Nivel de reservas y operaciones mediáticas
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En los últimos días, periodistas, economistas y figuras políticas, representantes del establishment argentino, nos han deleitado en los distintos medios con sus alarmantes proyecciones acerca de la evolución negativa que "seguramente" va a experimentar el monto de reservas internacionales del Banco Central. Por Luciana Sosa* Paradójicamente, los principales motivos generadores de esta "deplorable" situación financiera, representan una proporción mínima de la real disminución que ha tenido el nivel de reservas, y que se explica en mayor medida por la política de desendeudamiento que ha estado llevando adelante el Gobierno Nacional.En lo que va del año, el stock de reservas se ha visto disminuido en seis mil millones de dólares. Este retroceso ha tenido su origen en distintos fenómenos, entre ellos, la caída del precio del oro, ya que parte de las reservas están representadas por este commodity. Otro factor fue el retiro de depósitos en los bancos donde se mantenía ahorro en dólares, junto al gasto de turismo en el exterior, operaciones especulativas de retiro de divisa en cajeros automáticos de otros países y también una menor liquidación de exportaciones (en donde la actitud especulativa de productores sojeros de acopiar la cosecha a la espera de un mejor precio sin dudas también ha impactado), asociado con una mayor demanda de importaciones.De todas maneras, a pesar de que cada una de estas cuestiones contribuyen a la merma del monto de las reservas, la causa principal de la disminución tiene que ver con los distintos compromisos de deuda que el gobierno nacional viene afrontando a lo largo de toda su gestión. Esta decisión política significó 4971 millones de dólares en lo que va del año, mientras que por conceptos ya mencionados se alcanzaron los 1100 millones de los 6600 aludidos al principio.La estrategia de desendeudamiento con organismos multilaterales y con el sector privado, ya lleva desembolsados unos 30 mil millones de dólares. El principal logro de la decisión de hacer frente a los pasivos del país con las reservas del Banco Central, tiene que ver con el recupero del margen de maniobra que había perdido el Estado argentino en materia de políticas macroeconómicas antes de 2003, evitando de esta manera la dependencia de fórmulas y recetas mágicas impuestas por acreedores internacionales, que ya sabemos por experiencia propia que nada tienen que ver con la promoción del bienestar social. Por el contrario, condicionan a los países tomadores de deuda a implementar una política de austeridad económica, con el fin de asegurarse el cobro del capital e intereses asociados a sus préstamos.Paradójicamente, pese a los mejores índices de solvencia financiera que se han obtenido en el último período, el mundo de las finanzas parece estar haciéndole pagar al Estado argentino el hecho de haber alcanzado autonomía en términos de decisiones económicas, bloqueándole el acceso al crédito que en un contexto de crisis internacional global, se encuentra favorable por sus tasas muy bajas. Las operaciones que en ese sentido realizan las calificadores de riesgo resultan tan obscenas que su legitimidad ha sido hasta cuestionada por el propio EE.UU., donde el caso de Standard & Poors es, quizás, el más emblemático.Ante este panorama, el grupo de funcionarios públicos que lleva adelante las políticas económicas y financieras del país, ha implementado una batería de medidas y programas con el fin de lograr un sostenido autofinanciamiento, a fin de mantener los niveles de empleo y de crecimiento de la actividad.Entre ellas podemos mencionar las modificaciones que ha tenido la Carta Orgánica del Banco Central, las cuales brindan a actividades productivas las capacidades de intervenir directamente en la definición de condiciones de créditos generales, como ser los plazos, los tasas de interés y otros cargos, para ser destinados al financiamiento de ramas productivas relevantes para la economía nacional. De la misma manera, los Préstamos Productivos del Bicentenario o la inclusión del inciso K al Reglamento General de la Actividad Aseguradora, que establece que las compañías aseguradoras deben redireccionar un porcentaje de sus inversiones a instrumentos para financiar proyectos productivos y de infraestructura. Los últimos dos instrumentos financieros lanzados por el Ministerio de Economía, el BAADE y el CEDIN, se orientan también en ese sentido, tratando de es dinamizar el sector energético e inmobiliario, ejes centrales de la economía argentina, entre otros.Durante las dos primeras semanas de julio, contrariamente con lo que muchos vienen vaticinando, la cantidad de reservas del Banco Central ha experimentado un vuelco positivo, incorporando al stock 415 millones de dólares. No se presentan grandes compromisos en los próximos meses, por lo que el Banco Central estima una recomposición en materia de divisas. Otra vez, analizando la economía argentina, se contrapone el dato real con los augurios o proyecciones de figuras que forman parte del establishment económico, respondiendo a sectores de poder que se beneficiarían por un brusco ajuste en las variables macroeconómicas del país, procurando sembrar incertidumbre en la opinión pública en un año electoral. *Economista intergrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)
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