Nazareno Molina y las mujeres
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El formidable actor, director y dramaturgo Nazareno Molina desnuda, una vez más, el alma femenina, en su obra Madres... y el misterio de la rosa china. Julio Majul Se sabe: si hay algo imposible es entender a las mujeres.Nazareno Molina no se rinde, y vuelve a intentarlo: esta vez, con una obra donde retrata el alma femenina puesta en situaciones límites: una mujer próxima a ser madre... con una pareja del mismo sexo; su pareja, que perdió un hijo y cree que fue por su negligencia; otra fémina, que abandonó su hijo y lo lamenta; y otra, que no quiso tenerlo y cambió amor por otra cosa. Ellas, y el propio Nazareno, haciendo de una artista travesti, dan vida a Madres... y el misterio de la rosa china. Una obra que indaga (como ya dije) en mujeres puestas en situaciones límites, y por las que ninguna desea pasar, y que (como dice Nazareno en un pasaje) quizá se limiten a olvidarlo... o lo intenten al menos.Una peculiaridad (otra) de la creación de Nazareno Molina, que la concibió, escribió y dirige, es que esta versión la interpretan actrices de Gualeguaychú, Gualeguay, Larroque y Galarza. El propio Molina es larroquense, heredero de la rica tradición que se enraiza en el padre Paoli Lovera, y que profundizó estudiando -¡nada menos!- con Alejandra Boero en el mítico Andamio 90 porteño.Personajes riquísimos, complejos y difíciles de actuarLa trama que pergeñó Nazareno es ciertamente compleja, y el trabajo de interpretación para las actrices es extremadamente exigente; fácilmente se cae en el ridículo o en la incredulidad del público. Sin embargo, este grupo de excelentes actrices sobrelleva con solvencia las exigencias, y logra dotar a la obra, densa y oscura por momentos, de una credibilidad notable.Me impresionó la mimetización con su Freyra de la larroquense Laura Lonardi; Rita Casella salva un personaje a un paso de lo absurdo, a puro talento; creo que en la piel de Aimé estuvo Verónica Vargas, quien puso su physique du rol al servicio de esta futura madre alejada de los estereotipos habituales; María Eugenia Muga vino desde Galarza para dar encarnadura a un personaje que principia como subalterno pero termina adueñándose del centro de la escena. Un pasaje a la medida del talento de NazarenoNazareno Molina cubre casi de taquito su rol de travesti, pero es en la escena donde muestra lo que hace en el teatrillo, donde se gana la vida, donde exhibe un talento y un dominio de la situación que orilla la brillantez. Nazareno dramaturgoMolina, como dramaturgo, apela en esta ocasión al recurso de que las actrices hablen a un supuesto (invisible) interlocutor, que viene a ser el público, o sea nosotros en el caso. Recurso válido, por cierto, y que salva la dificultad de relatar una trama compleja y (ya se dijo) oscura. Presumo que habrá mujeres que rechacen este drama tan directo, que en cierta manera desmistifica la maternidad; pero tiene tan arraigado ese drama en la vida real, que resulta imposible no aplaudirla fervorosamente.Y no se trata sólo de lo que llamaríamos un drama psicologista, sino que agrega el ingrediente del misterio, finalmente resuelto, sobre el sentido de la rosa china y su significado terrible final. Nazareno actorYa e ha dicho que el actor que interpreta a la travesti es impecable, y que alcanza picos de grandeza en determinada escena. Nazareno directorResta analizar al Nazareno Molina director, que se muestra como un diestro maestro actoral, con dominio de la escena, de la entrada y salida en ella de cada personaje, y una marcación actoral notable, que impide tanto la afectación como la sobreactuación, a que llevaría naturalmente las situaciones y los diálogos de la obra. Detalles importantesRecursos valiosos en la iluminación y la música no hacen sino agregarse a la inteligente escenografía escogida.Quizá habría que cuidarse del detalle de que el volumen del subrayado musical (muy apropiado por cierto) no tape las voces de las artistas, como ocurre algunas veces. En resumenTodo resulta, en suma, en la ratificación del talento del múltiple artista que es Nazareno Molina, quien evidencia no haber desperdiciado aprender con maestros tan valiosos, y que sabe explorar su propio mundo y el de sus vecinos, para mostrar al espectador lo mejor y lo peor de cada uno.No resulta menor el hecho de ratificarse que no importa dónde se vida, para poder pintar a la humanidad. Ya alguien mucho más inteligente que uno dijo, hace tiempo, que al retratar su aldea un artista retrata el mundo. Y así es.
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