Néstor Kirchner sigue vagando entre su ceguera política y la dolorosa realidad
Por Jorge Barroetaveña
Especial para El DíaEs que por primera vez en mucho tiempo, la oposición se ha dado cuenta que puede. Hizo falta claro un veredicto contundente de la sociedad que ha dejado en estado de somnolencia al kirchnerismo, casi sin márgenes para evitar lo obvio: los tiempos del poder absoluto se han ido definitivamente y acordar es una necesidad imperiosa.El viernes, justo a un año de la Resolución 125 y aquel voto histórico de Julio Cobos, la Mesa de Enlace volvió a demostrar el poder que acabó por cosechar en las urnas el 28 pasado. Sin excepción, todo el arco opositor se juntó en el Hotel Panamericano para acordar líneas de acción conjunta en el Congreso de la Nación. Lo que no pudo hasta ahora la interna peronista sí lo lograron Buzzi y compañía, porque ver juntos a De Narváez con Reutemann o al macrismo con Margarita Stolbizer parecía ciencia ficción hasta hace pocos meses. Práctico y fiel a su estilo, fue el vencedor de Néstor Kirchner en la Provincia de Buenos Aires el que atizó la reunión. "Ya marquemos una agenda parlamentaria para tratar lo antes posible en el Congreso. No esperemos hasta agosto", opinó De Narváez con la aceptación del resto. Es que en los próximos días se viene una fecha clave: el vencimiento de los superpoderes. Allí se verá hasta dónde podría resistir el oficialismo y cuántos fieles (hoy cada vez más escasos) le siguen respondiendo.De todas formas, el acelerador que la oposición quiere darle a algunos temas, tiene que ver con el temor que Néstor Kirchner salga de su aletargamiento y vuelva a hacer equivocar a su esposa. Que es lo que pasa en la interna del matrimonio presidencial es uno de los principales interrogantes que persiguen al mundo del poder en la Argentina. Aquella conferencia de prensa de Cristina dando vueltas para admitir la derrota parece infinitamente lejana en el tiempo. Hasta los cambios de gabinete, más un maquillaje que otra cosa, sonaron vacíos y no causaron expectativa alguna. Cuando el Ministro del Interior Florencio Randazzo intentó hablar sólo de la reforma política pretendiendo una reunión multitudinaria con los partidos, bastaron un par de declaraciones opositores para marcarle la cancha. Rápido de reflejos y temeroso de una negativa, Randazzo remendó su estrategia y anunció cambios: se hablan todos los temas y por separado. Algo parecido hicieron Eduardo Fellner y Agustín Rossi en el Parlamento de la Nación. Primero fue el anuncio a la prensa y luego en conjunto con los jefes de bloque, para dejar en claro que no habrá temas que no se traten. En un triste ejercicio de genuflexión, Fellner le dijo a los legisladores que la Presidenta le había autorizado a abrir el debate. Rossi, con la derrota dolorosa de Santa Fe a cuestas, ya no sabe cómo esconder su disconformismo con la Casa Rosada.
***El tembladeral sobre el que se asientan los pies del kirchnerismo, no perdona nada. Si los cambios de gabinete fueron puro maquillaje, la omnipresencia de Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio y las versiones de renuncia que sobrevolaron al flamante Ministro de Economía Amado Boudou fueron otra muestra de debilidad. El problema ya no es Moreno sino, como el mismo Jefe de Gabinete admitió, los que le dan las órdenes. Boudou, ya luce condicionado. Debajo de él no ha podido nombrar a nadie de su confianza y el fantasma de su antecesor en el cargo lo persigue como una sombra. Su padrino, Néstor Kirchner, le condiciona los nombramientos. Boudou habría cometido el pecado en intimidad, de anunciar cambios profundos que incluían a Moreno y al INDEC. Sus jactancias llegaron a oídos del matrimonio presidencial y la reprimenda no se hizo esperar. A mitad de semana, la Presidenta cenó con empresarios y sindicalistas y el Ministro de Economía brilló por su ausencia. Fue un gesto que lo dejó condicionado y obligado a cultivar el silencio en sus primeros días en el cargo. En rigor es poco lo que tiene para decir y mucho para aprender: sigue siendo Néstor el Ministro de Economía.Hasta dónde llegará la aventura de Kirchner por conservar el poder que se le escurre entre los dedos, sólo su mente lo sabe. En un viaje relámpago a Chubut, entrando por la puerta de atrás y encima usando uno de los aviones de la flota presidencial, el sureño hizo bramar a Mario Das Neves que lo trató, bellamente, de hipócrita. Es que la excursión de Kirchner por esa provincia dejó un saldo preocupante, más allá de la interna peronista: el ex presidente atribuyó a la 'vieja política' su derrota en la Provincia de Buenos Aires. El detalle es que se trata de la misma 'vieja política' a la que él apeló para desbancar a Duhalde e hizo subir al barco de la derrota con las candidaturas testimoniales. El y sólo él, abrazó su destino a los barones del Conurbano Bonaerense pretendiendo manejar el país desde allí. Esta ceguera política es un dato que no pasa inadvertido para nadie en el PJ, aunque los que tienen poder institucional aún le siguen temiendo. Kirchner mantiene intacto su manejo de partidas y planea juntarse con los gobernadores antes o después que se reúnan con Cristina esta semana. Por su afiebrada mente ya se elabora la forma de resistir lo que considera un nuevo embate destituyente de la Mesa de Enlace. Y para eso usará a sus alfiles Moreno, Echegaray y, en menor medida, Julio De Vido.La oposición sabe que puede ponerle límites al gobierno. Lo intuye débil y parece, por primera vez en mucho tiempo, dispuesta a ponerse los pantalones largos y acordar cuestiones fundamentales como los superpoderes, el INDEC, el Consejo de la Magistratura, las retenciones o la declaración de emergencia agropecuaria. La Presidenta vaga entre el poder decreciente de su marido y su propia debilidad para enfrentarlo. Kirchner sigue ganando por goleada con un correlato trágico: hipotecar el futuro inmediato de su propio gobierno.
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