No decaer
En el mundo de hoy, los más fieles representantes de los disvalores sociales y su utilización para fines que van en contra de la misma esencia humana, son numerosos y caracterizados.Los países del primer mundo representados por gobiernos solapadamente autoritarios y dominantes, dueños de una doble moral que desarrollan políticas impuestas de "hechos consumados", avanzan en el resto del mundo.También las grandes e insensibles corporaciones financieras internacionales lo son. Y éstas no son expresiones que se desprendan de un mero e insustancial cassette ideológico, también teñido de intereses particularísimos como muchas veces ocurre.Nos ha tocado la desgracia a nosotros, de comprobar en esta región puntual del planeta en la que vivimos, sentir cómo se sufre en carne propia la articulación y puesta en ejercicio, de nefastas acciones en desmedro de los pueblos sanos, hasta ahora mucho menos contaminados.Quienes se pasean por el marketing del mundo, publicitando ser naciones casi impolutas como Finlandia, demuestran su egoísta interés haciendo gala de una doble moral que les da resultados precarios, y también beneficios rentísticos provisorios por unos pocos años.Por cierto que el alto costo del declive en la calidad de vida, lo pagamos estos pueblos que hasta hoy tienen una relación amigable relativamente, con la naturaleza que los rodea.La conducta irresponsable llevada adelante por ellos -los países altamente desarrollados- hasta ahora, es el principal fundamento del calentamiento del planeta, por ejemplo, con sus dañinas consecuencias actuales, y las peores aún, en el futuro inmediato.Estos supremos hacedores del desastre al que vamos viajando sin un retorno a la vista, desprecian la falta de licencia social unánime de la gente, como ocurre en Gualeguaychú por ejemplo, y avanzan y avanzan haciendo efectiva su política de "hechos consumados".Seguramente que en un escenario similar de contrariedad manifiesta de su propia gente, Finlandia o el país de ese primer mundo que tuviese que sufrir la instalación de mega emprendimientos contaminantes, de la envergadura voluminosa de Botnia en Uruguay no se atreverían, ni de hecho se atreven, a esbozarlos siquiera como intento de proyecto.Doble moral. Lo que es malo e inaceptable para ellos, no importa que se aplique y ejecuten, porque los que sufren son los demás.Más allá de algunas diferencias de carácter metodológico, quienes hemos tomado (todos aquí en Gualeguaychú) conciencia del riesgo terminal que sufrimos, con nuestros medios y calidad de vida actuales, apoyamos plenamente las decisiones de mantener viva la queja ciudadana de la comunidad movilizada.Con dolor vemos que muchos argentinos todavía no toman la debida conciencia de este grave problema ambiental.Como muchas veces lo afirmamos y así siempre ocurrió, sin perder de vista la prudencia en la dirección y formalización que debe existir en los hechos ante circunstancias delicadas como las actuales, tiene que persistir.Lo que está ocurriendo hoy, es una agresión de la empresa y los grandes capitales, y una despreocupación por parte de grupos de intereses, que no bregan por encontrar una solución de fondo al problema.Debemos custodiar y hacer valer la convicción, sobre el actual y el potencial perjuicio, aún mayor en el futuro, a toda esta comunidad a la que pertenecemos.
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