobierno, como Julio Piumato, quien se preguntó si ese 100% sería la referencia para las paritarias de este año.En esta discusión, si bien es clave comprender la evolución del costo de vida, en Argentina esto es objeto de controversia, desde que las estadísticas oficiales han perdido credibilidad, incluso entre los gremios afines al oficialismo.Un grupo disidente dentro del propio Indec, nucleado en la Junta de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), calcula que la canasta básica real es cuatro veces más cara que la "oficial".Una familia tipo necesita 5.502 pesos por mes para cubrir sus gastos, estimó esa Junta de ATE. Esa cifra representa cuatro veces la canasta total fijada por el Indec, que en enero alcanzó los 1.423 pesos. Al mismo tiempo, más que duplica el salario mínimo vital y móvil, de 2.300 pesos.Según este sector gremial, que confronta con la dirección del Indec, una familia tipo (un matrimonio de dos mayores de 35 años con dos hijos varones de 6 y 9 años), necesita 1.754 pesos para cubrir la canasta alimentaria mínima y otros 3.748 pesos para satisfacer otros consumos de bienes y servicios.¿Cuál es, finalmente, la situación económica real de las familias? ¿Cuál es el costo de vida de los hogares que viven de ingresos fijos? ¿En qué medida la inflación licua esos ingresos, deteriorando su poder adquisitivo?Éstas son las preguntas que sobrevuelan en la discusión paritaria. La actualización de los sueldos por el perjuicio de la inflación, desvela a los trabajadores del sector privado y a los agentes del Estado.La puja de ingresos recién comienza, en un año en el cual se anticipan incrementos en los servicios públicos (luz, gas, transporte, etc.) por retiro de subsidios.Todos quieren conjurar aquel axioma del General según el cual "mientras los salarios suben por la escalera, los precios van por el ascensor".
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