No dejemos de hablar de nuestro problema más grave: la educación
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Según los principales sondeos de opinión, la educación sigue sin figurar entre las prioridades de los argentinos. En cierto modo es un fenómeno comprensible, en tiempos donde otros temas como la inflación y la inseguridad se presentan como más urgentes en la inmediatez del día a día. Patricio Giusto* En otras palabras, no tener lo suficiente para comer o vivir permanente con miedo de salir a la calle son preocupaciones que naturalmente se imponen sobre cualquier otra cosa.No obstante, estas cuestiones coyunturales siguen relegando en la consideración de políticos, medios y opinión pública a la problemática más grave para el futuro del país: la profunda crisis del sistema educativo.La Fundación Educar 2050 acaba de difundir un análisis alarmante en ese sentido: Argentina está entre los diez países que tienen más alumnos con bajo rendimiento escolar en matemáticas, lectura y ciencia, según el informe que presentó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre 64 naciones basado en las últimas pruebas PISA.Argentina registró un 66.5% en matemáticas, un 53.6% en lectura y 50.9% en ciencias, lo que la llevó a estar entre los 10 países con más bajo nivel de rendimiento escolar, sacando una leve ventaja sobre Brasil, Colombia y Perú. Esto implica que los mejores alumnos argentinos son bastante peores que los peores alumnos de China, el país con mejor desempeño.Hay múltiples causas de esta decadencia, no sólo propias del sistema educativo, sino también del contexto socioeconómico. El gobierno kirchnerista ha exhibido como aparentes logros de la última década el aumento del presupuesto educativo y de la matrícula escolar. Lo hizo con un enfoque predominantemente inclusivo, pero que poco se ha preocupado de lo que pasa adentro del aula en términos de calidad de la enseñanza y los aprendizajes.Lo cierto es que los chicos aprenden cada vez menos, entre otras cosas porque los maestros enseñan cada vez peor y faltan más. Además, resulta cada vez más difícil motivar a los alumnos con la lectura y el estudio, debido a que la educación ha dejado de ser un valor en sí mismo para vastos sectores sociales. Esto se traduce en altos índices de deserción, sobre todo en el nivel secundario. Y de los chicos que logran terminar el secundario, aproximadamente el 50% no comprende textos, quedando condenados de antemano al fracaso universitario.En favor de los docentes puede hablarse de las malas condiciones de infraestructura en muchas escuelas del país y los relativamente bajos salarios en algunas jurisdicciones. Sin embargo, esas cuestiones no sirven como atenuante para justificar el fenomenal "fraude educativo" que se está produciendo, como lo suele llamar acertadamente el flamante ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich.Por su parte, la poderosa corporación sindical docente ha plantado bandera contra la evaluación de los maestros, herramienta clave para poder revertir la crisis de la enseñanza y la arraigada cultura del ausentismo. A esta corporación, plagada de dirigentes políticos de mediocre trayectoria como docentes, tampoco pareciera interesarle demasiado promover la formación permanente de sus afiliados, algo que perciben más como un castigo que como incentivo al desarrollo profesional y una educación de calidad.Ante este enorme desafío que plantea la crisis educativa para la Argentina, no dejemos entonces de hablar educación. Porque sólo el peor de los futuros puede esperarle a un país con la peor educación. *Politólogo (UCA) y Mg. en Políticas Públicas (FLACSO)
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