No digas que nadie te avisó
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Quien alguna vez ofició de hijo sabe que si existe alguna sentencia mortificante en boca de nuestros padres fue, es, y será, el insoportable "yo te avisé", inevitable frente a cualquier catástrofe cotidiana previsible cometida por nosotros, para ratificar por enésima vez esa otra que pontifica "el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra".Sin embargo es asombroso que, finalmente adultos, no solo no hayamos aprendido la lección, sino que subiendo la apuesta, consideremos la contingencia previsible en cuestión como absolutamente inesperada, impensada y de improbable o imposible ocurrencia.La catástrofe de La Plata de estos días es un mas que dramático ejemplo de esta verificación.Los responsables de administrar la cosa pública actúan en estas circunstancias con una mayor irresponsabilidad aún, si esto es posible, que los niños lapidados con el "yo te dije", porque estos últimos sorprendidos en la flagrancia de su acción, generalmente aceptan abochornados las consecuencias de su imprevisión, asumiendo el escarnio, mientras que los primeros proclaman a los cuatro vientos que la culpa fue del "otro".El otro puede ser, como en este caso, cualquiera, desde el opositor político, pasando por algún responsable de las áreas siniestradas y también y solo a modo de ejemplo las mismas víctimas, condenadas ex post por una supuesta imprevisión.Sin embargo, nada de lo ocurrido en La Plata es sorprendente, ni imprevisible ni mucho menos irrepetible.Por el contrario es absolutamente lógico y previsible que haya ocurrido y más aún, no solo volverá a ocurrir en esa ciudad sino que también nos tendremos que habituar a que ocurra periódicamente especialmente en nuestras ciudades ribereñas, entre las que destaca Gualeguaychú.Y decimos especialmente porque en 1978 nuestra ciudad sufrió la inundación más grande de todas, con más de 10 mil personas evacuadas y 300 manzanas bajo agua, la circunstancias que la provocó fue calcada prácticamente de la catástrofe de La Plata: porque lo que ocurrió fue que en las nacientes del río, a un centenar de kilómetros de la ciudad, llovieron durante los días previos, unos aproximados 400 Mm., que avanzaron en alud por su cauce arrasando la ciudad, la costa del río entonces, en apenas horas, paso a ser el Colegio Nacional, alcanzando su nivel 7,28 metros de altura, con el agravante que fue, según recuerdan los memoriosos, "una creciente violentísima donde el agua subió un metro en una hora".Si hubiera ocurrido lo que en la recientemente siniestrada ciudad bonaerense, 400 Mm. en dos horas, las consecuencias hubieran quizás sido aún peores, mediando circunstancias corrientes como vientos del sudeste y/ó mas lluvia en la cuenca superior.Quienes venimos preocupados desde hace tiempo por las catastróficas consecuencias que tiene y tendrá el previsible fenómeno conocido como cambio climático, consecuencia del calentamiento global sentimos la tentación de decir (con el mismo irritante tono de suficiencia de nuestros padres)..."yo te lo dije", aunque amigo lector, quédese tranquilo que no le vamos a decir nada para no importunarlo.Sin embargo lo que ocurrió en La Plata inexorablemente ocurrirá aquí en el futuro mediato como consecuencia de la suprema insensatez con que nos estamos manejando los humanos en los últimos tiempos.Consumo insostenibleY ya no serán las "típicas y periódicas crecientes de nuestro río", como casi románticamente las mencionan algunos, serán contingencias que hasta ahora no han sido vistas, ni siquiera imaginadas por la mayoría.Un consumo desenfrenado e insostenible de todos los elementos que permiten la vida y una emisión sin precedente de gases de efecto invernadero que provocan alteraciones climáticas que hacen habituales fenómenos meteorológicos que apenas unas décadas atrás eran extraordinarios o a lo sumo se anunciaban como probables para dentro un par de siglos.Amigos, el futuro no solo llegó adelantándose décadas en el tiempo, sino que vino para quedarse, pero no el idílico futuro de la civilización del confort infinito que prometían las visiones de ingenuos escritores de ciencia ficción, sino este, un futuro de desastres naturales a repetición, de lucha por el control de los escasos recursos naturales que van quedando.El futuro es la próxima creciente del río Gualeguaychú, por ejemplo, cuando lluevan en la cuenca, solo por decir una cifra, 600 Mm. en dos horas y no 400 en dos días, como en el desastre de 1978 y los evacuados sean muchos mas que los 10.000 de aquel entonces y las manzanas bajo agua muchas mas que aquellas 300.Y cuando finalmente ocurra no digan:..."Nadie nos avisó".
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