Mientras el culebrón de Redrado se extinguía y la Presidenta meditaba su reemplazo, otra historia se cocinaba a fuego lento, dejando al descubierto el doble discurso o, cuanto menos, la hipocresía que rodea a los que ejercen poder en la Argentina: Néstor y sus 2 millones de dólares. Jorge BarroetaveñaEl Día de Gualeguay El enfrentamiento entre el Grupo Clarín y el gobierno nacional cansó a la sociedad argentina. Las diatribas presidenciales y del consorte contra el multimedios y las réplicas furibundas desde sus páginas, han hastiado y puesto al límite de la paciencia a los ciudadanos.Nadie puede negar el poder que tienen los medios de comunicación y en especial el Grupo Clarín, que maneja muchos en la Argentina. Nadie puede negar la inquina que, a partir del enfrentamiento con el kirchnerismo, desnuda las páginas del matutino, en general repletas de críticas y denuncias contra el oficialismo. Pero tampoco nadie podrá negar, la insistencia del matrimonio presidencial en satanizar a los medios y pensar que los periodistas son títeres de los grandes intereses corporativos. Esta visión oficial, compartida por lo bajo por buena parte de los dirigentes, ha puesto a la prensa argentina en la situación más incómoda desde el retorno a la democracia. Y eso que han pasado 'nenes' como Menem o Alfonsín por la Casa Rosada, pero nunca cultivaron el nivel de pelea que el kirchnerismo suele entregarle a los periodistas.Para los sureños, los periodistas también constituyen un grupo de poder al que, en la mayoría de los casos hay que combatir. Es la lógica amigo-enemigo que Néstor aplicó durante su primer mandato y Cristina extendió en el suyo. La denuncia de un par de medios, Clarín y Perfil, sobre la adquisición de 2 millones de dólares por parte de Néstor Kirchner en lo peor de la crisis financiera del 2.008, en un país serio, hubiera provocado una crisis política. No institucional pero sí política. ¿Qué significa? Ningún gobierno de una democracia moderna hubiera soportado esa denuncia pública, aún aceptando que la compra fue hecha legalmente. Cuando la Presidenta vociferaba contra 'los piquetes de la abundancia', invitándolos a dedicarse sólo a producir, su marido optaba por los negocios inmobiliarios, comprando un hotel en El Calafate. Para tal fin, según se explicó, compró los 2 millones de dólares. Cual millonario experto, Kirchner hizo una gran negocio, sin tener en cuenta la diferencia a favor por la cotización del dólar. Igual, fue la explicación más coherente. Luis D' Elía, antiguo piquetero hoy devenido en defensor oficial, alertó que Kirchner recibió la fortuna de su abuelo que era 'usurero'. La verdad, con defensores así más vale seguir sólo.Igual, la riña entre el matrimonio presidencial y los medios, ocultó la gravedad de los actos del ex presidente. Es cierto, pudo ser legal la compra, pero no fue ética. Kirchner además, si bien no es funcionario, sí posee información privilegiada que el resto de los mortales ignora. Sólo eso, hubiera bastado para provocar un cimbronazo fuerte. Ni la oposición, ni la justicia se lo hicieron pagar. ¿Lo hará alguna vez la opinión pública?El final de los días de Redrado en el Central era cantado, aunque no el final decoroso para la Casa Rosada. Después de dar marcha atrás con el proceso, sin renunciar al uso de las reservas, la Presidenta pudo enderezar el barco y obtener un empate decoroso a última hora. ¿Porqué?Es que la oposición, después de la renuncia de Redrado, quedó en un brete. Prat Gay debió soportar una retahíla de reclamos de su jefa Elisa Carrió, y 5 horas de debate de por medio, debió cambiar su voto por un rechazo a la remoción del economista. Prat Gay fue titular de la misma entidad en el gobierno de Duhalde y durante el de Kirchner. Y tenía cosas gruesas para objetar en el manejo de la política cambiaria y de las reservas. Pero la política pudo más y no tuvo alternativas.Tampoco se salvó de la zaranda el Vicepresidente Julio Cobos. El radical no pudo esta vez, asistir con eficiencia su doble juego. El partido, la sociedad y el gobierno son los dilemas que lo asaltan cada vez que tiene que tomar una decisión. El partido se enojó por su voto favorable a la destitución de Redrado y se lo reprocharon públicamente. La sociedad podría percibir su voto como una flaqueza, ante las presiones de la Rosada. Y el gobierno, por más que en esta ocasión les haya dado una mano, no dejará de acosarlo pidiéndole la renuncia. En ese cóctel, Cobos juega su carrera presidencial y su permanencia en la vicepresidencia. A medida que pase el tiempo, su situación se hará cada vez más insostenible. En algún momento tendrá que elegir. Deberá especular con que no sea demasiado tarde y que la sociedad no le pase facturas por ello.
***Las reservas son una cuestión de estado y el gobierno ya sabe que si no echa mano a ellas su futuro será complicado. Para eso embarcó a los gobernadores, a los que les prometió darles una mano para cubrir los cada vez más abultados déficits provinciales. Esta vez, la Corte no podrá hacerse la desentendida. El Procurador General de la Nación le pidió a la Cámara que eleve a la Corte Suprema su decisión de no tocar las reservas, para que sea el máximo tribunal el que tenga la última decisión. La cuestión también genera grietas en la oposición. Los socialistas anunciaron que si esa plata va a las provincias apoyarán su uso. Binner, desde Santa Fe se manifestó en contra del DNU, aunque aún mantiene una posición ambigua sobre la utilización del dinero. En esas filtraciones se sigue colando la iniciativa oficial. Lo de diciembre, con el recambio de las cámaras pareció un espejismo. Por ahora, Néstor y sus necesidades siguen llevando de las narices a los argentinos. La oposición: impotente.